Los vestuarios de una notable diseñadora

Libro. El martes se presentará "Guma Zorrilla, la belleza del vestuario", de varios autores

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El próximo martes 18, a las 19 horas, en el Instituto Nacional de Artes Escénicas (Zabala 1480) se presentará un libro sobre "Guma Zorrilla, la belleza del vestuario", con textos de varios autores. La entrada al acto es abierta a todo público.

La vida de esta gran diseñadora (1919-2001) se inscribió en un medio familiar de notorias inquietudes artísticas, con abuelo poeta, padre escultor y hermana actriz, como se sabe. El caso de Gumita fue singularísimo, sin embargo, porque su talento para la creación de vestuarios teatrales proviene de una vocación infantil que luego no se interrumpiría y que tuvo su primera expresión pública en una muestra de pintura que realizó en plena adolescencia. Después vendría su notable trayectoria profesional, en la que conquistó velozmente un prestigio derivado de la sensibilidad, las destrezas de línea y de color y la capacidad inventiva con que creó sus trajes para un repertorio que abarcó títulos clásicos y contemporáneos. El aporte de Gumita al teatro montevideano coincidió con un período de florecimiento y expansión de la escena local, en que la multiplicación de los grupos independientes se sumó al nacimiento y desarrollo de la Comedia Nacional. A cierta altura, la actividad de la diseñadora se amplió con numerosos trabajos para el teatro argentino y aún para el cine y la televisión, otorgándole un reconocimiento rioplatense que de alguna manera fue otra culminación de su carrera.

En el recuerdo de sus admiradores persisten los impactos de sus vestuarios para espectáculos como Rey Lear (en el Circular), El burlador de Sevilla (en el Verdi), El honor no es cosa de mujeres (en el Solís), El amor castigado (en el Centro) o El tobogán (en el Odeón), donde Gumita aplicó no solamente su instinto para el trazado y la hermosura de los trajes, sino su manejo de diferentes texturas para conferir un carácter a esas galas y asociarlas así con el espíritu del texto que ilustraban. Pero sobre todo fue su maestría para el uso del color lo que destacó esas labores, porque solía optar por un tonalismo muy sutil de castaños o verdes, o por el rigor de dos únicos colores para dotar a sus vestuarios de una expresividad adicional, enriqueciendo así una puesta en escena. Afortunadamente trabajó mucho, y hubo temporadas (como la de 1970) en que la presencia de Gumita fue caudalosa. Ese aporte se extendió durante cinco décadas, obtuvo abundantes premios y ha dejado una huella indeleble en la memoria de los espectadores y en el proceso de los valores visuales del teatro nacional.

ESMEROS. El libro que se presenta el martes en el INAE tiene un gran despliegue fotográfico para dejar constancia de la imaginación y el sello de Gumita como diseñadora. Contiene asimismo varios textos a cargo de especialistas, capítulo donde figuran Hugo Achugar, Olga Larnaudie, Jorge Abbondanza, Soledad Capurro y Claudia Pérez. Pero la publicación demandó asimismo un minucioso trabajo previo de investigación, que estuvo a cargo de Daniela Bouret, Gonzalo Vicci, Marcelo Sienra y Adriana Juncal, a lo que debe agregarse la corrección realizada por Adriana Arigón y Carlos Contrera. El diseño editorial del tomo pertenece a Renée Ferraro, Guillermo Giucci y Daniel Villar.

Esa publicación, que probablemente es el mejor homenaje que puede brindarse a la obra de Gumita once años después de su muerte, fue respaldada por el Instituto Nacional de Artes Escénicas que depende de la Dirección de Cultura del MEC, el Centro de Investigación, Desarrollo y Difusión de Artes Escénicas perteneciente a la IMM, junto con la Comedia Nacional y la Comisión de Amigos del Museo Zorrilla. A la presentación asistirán autoridades nacionales y municipales.

El libro de Gumita aparece en un momento particularmente frondoso en materia de ediciones artísticas, luego de otros volúmenes de calidad e importancia como el de Ricardo Pascale, el de Marcelo Legrand, el que Raquel Pereda escribió sobre Gilberto Bellini, el de dibujos y referencias arqueológicas de Horacio Guerriero y el dedicado al escultor Eduardo Díaz Yepes. Ese florecimiento en la materia no sólo es bienvenido sino además insólito en un medio donde la bibliografía sobre artes visuales y escénicas era tan escasa. Ojalá el entusiasmo se mantenga.

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