Jorge Abbondanza
En 1955 vino a Montevideo un equipo cinematográfico inglés para filmar escenas de una producción del género bélico que se estrenó al año siguiente bajo el título de La batalla del Río de la Plata. En colores y con cierto despliegue, la película recreaba el famoso duelo naval de diciembre de 1939 entre el acorazado alemán Admiral Graf von Spee y los buques británicos Ajax, Achilles y Exeter, que se produjo cerca de Punta del Este. Los sobrevivientes uruguayos de mayor edad podrán recordar todavía hoy el episodio y sobre todo la voladura del Graf Spee a poca distancia del puerto montevideano, que provocó un estruendo capaz de movilizar a toda la ciudad hacia una zona costera desde la cual podía observarse la enorme humareda del barco que se hundía. El espectador de la película pudo contemplar en 1956 otras cosas, como una vista panorámica de Montevideo que parecía la de un poblado africano y las famosas imágenes de Pocitos, con un gaucho de botas y bombachas recostado en primer plano contra la baranda de hierro que bordeaba la rambla y hasta un inefable pabellón de caña totora especialmente levantado para el rodaje, que agregaba color local a las fachadas de los apartamentos.
El público cinematográfico anglosajón pide cierto exotismo para las estampas de este otro hemisferio, y allí lo obtuvo mientras seguía el curso de esa guerra marítima donde actuaba un elenco de ingleses que entonces tenían fama (John Gregson, Anthony Quayle) y otros que en el futuro tendrían más cartel (Peter Finch, Ian Hunter, Christopher Lee). Casi medio siglo después de aquel film dirigido por Michael Powell y Emeric Pressburger, se anuncia el proyecto del uruguayo Héctor Bado, especialista en reflotar naves hundidas, que en 1997 ya trajo a la superficie un cañón del Graf Spee: la idea consiste ahora en intentar el rescate del acorazado para luego preservar y restaurar en tierra esa reliquia de 185 metros de largo y 12.000 toneladas de peso.
Por lo pronto se sabe que el casco del acorazado está partido en dos sobre el lecho marino, lo cual complicará el operativo, pero también se sabe que el buque es legalmente uruguayo, ya que un año después de la batalla esos restos fueron vendidos por Alemania a un compatriota, según documentos que hasta llevan la firma del ministro alemán de aquella época en que aquí no había Embajadas sino Legaciones. Las aventuras de buscar barcos famosos en el fondo del mar han adquirido popularidad desde la reaparición del Titanic, y según informan los que bucearán ahora en el Río de la Plata, el plan comenzará el 29 de enero sacando del agua un telémetro, instrumento con el que se apuntaba al enemigo desde las baterías del Graf Spee. Después, con respaldo de empresas auspiciantes a escala internacional, vendrá lo más grande. Desde el más allá, Powell y Pressburger podrán lamentar haberse perdido esta otra epopeya.