Carlos Reyes
Todos los días, en la mayor platea del país (el escenario mayor de El Galpón), Ruben Rada viene protagonizando "El Reino de Rada en 3 D". Pero ése es solo uno de los asuntos que tiene ocupado al notable músico popular, que baraja hacer tres discos más entre lo que resta del año y el 2010.
Según mi mujer, en las flores de Bach soy Agrimony, que es el tipo que está siempre preocupado y triste pero por afuera trata de que todo el mundo se divierta. Soy un tipo que sufre enormemente todo lo que pasa, pero siempre estoy con una sonrisa". Así se describe a sí mismo Ruben Rada, quien por estos días sube diariamente al escenario de El Galpón para divertir a los niños, y también hacerlos pensar un poco.
En el espectáculo, con guión y dirección de Omar Varela, la hija del rey (Lucila Rada) llega desde Francia con el Conde Roquefort (Pinocho Routin) de visita, aunque en el fondo tienen malas intenciones: hacer que el reino no tenga más tres dimensiones, que sea como un dibujo.
Pero ese argumento fantástico busca tener un pie en la realidad. "Jamás voy a hacer una canción que diga que el bichito mordió al pajarito, porque los chiquilines, con cinco años navegan por todo el mundo. Entonces hablamos de la globalización, de que al chancho le gusta la gallina. Y no tengo problema en usar expresiones como flexibilización laboral, porque lo que los niños no entienden, los padres se los explican".
Por otro lado, el mensaje antiglobalización apuesta al compromiso, y por eso no faltan canciones como "Póntelo al hombro y llévalo", que habla sobre cargar al mundo entre todos. "Si todos colaboramos con el mundo y lo cargamos entre todos, el mundo no pesa nada", comenta Rada, entusiasmado cuando se le pregunta sobre su trabajo.
-¿Cuando eras chico ibas a espectáculos infantiles?
-Me crié sin ir nunca a un espectáculo de niños. Lo único que conocía de niño era el circo. Y no por aquello de "éramos tan pobres", como decía Olmedo, sino también por pocas ideas. Mi vida era la calle, el trompo, la bolita y robar frutas en las quintas: no tenía otras diversiones. Jugaba a las bochas en el barrio, y jugaba en tres cuadros de fútbol de distintos barrios. Pero espectáculos para niños, no.
-¿Y como creador de espectáculos infantiles cómo empezaste?
-Fue Buscaglia, que una vez me dijo que los niños se merecían que yo les cante. Y yo le dije que les tengo mucho miedo a los niños, peor que a un terrorista. Porque con el terrorista capaz que podés transar, pero a los niños, si no les caés bien son terribles. Y él me insistió y yo le dije que si me ayudaba lo hacía. Y así empezamos, desde el 99 hasta ahora. Paré un par de años cuando murió Buscaglia, pero llevamos diez años haciendo Rada para niños.
-¿Qué diferencia hay cuando componés para niños o para adultos?
-Yo me di cuenta que soy un niño componiendo. Porque escuchando Las manzanas noto que de algún modo siempre compuse música para niños. Después me puse serio y canté Biafra, Dedos, con Tótem. Pero todas mis canciones son cantadas por los pibes. Cuando termina el show me piden, por ejemplo, Aparte de ti. Cuando hago esa faceta de canciones divertidas, le gustan también a los niños.
-¿Y más allá de los niños, estás con proyectos para el resto de tu público?
-Tengo muchos: estoy haciendo un disco de jazz fusión y jazz latino. El grupo se llama Confidence, con Osvaldo Fattoruso, Gustavo Montemurro y otros amigos. Es todo instrumental, con instrumentos de viento. Y después estoy preparando un disco de covers, que lo pienso sacar a fin de año, con siete autores argentinos y siete uruguayos. Mateo, El Príncipe, Cabrera, Galemire. Y entre los argentinos, Fito, Charly, Spinetta, Calamaro. La idea mía es hacerle un guiño a mis amigos.
-¿Cómo es eso?
-Es hacerle un guiño a todos los compositores que quiero, cantándoles las canciones de ellos. En Brasil, por ejemplo, la música es grande porque saca una canción Caetano o Gal Costa, y la cantan todos los brasileros. En Estados Unidos pasa lo mismo: Feeling la grabaron todos los cantantes. Todo el mundo grabó esa canción, y eso hace grande al autor. Los tangueros también supieron hacer eso. Mauré, Gardel, cantaron los tangos de todos. En cambio nosotros aprendimos mal la lección y cada uno canta su música: Jaime canta la de él, yo canto la mía, y así la música se empequeñece. Uno de los grandes errores sucedió con Piazzolla, la gente perdió el tiempo criticándolo en lugar de escucharlo. Ese fue un gran error.
-Así que tenés un año bastante ocupado...
-Sí, y lo último, cuando llegue ya fin de año, me voy a juntar con Andrés Arnicho para hacer una cosa que le debo al país, antes de tomarme los vientos, de retirarme: es hacer un disco de candombe. Pero eso me va a llevar mucho tiempo. Tengo que dedicarme todo el año que viene a hacer un disco doble de candombe. Estuve contando los candombes que tengo y son como 54: Ayer te vi, Candombe para Gardel, infinidad. Quiero hacer un buen disco, quiero invitar también a la Filarmónica, y a los tambores de Ansina y los de Cuareim, que son mis amores. También grabar distintas llamadas, sin cantar, para que el día de mañana, cuando venga un tipo para Uruguay escuche el candombe rockero, el jazzero, el clásico, y hasta con una orquesta.
-¿Habías dicho que te apartabas de los escenarios?
-Me quiero tomar los vientos, pero ahora se me complicó un poco porque se fue una hija a estudiar a Argentina, también mi hijo está estudiando guitarra allá, y eso me cuesta mucho dinero. Como que voy a esperar un añito más, pero mi intención es tomarme los vientos antes de molestar. Porque dar lástima…
-¿También vas a dejar los espectáculos infantiles?
-No, de repende sigo con Rada para niños. Lo que me mata son las giras y la organización de los espectáculos. Además, realmente, de repente la gente no se da cuenta, pero yo, como cantante no soy el mismo de Guantanamera, ni de Las manzanas. Y yo siempre fui un trapecista, un equilibrista arriba del escenario: no soy como Edmundo Rivero, que canta con una voz sola. Lo mío es variar mucho, y cantar rock, y blues, y muchas cosas con la garganta, y me doy cuenta que ya lo no puedo hacer. Y a mí me duele eso como artista, me enojo, me da rabia. Por eso prefiero grabar. Porque grabás, te equivocás y grabás de nuevo. En ese sentido admiro mucho a Paul McCartney, que canta igual que cuando cantaba en los Beatles. No sé como hace, pero a mí muchas cosas ya no me salen.
Los niños y los precios
"Los primeros años con las obras para niños cobraba $ 100. No sé si por ignorancia o por respeto, porque pienso que una madre con tres niños capaz que no puede pagar. Y después veo lo descorazonado que es cuando traen Holiday on Ice y te cobran $ 700. Y la gente va igual. Entonces dije, voy a cobrar un poco más, pero llevo a niños de Iname, de la Policía, de los barrios marginados", cuenta Rada, cuyo musical va todos los días a las 15 horas. Entradas: de $ 350 a $ 200.