Rebar
Una inglesa de 40 años —poseedora de atributos físicos notorios que provocan crisis de celos en su marido— le confesó a éste su deseo de realizar, sola, un viaje de placer a la legendaria Grecia. Al hombre no le pareció mal; pero impuso una condición, para proteger ciertas maravillas de la naturaleza en el instante en que su esposa se sintiera tocada por... (vamos, no piensen ustedes mal) por las bellezas artísticas de "la elegida de la Historia", y cayera en trance romántico.
—Unicamente yo sé lo que tengo en casa (le dijo, meloso, a ella)... y quiero cuidarlo como se merece. Mañana te enterarás.
El tipo, fundador de "Maridos Prevenidos S.A.", se apareció al día siguiente con un cinturón de castidad que puso en poder de su señora, en nombre de la fidelidad jurada "hasta que la muerte nos separe".
—Colócate esto... y continuaremos siendo el uno para el otro, sin terceros molestos.
La mujer, entre confusa y halagada, aceptó la situación: y de ahí para adelante sufrió más que el hombre de la máscara de hierro, que si bien se ahorró la peluquería las pasó fatal con aquella terrible opresión.
La británica cuarentona, con más horas de... vuelo que la R.A.F., viajó en Clase A: pero, a la hora de sentarse en el avión, sintió que el asiento era tan incómodo como el de una mala Clase Turística. No tenía acomodo posible... ¡y recién había estrenado el artefacto!
Al llegar al Aeropuerto de Atenas, descendió como un mono y empezó a caminar por la pista con andar de cowboy "chuecón". Ya en el hall de revisación, avanzó hacia el detector de metales, y al pisar éste sonó el alerta denunciante:
—¡Paren las rotativas!... (gritó un gracioso del personal de inspección): y al pedir a la pasajera que explicara el motivo de la alarma, ella contestó sencillamente:
—Mi marido es un poquito desconfiado, y me hizo poner esto —un cinturón de castidad—para trabarme cualquier tentación entre las columnas del Partenón... (porompompón).
—¿Es esto solamente?... (siguió el chistoso)... ¿o hay también un letrerito que diga "Prohibido pasar"?
La mujer, pese a la confesión, fue asimismo "recorrida" por funcionarias del aeropuerto, que al comprobar la veracidad del hecho le preguntaron solícitas:
—¿No quiere que llamemos a un cerrajero?
... pero, no: la señora continuó visitando Atenas, a marcha forzada.
El episodio nos devuelve un viejo chiste que viene de medida para acoplarlo.
Un valiente combatiente —capaz de enfrentar a mil hombres y derrotarlos— a punto de partir hacia una de las Cruzadas tuvo una duda atroz: no estaba seguro de que, durante su ausencia, su esposa pudiera enfrentar a un solo hombre sin darse por vencida. Solucionó su sospecha, "honrándola" con un cinturón de castidad. Se despidió de la esposa y dos hijos adolescentes, y se alejó. A poco de cabalgar, uno de los muchachos llegó corriendo a su lado y le dijo:
¡Papá!... Dice mamá que, por descuido, te vas con la llave del cinturón.
Dámela para llevársela, porque la necesita urgente.