Mariana Berta (1956-2008) emprendió su viaje por América Latina en 1974, comenzando un periplo que la llevaría a tomar contacto con las vetas profundas de un convulsionado continente. Sus crónicas autobiográficas, editadas por Trilce, permiten tomar contacto con una sensibilidad creativa y una mente coherente y abierta al mundo.
"Si hubiera visto todo como un turista, a través de una cámara fotográfica, sería tanto más fácil describírtelo. Porque sería eso, una descripción. Pero no fue así", afirmaba esta oboísta y estudiosa de la música, que buscó confundirse con el paisaje boliviano. Pequeños comercios, ferias callejeras, reuniones familiares y gastronomía indígena tuvieron para ella el encanto de lo que se brinda naturalmente, encontrando allí las claves de un mundo que tenía mucho de ella.
Desde su pasaje por Buenos Aires, luego su rumbo hacia el Norte, su llegada a Villazón y más tarde La Paz, donde permanecería buena parte de su viaje, la artista se detiene en la música popular y la culta, en lo material y lo intangible, captando detalles de un universo cargado de secretos, de misterios y de encantos.