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Barbi Recanati, la argentina que le canta al final de las cosas y viene a Montevideo a buscar respuestas

La cantante y compositora argentina acaba de estrenar su segundo disco, "El final de las cosas", y lo presenta este sábado en la Sala Zitarrosa, donde inaugura gira. Antes charló con El País.

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Barbi Recanati, cantante y compositora argentina.
Foto: Mercedes Cotoli

El día que salió El final de las cosas, Barbi Recanati estaba en el cielo. En el momento en que su segundo y muy esperado disco finalmente se abría al mundo, ella, argentina, volaba rumbo a Madrid: iba a girar durante un mes, en formato dúo con Lux Raptor, cerca de sus afectos y con un montón de canciones nuevas. Dice a El País, ahora que eso quedó a un mes y medio de distancia, que aquello “se transformó, casi por accidente, en la mejor salida de disco” posible. Que intenta no pensar en la opinión de los demás y casi siempre que estrena música lo logra, pero que la devolución de sus seguidores es tan personal que lo vuelve, todo, “un cierre de bucle artístico gratificante”.

Ahora, Recanati —que es música y productora; ex Utopians, conductora en Futurock, autora del libro Mostras del rock y una de las artistas de referencia del llamado "nuevo rock argentino"— vuelve a Montevideo e inaugura, aquí, su gira eléctrica. Se presenta este sábado en Sala Zitarrosa con la banda que completan Lux Raptor, Marilina Bertoldi, Tomas Molina Lera y Juan Manuel Segovia, y quedan entradas en Tickantel.

Antes del show, Recanati —que no entiende por qué no visita Montevideo más seguido mientras fantasea con un velero propio— contestó vía WhatsApp las preguntas de El País. Este es un fragmento del intercambio.

—Abrís la gira eléctrica del disco en Uruguay. ¿Cómo se modifica el show con la entrada de estas canciones?

—Creo que eso lo voy a saber en Montevideo. Es algo que revisamos y hablamos mucho en la sala de ensayo. Qué canciones se siguen tocando, cómo se arma el orden, qué queremos que pase en ese concierto con esas canciones. Pero al final, es ese primer show el que nos da esas respuestas. Y va a ser ahí.

El final de las cosas me deja la sensación de que tu voz se vuelve cada vez más pulidamente salvaje, casi primitiva, como una manifestación misma del sentimiento. En ese sentido, me preguntaba si las decisiones estéticas sobre tu música tienen más que ver con un proceso racional de búsqueda, o más con los hallazgos que da el proceso.

—La búsqueda siempre está, inclusive si empiezo grabando el disco pensando que sé exactamente lo que quiero. En el proceso pasan cosas y termino siempre buscando algo que no está, que cuesta. Creo que el proceso entero de grabación es estar buscando algo. Pero me alegra que se sienta más primitivo o salvaje, por que creo que la búsqueda sonora en este disco siempre fue intentar que las canciones suenen gigantes y profundas, lo que requiere mucha producción, y que al mismo tiempo suenen primitivas y crudas, que es casi lo opuesto.

—La portada de El final de las cosas está envuelta en niebla y las canciones, en algún punto, también. ¿A qué suelen estar más asociados tus procesos, a la claridad o al caos?

—La portada fue un accidente. El disco estaba terminado y debíamos entregarlo, y yo estaba enamorada de esa foto, y le pedí a su autora, Mercedes Cotolí, autorización para usarla. Es mi mejor amiga desde los 12 años, así que el sí era fácil. Y fue como ponerle la tapa a un tarro raro que tenés por ahí, y que encaje a la perfección. Era como si esa foto hubiera estado esperando años para ser usada para ese disco. Me gusta pensar que el resultado de las canciones es pura claridad. Mis letras son sencillas y mis referencias, obvias. Pero el proceso es un caos.

—Las primeras devoluciones de la crítica ponen al disco en lo más destacado del año. ¿Pensás en qué querés dejar como artista, en un legado?

—El arte en sí para mí es un legado, y la importancia de ese legado la van definiendo las personas que se quedan con ese arte. Cuando era chica no lo veía así. Los discos me parecían una excusa para salir a tocar en vivo. Pero ahora, entrar a grabar me parece un momento enorme, por que es la obra. Pero no siento que la crítica, en el momento de esa obra, termine definiendo el legado. A veces los discos pasan desapercibidos, y 30 años después tal vez le tocan la fibra a una persona en un pueblo, que toma una decisión definitiva impulsada por una canción tuya. Para mí, eso es legado. Por eso la crítica del presente es pasajera, pero la autenticidad de ese trabajo es por siempre.

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