Mañana a las 19 horas se inaugura en el Museo de Arte Contemporáneo de El País (Avda. 18 de Julio 965, piso 2) una exposición de dibujos de Domingo Ferreira.
Espínola Gómez sostenía que el dibujo no existe como género independiente, sino que se trata simplemente de una de las modalidades de la pintura. Ese razonamiento permitiría ubicar al dibujo dentro de la poderosa presencia que ha tenido la pintura en el arte uruguayo de los últimos cien años.
A esa corriente ha aportado una soberana hilera de personalidades, desde Blanes, Barradas o Aguerre, pasando por la generación en que se inscribe el nombre de Mingo Ferreira (y en la que figuran entre otros Marta Restuccia, Jorge Satut o Eduardo Fornassari) hasta una oleada posterior donde aparecen Inés Olmedo, Óscar Larroca, Pilar González, Horacio Guerriero, Fermín Hontou, Rodolfo Arotxarena, Álvaro Amengual, Nelson Romero o Ricardo Lanzarini. El dibujo nunca ha perdido su rango de primera fila en la evolución local de los lenguajes visuales.
Hay dibujantes intuitivos que pueden ser admirables y sin embargo no tienen conciencia de la significación de su trabajo. Pero también hay dibujantes reflexivos que son capaces de examinar su obra, reconocer sus alcances expresivos y hasta medir la distancia que existe entre el esfuerzo de la realización y el valor del resultado. Ese renglón es el de los que pueden mirar igualmente hacia afuera o hacia adentro, como si estuvieran en las dos caras del espejo y fueran doblemente dueños de lo que hacen.
En ese filo se ubica Mingo Ferreira y por eso sus dibujos levantan vuelo con tanta facilidad desde sus fundamentos reales (la tinta sobre el papel que los soporta, las figuras humanas que los pueblan) hasta llegar al interior profundo de las cosas con la aparente facilidad de quien da vuelta un guante. Ese acto es posible porque las obras de Mingo tienen el privilegio de la transparencia, una cualidad que permite al ojo atravesarlas como si se tratara de una membrana porosa, detrás de la cual se abre la pantalla de las ideas.
Así el artista entrega no sólo la constancia de su sensibilidad, sino además un juego con los contenidos de la imagen, que es un ejercicio inseparable de la función para la cual fueron creados estos trabajos: la de ilustrar textos ajenos. La exposición que se abre el martes reúne parte de los que Mingo entregó a lo largo de años para ser publicados en el suplemento cultural de El País, que en materia gráfica supo enriquecerse con el aporte de unos cuantos talentos.
trayectoria. Nacido en 1940, Ferreira ha integrado una notable generación de dibujantes cuyo denominador común fue el margen de compromiso con la azarosa realidad que debieron enfrentar en su etapa de maduración, más allá del virtuosismo que caracterizó su producción. Posiblemente haya sido ese dominio de los medios empleados el que determinó su apego por la línea como instrumento de lenguaje, que en el caso de Mingo asume una gracia y una levedad muy singulares para lograr que ondule o se arremoline con trazos sueltos que parecen emplumar a un personaje, espirales que envuelven a otro o zonas rayadas que ensombrecen una silueta, acompañando con ello el espíritu del dibujo y remitiendo a la naturaleza de los temas que ilustra.
En esta selección, Mingo echa mano a una gran variedad de herramientas (tinta, lápiz, acuarela, pastel, collage, monocopia, xilografía) aunque la línea mantiene a través de todas ellas una presencia dominante. En eso el expositor surge ahora como uno de los maestros locales y uno de los dinamizadores de la marejada posterior de artífices del dibujo, que heredan aquel empuje y en casi todos los casos se han desempeñado asimismo como ilustradores.
Se necesita tener la calidad de la obra de Mingo para que el servicio de apoyo visual que cumple una ilustración, adquiera un valor independiente y sea capaz de mantener su seducción al alejarse del texto que la motivó. Entonces, más allá del enriquecimiento que le aportó al material escrito, puede elevarse por encima de esa condición referencial y conquistar la victoriosa autonomía que podrá apreciarse en el MAC.