Michael: sus rumores y negocios

MATÍAS CASTRO

Michael Jackson es el mayor ejemplo de que el culto fanático a lo saludable no tiene por qué ser garantía de algo. Recientemente se descubrió que utilizaba una cámara hiperbárica, que es una suerte de dispositivo de conservación, para lograr estirar su expectativa de vida. Además, hay que recordar sus años de burbujas de oxígeno, su uso de barbijos en lugares públicos y unas cuantas perlitas más de su obsesivo y extremo cuidado de su salud. ¿Para qué sirvió todo ese tiempo, dinero y esfuerzo mental empleado? Para nada. Se murió a los 50, víctima de su propia locura, abusando de sedantes para paliar los dolores que quizá pudo haber evitado de haber llevado un modo de vida menos excéntrico.

Esta semana un juez resolvió que su muerte se tipifica como homicidio, porque el sedante se lo administraba su médico en persona y a diario. Pero si murió a los 50, parece que su mito ha cobrado una sobrevida de la que ya quisieran gozar otros artistas y famosos.

Hace dos días salió a la luz el reclamo de un tal Prince Michael Malachi Jet Jackson, un muchacho de 24 años, que vive en San Francisco y que esgrime un certificado de nacimiento en el que el difunto figura como su padre. Esta es una de las decenas de noticias escandalosas que aparecieron desde la muerte de Michael. Enumerarlas parece cuestión de un apartado especial, terriblemente extenso, probablemente muy divertido, aunque inconducente. En este caso las mentiras, declaraciones de mala fe, versiones y contraversiones, no se distinguen demasiado entre sí por lo rocambolescas que son. Hay hijos reclamando, hijos ocultándose, abuelos en la mira, donantes de esperma que hablan, mujeres que reclaman dinero y un enorme negocio del que Michael no disfrutará. Como tampoco disfrutó de la sobrevida que buscaba.

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