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Giró con Lucas Sugo, defendió a Uruguay en el exterior y ahora presenta un disco que rescata su ancestralidad

Andy Falcone llevará "Grimorio", un disco y experiencia multidisciplinaria que incluye música, baile y artes visuales a la Sala Zavala Muniz este viernes a las 20.30. Quedan entradas en Tickantel.

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Andy Falcone en la Sala Zitarrosa.
Andy Falcone en la Sala Zitarrosa.
Foto: Kevin Miranda

"Cuando llegué a Montevideo fue superdifícil sentirme parte, y la música me ayudó un montón a identificar problemas, a entender mi identidad y como hacer redes”, dice Andy Falcone a El País. La cantante y artista, natural de Artigas, presentará Grimorio, su primer disco de estudio, el viernes en la Zavala Muniz. La cita es a las 20.30 y las entradas están a la venta en Tickantel a $500.

Para esta fecha, propone un espectáculo multidisciplinario desde la música, el baile, las artes plásticas y visuales. Será la última etapa de un trabajo que desarrolló en tres fases: la primera se dio el 9 de febrero, cuando realizó una escucha colectiva del disco en la azotea del Centro Cultural de España y la segunda el 28 de junio, cuando lo presentó oficialmente en la Sala Zitarrosa. Así, lo que pasará el viernes es, cuenta, el cierre de un proceso de varios años de búsqueda e investigación que le dio el impulso para profesionalizarse en la música junto a la certeza de que expandir su arte es lo que verdaderamente desea.

Andy tenía 16 años cuando se mudó con su familia a Montevideo. Decisión que hoy entiende haber sido la más sabia, pero que en aquel momento, siendo adolescente y pasando por un proceso de investigación de su identidad, para lo cual el sostén de cada vínculo era fundamental, implicó un proceso difícil de adaptación.

“Estaba recién entendiendo la fortaleza que me tenía que construir al ser una identidad disidente dentro de la comunidad LGBTQNB+. En el interior es mucho más hostil y cuando me mudé tuve que hacer un cambio rotundo de dejar esas redes que me estaban acompañando y construir unas nuevas acá. El primer año fue muy difícil”, cuenta.

En este proceso de rearmar redes y descubrirse, empezó a estudiar teatro y danza contemporánea y formó parte durante tres años del ballet que acompañaba al cantante Lucas Sugo. Esta experiencia le brindó información escénica e impulso para lo vendría. “Fue de mis primeros trabajos con la danza que me hizo viajar mucho y me permitió bailar en varios escenarios, desde el Gran Rex hasta el Antel Arena. Lucas cuidaba mucho su equipo, había una preocupación de construir un código de convivencia que no fuera solo para lo escénico, sino para crecer profesionalmente y sostener económicamente”, recuerda.

Andy Falcone.
Andy Falcone presentará "Experiencia Grimorio" en el Solís.
Foto: Kevin Miranda

Luego, sus investigaciones en el baile llevaron a distintas danzas de origen afro. El meterse de lleno en el mundo del hip hop, por ejemplo, la llevó a representar a Uruguay en 2018 en el campeonato mundial de hip hop en Arizona, Estados Unidos. Después, se quedó a vivir tres meses entre Nueva York y Los Ángeles y se nutrió de experiencias que ampliaron y cambiaron su mirada y sus deseos en relación a su hacer creativo. Andy fue descubriendo su arte, y también a sí misma. Se entendió como una persona trans no binaria y trasladó ese despertar a su hacer artístico. “Al principio me identificaba como un varón gay, y desde ahí pasé a identificarme como lo que soy: una persona trans que escapa de los binarismos mismo dentro de la propia comunidad”, dice.

Sin embargo, asumirse como una disidencia sexogenérica sigue costando un precio alto en una sociedad acostumbrada a las etiquetas. Por eso, se enfrentó con violencias cotidianas y decidió trasladar estas vivencias a la música a través de canciones donde deja en evidencia a un sistema que constantemente invalida a la diversidad.

“Sé que si entro al baño de varones me van a violentar por como estoy vestida, por lo que soy; si entro al baño de mujeres también se van a sentir incómodas, tal vez alguna señora con una perspectiva muy binaria me diga ‘esto es un baño de mujeres’, entonces eso que para otras personas es tan natural como pararse e ir al baño, para mí no. Y eso es solo un ejemplo de un montón de cosas que vivimos a diario”, relata.

En 2019 pasó a integrar Soona, una colectiva de mujeres y disidencias del rap local —que se llevó el premio Graffiti Institucional este 2023 por su aporte a la igualdad de género— y este fue un nuevo capítulo importante en su construcción artística. En ese entonces ya había entrado al estudio algunas veces para probar, pero fue en la construcción de Grimorio que pudo encontrarse con su voz. Tenía cosas para decir y buscó un concepto clave para desarrollar el disco.

“Los grimorios son los libros que quedaron con conocimientos de alquimia, astrología, oráculo, tarot y uso de las plantas medicinales; vendría a ser el diario íntimo de las brujas que los escondieron y dejaron como antecedente y legado de su sabiduría. Estudiando eso fui construyendo el universo de mi disco, creando mi propio grimorio”, cuenta.

“Hice una investigación sobre mi historia y la de mi familia. Allá en Artigas se practica mucho la curandería, o sea, la medicina ancestral, y vengo de una familia de curanderas, entonces decidí que ese sería el hilo conductor. Quise honrar mi ancestralidad”, explica la artista que hace unos pocos días hizo parte de la primera edición del Festival GRL PWR en Uruguay.

“Quiero que mi música sea bailable y que mueva, pero que estés al mismo tiempo escuchando algo que te haga ser consciente de un mensaje”, enfatiza. Para ella, haber presentado este disco y ahora cerrar esta etapa para abrir nuevas posibilidades, es también realizar una serie de afirmaciones. “Para las y los artistas trans en la música todo nos cuesta el triple, entonces fue también demostrar que podemos, que existimos y nos merecemos los escenarios”.

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