Nueva novela de Gustavo Lanzaro

Se presentará mañana en la Alianza Francesa

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El caso del escritor uruguayo Gustavo Lanzaro (Montevideo, 1949) es particular dentro de las letras nacionales, entre otras cosas porque es un narrador que escribe en español pero vive en París, en un entorno que no lo puede leer. No obstante, su novela El cantor de serenatas sin alma (editada por Sirpus, y distribuida por Losa Libros) ha tenido en Uruguay muy buena recepción, habiendo merecido el Premio Anual de Literatura, en el difícil terreno de la narrativa, otorgado por el MEC a una obra inédita en 2007.

Ahora el texto ha salido a la luz, y para difundirlo, mañana será presentado en la Alianza Francesa (Br. Artigas 1229), donde a las 19 horas hablarán sobre él la profesora y periodista Lil Bettina Chouhy y el prestigioso novelista Enrique Estrázulas.

Lanzaro transitó por sus primeras experiencias literarias muy joven, mientras realizaba diferentes oficios, obteniendo una mención en el concurso de poesía de la Feria Nacional del Libro de 1973. Un par de años después marchó a Francia, donde se descubrió como un joven solitario caminando por las calles de París.

Curiosamente, el protagonista de la premiada novela, Irineo Salbo, es también un joven uruguayo que vive una serie de aventuras en la Ciudad Luz, aunque el autor advierte que la semejanza entre él y su criatura literaria es muy superficial.

Es que Irineo no es un modelo de escritor, sino todo lo contrario. De hecho, su viaje a París es producto de un concurso literario que ganó con una novela plagiada. Luego, en la capital de Francia, el personaje incumple los términos del concurso, hasta que sus penurias económicas lo llevan a trabajar de conejillo de indias en un experimento.

El amigo imaginario que Irineo se inventa no es más que uno de los primeros delirios de un juego de imaginación que se abre ante el lector. Una familia de artistas, vecina del joven uruguayo, enriquece la trama de la novela, aportando todo tipo de ambientes, desde el manicomio hasta la academia de ballet, desembocando en la búsqueda de unos diamantes, un título de propiedad de la Luna y otros aditamentos. Por esta vía, el escritor compone una novela de aventuras urbanas, con pinceladas de magia y fantasía que la vuelcan hacia el surrealismo.

"Para mí el premio fue como una palmadita en el hombro, un gran aliento que me dio a entender que no estaba solo en esto", comentó a El País Lanzaro, quien desarrolla lentamente, con largos tramos de inactividad, una carrera literaria, que tiene otro de sus hitos en El visitante, publicada por Arca.

El autor, que también se desempeñó como periodista -en medios extranjeros y también en el Semanario Jaque- cursó estudios universitarios en Francia, centrándose en literatura, civilización hispánica y filosofía, con especial énfasis en el tema del fin de las ideologías. Esos estudios se reflejan también en esta novela, donde se rescata la creatividad de cada uno de los personajes como modo de afirmarse en un mundo en el que las convicciones parecen cada vez más escasas.

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