MATÍAS CASTRO
Es bien conocida la obsesión que despierta la pareja Angelina Jolie-Brad Pitt. Cuestiones físicas, cuestiones de imaginario, cuestiones de la maquinaria promocional de Hollywood, cuestiones de chusmeríos, cuestiones de noticias falsas… todo ha contribuido con los años a crear la imagen que tiene hoy "Brangelina", tal como les puso la prensa de EE.UU.
Pero más allá de todo lo que se diga y especule con ellos, en estos últimos días la que ha estado de moda es Angelina Jolie. Por razones buenas y malas, pero todas, en definitiva, buscadas por ella. El gran tema de conversación por estos días surge de la publicación de La biografía no autorizada de Angelina Jolie, un libro de Andrew Morton que ganó mucha difusión previa cuando se anunció que incluiría fotos que la mostraban tomando cocaína.
Gran escándalo en la moral media. Como si una imagen así fuese algo insólito, especialmente de parte de una figura que no tuvo reparos en contar cualquier tipo de cosa sobre sus preferencias sexuales cuando tenía veintipocos años. El gran tema es que ahora Jolie ha cambiado su imagen y se ha convertido en Embajadora de la Buena Voluntad de la ONU y en madre de una familia multirracial. Ya no es la chica mala que decía que le gustaba ponerse de fiesta con otras mujeres y cosas así, porque ya lo dijo y consiguió llegar al lugar de exposición que quería.
Si se cree en lo que dice Andrew Morton, el autor de la biografía no autorizada, la conversión de su imagen hasta la actualidad es parte de un proceso tan intencional como las provocaciones de hace una década. Sus hijos, su alianza con las Naciones Unidas e incluso la divulgación de algunas imágenes supuestamente privadas (ella y Pitt caminando por una playa en África junto a su hija adoptiva, por ejemplo), serían parte de un plan de recambio.
Se sabe que decir que una figura famosa oculta algo siniestro y mueve hilos invisibles siempre es un buen recurso de ventas. Es lo que hace esta biografía y es lo que vale la pena cuestionar para no repetir noticias como loros.