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"Purple Rain": la historia de la obra cumbre de Prince que cumple 40 años y se reedita en vinilo con El País

Este martes se publica la nueva entrega de la colección de vinilos "Clásicos del rock", de El País. Hoy le llega el turno a la banda sonora de la película que ganó un Oscar, dejó hits y vendió millones.

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Prince, en el videoclip de "Purple Rain".
Foto: Captura de YouTube @prince.

Con 1999, Prince había consagrado su estatus de estrella enigmática, hipersexual y extravagante que venía construyendo desde Dirty Mind, aquel disco de 1980 cuya portada mostraba al cantante en ropa interior. Fue con ese trabajo, autoproducido y en el que se encargó de casi todos los instrumentos, que Prince se ganó a la crítica especializada. Sin embargo, todavía le faltaba llegar al gran público y fue 1999 —un trabajo futurista que salió en 1982— la pieza clave en su camino: incluyó los hits “Little Red Corvette” y “Delirious”, que se ganaron un lugar en el Top 10 de las listas de éxitos estadounidenses.

Era toda una conquista para aquel veinteañero de Minneapolis, quien según le había dicho a la revista Pop Music vivía “metido en la música” y sentía que el resto de las cosas eran prescindibles. Pero el éxito de 1999 no alcanzaba: Prince quería más. Por eso, para su siguiente proyecto se propuso crear una de las obras más influyentes de la década. Y le salió bastante bien.

Purple Rain, de 1984, se convirtió en uno de los hitos musicales de los ochenta y amenazó con quitarle el liderazgo mundial a Michael Jackson, quien venía de publicar el histórico Thriller y acababa de embarcarse en la aventura de Victory, el último disco que grabó junto a sus hermanos. Es que desde el arranque, con la salvaje y contagiosa “Let’s Go Crazy”, Prince invitaba a entrar en “un mundo de felicidad interminable” que se musicalizaba con canciones que sonaban a revolución.

Y, justamente, ese fue el lema con el que Prince embanderó la mayor parte de su obra. Para dejarlo claro, Purple Rain fue, además, el primer disco que firmó junto al grupo The Revolution. El nombre no solo tenía una carga simbólica: así se llamaba la banda que acompañaba al músico en la película que dio origen al disco. Porque, aunque el tiempo lo haya difuminado, Purple Rain nació como una película. Es un caso similar al de Give My Regards to Broad Street, de Paul McCartney, que también se estrenó en 1984: la música le ganó a la imagen.

En la película —que en Uruguay solo se la puede ver si se la alquila en Google Play—, Prince interpreta a The Kid, el atormentado hijo de un matrimonio entre un pianista negro y una cantante blanca en el que la violencia es moneda corriente. El guion guarda unas cuantas similitudes con su vida real y coincide con la actitud que definió la carrera del artista que falleció en 2016: la música es ese refugio al que hacía referencia en “Let’s Go Crazy”. Y en Purple Rain, el chico de Minneapolis se acompañaba de The Revolution para su cruzada musical.

Ese límite borroso entre realidad y ficción —en la película, el quinteto que lo acompañaba hacía de sí mismo— es una extensión de eso que definió a Prince durante toda su obra. Pocos sabían qué tanto había de personaje en su vida pública.

De cualquier manera, Purple Rain estaba pensado como un disco que podía funcionar independientemente de la película. Así se lo ve hoy y así ocurrió en 1984 porque la banda sonora llegó a disquerías un mes antes que el filme. Es más, cuando el drama musical se estrenó en cines estadounidenses “When Doves Cry” ya llevaba dos semanas en el puesto número uno de Billboard.

La canción —construida sobre una batería programada, loops de sonidos guturales y un solo de guitarra memorable— es la que mejor se ajusta al guion. “Quizás soy demasiado exigente”, se lamenta, arropado por un clima sumamente bailable que disimula la confesión. “Quizás soy como mi padre, demasiado atrevido / Quizás sos como mi madre, ella nunca está satisfecha / ¿Por qué nos gritamos de esta manera? / Así suena cuando lloran las palomas".

Desde hoy, el álbum se podrá volver a escuchar en vinilo de la mano de Clásicos del rock, la colección que El País lanzó en febrero y lleva ocho volúmenes editados. Cuesta 900 pesos, se consigue en kioskos y en la web de Coleccionables del diario, y se acompaña de un fascículo con fotos y la historia del álbum.

Allí se cuenta, por ejemplo, la historia de “Darling Nikki”, una canción inspirada en el clima sexual de Dirty Mind. La letra generó un escándalo luego de que Tipper Gore, la esposa del futuro vicepresidente Al Gore, encontrara a su hija de 11 años escuchando cómo el cantante describía escenas explícitas de sadomasoquismo. La mujer se alarmó tanto que creó un comité parental con el objeto de advertir sobre contenidos considerados no aptos para menores. Fue gracias a Prince que años después las etiquetas blancas y negras con la leyenda “Parental Advisory - Explicit Content” empezaron a aparecer en las tapas de los discos.

Más allá de las controversias, el álbum cierra con “Purple Rain”, su canción emblema. Originalmente compuesta para Stevie Nicks, a quien se la presentó con un demo de diez minutos con aires country, tomó forma cuando la excantante de Fleetwood Mac la rechazó. “Quiero probar algo antes de que nos vayamos a casa”, le dijo Prince a Linda Coleman, la pianista de The Revolution, al final de un ensayo de 1983. “Es un tema un poco meloso”. La improvisación grupal duró seis horas. Al terminar, el tema estaba prácticamente listo. Luego se grabó en vivo.

“Cuando hay sangre en el cielo... rojo + azul = púrpura”, dijo Prince años después para explicar su concepto. “La lluvia púrpura refiere al fin del mundo y estar con la persona que amás, dejando que tu fe/Dios te guíen”. El tema fue el otro gran hit del disco, y permitió que Prince ganara el Oscar a mejor banda sonora.

El disco, además, vendió 25 millones de copias y se convirtió en la obra cumbre de ese artista tan misterioso y tan magnético. Es un clásico.

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