ENTREVISTA
La astróloga y tarotista, conductora de "Bien con Lourdes" que va tres veces por día en Canal 4, habla de su nuevo libro, "El camino de la Luna"
Más allá de la astróloga y la tarotista, su conexión con la Luna tiene que ver con el ser humano, con ella misma que siempre se ha visto atraída por ese satélite que entiende como “una dama dadora o protectora”. Por eso Lourdes Ferro, la mujer que da los horóscopos en Canal 4, la que acumula miles y miles de seguidores en sus redes sociales y la que año tras año tiene los libros más vendidos en Uruguay, tenía que escribir sobre eso que reconoce como su primer amor.
O sea, la Luna. La que le mostraba su abuelo, la que admiraba en la playa, la que la orientó en noches perdidas. La que le cambió la vida.
El camino de la Luna es, entonces, su último libro (Planeta), y Ferro lo define como “disparador”: pretende que sea una experiencia didáctica que despierte en el lector diferentes inquietudes. Es un precioso objeto lleno de collages e imágenes que acompañan textos que abordan a la Luna como musa, sí, pero también como fuerza guía.

En charla con El País, Ferro dice que es “supertímida” pero que el resto, su público ya lo sabe: es familiera, le gustan los perros, la pintura, dibujar, la diversión y la interacción. “Soy muy transparente, estoy muy abierta a todo y para mí la base es ser feliz. Y la astróloga y la tarotista en lo único que puede mutar es en una mujer que le diga a la gente que se puede y que la vida, a pesar de todo, es maravillosa”.
—Acabás de lanzar El camino de la Luna. ¿Por qué decidiste que era tu momento de escribir sobre la Luna?
—No solo por mi momento sino el momento que estamos atravesando. La Luna es una compañera continua en la vida de todos, pero sobre todo, lo que tiene es que podemos aprovechar la energía que propone para planificar nuestro diario vivir. No tanto la idea de la Luna de los enamorados, los poetas, sino como la de ese calendario lunar que utilizaban nuestros ancestros para poder potenciarla al máximo y sacar de este momento lo mejor.
—Tu abuelo era un admirador del cielo. ¿Cuánto tuvo que ver en esta relación tuya con la Luna?
—Mucho. Yo creo que él plantó una semilla y yo la regué y la hice crecer. Pero siempre se encargaba de explicarme de sus fases, cuándo iba a haber una Luna gigante... Desde chica voy a Cuchilla Alta y ahora vivo en Santa Ana, creo que a siete cuadras de donde voy desde que tengo cinco o seis años. Y claro, el poder ver la Luna salir en un lugar donde hay campo y playa es un espectáculo maravilloso. Y ahora que soy abuela, de chica le decía a Catalina: “¡Mirá la Luna!”, y ella ahora la busca antes de dormir. Creo que mi primer amor fue con la Luna, y también con Venus; él se encargaba de mostármela.
—Y ahora que te toca a vos hacerla, la transmisión de esta pasión a tus hijos y nietos, ¿es orgánica?
—Es orgánica y natural. Yo trabajo con mis hijos, pero es muy difícil separar mi vida de pensar si el Sol está en tan lugar o de las gemas y las hierbas, porque si yo me siento mal voy a acudir primero a una hierba; por supuesto que voy al médico y eso lo subrayo. Pero el estado de ánimo va más allá de sentirse mal y quizás el cielo está de tal manera y te sentís más reflexivo. Y eso es orgánico, porque desde que son chiquititos y llegaban con dolor de panza les ponía manzanilla, y eso va quedando. No es que en un momento se los enseñé; es lo mismo que me pasó a mí. Para mí, todo el mundo vivía la misma realidad, y no era así (se ríe).

—Venís haciendo libros desde 2019 y es costumbre que aparezcas en la lista de los libros más vendidos del año. ¿Eso hace crecer la exigencia?
—Sí. La exigencia se siente. Yo soy sumamente exigente conmigo y cada sugerencia que recibo de los libros es como que los voy tratando, no de mejorar, sino de hacer que realmente te llegue. Que realmente sea útil. El primero, 22 escalones, es un libro que toda la vida te va a acompañar. Magia también es un libro de consulta y este es como muchos libritos en uno, que en mi sentir abrió una forma de comunicarme con el lector que me encanta.
—El hecho de ser astróloga de los medios de algún modo te convierte en una fuente de respuestas, un lugar donde la gente va a buscar ayuda. ¿Cómo lidiás con la responsabilidad de ocupar ese espacio?
—Cada vez con más responsabilidad. Cada vez que recibo un mensaje o alguien me para en la calle, recibo: “Hago todo lo que vos decís”, y eso a mí me da miedo. Pero hay gente que dice: “Señora, no creo nada de lo que usted hace, pero la forma en la que usted habla me da esperanzas”. Y eso me encanta. Y después están los que me siguen hace mucho y entienden la forma en la que yo entiendo la astrología, no como esa cosa predictiva sino como una herramienta. Y la esencia de lo que comunico intenta estar acorde al momento que estamos viviendo, y creo que este momento necesita ese espíritu de fuerza y energía a pesar de que parece que estamos empantanados hasta la cintura. Pero como yo salí, intento que mis libros transmitan las herramientas que yo utilicé para salir de aquellos momentos en los que estaba muy desesperada. Estos libros intentan ser como lianas; vos te agarrás y vas a salir, y después vas a entender y vas a seguir solo. Quiero ser un bastón que te ayude a caminar en el momento del accidente; por ahí va mi intención como escritora y comunicadora.
—Llevás 20 años en los medios. ¿Cómo moldeaste esa forma propia, tu estilo?
—En este preciso momento siento cada vez más la responsabilidad de pensar mi mensaje, cómo llega, cómo voy ayudando y cómo me van ayudando, porque el amor que yo recibo es recíproco. Me olvido que estoy adelante de una cámara y hablo como soy; nunca tuve una construcción del personaje. Yo soy lo que soy, soy así, nunca tuve la necesidad de construir, pero estoy en este proceso de decir: qué importante cada palabra que digo, cada liana que tiro. Porque estamos en un momento muy difícil, entonces estoy especialmente amorosa y arengando para decir: de esta salimos todos juntos. Pero de repente es el primer momento en que digo: tengo que buscar el optimismo, la buena del día de hoy. Porque las malas noticias abundan, y sacarse un cartel por predecir que vamos a estar como el culo hasta 2080 no me hace. No quiero eso para mí ni para el resto.
—Más allá de que no hacés predicciones, estás escribiendo la guía astrológica de 2022. ¿Qué aparece ahí?
—Estamos en el año de Acuario, 2022 va a ser el año de Piscis y es un año de cierre de ciclo. Las palabras claves de este año eran “libertad” y “revolución”, y fue un año donde vimos esas palabras por todos lados. Acuario es como la foto del vikingo entrando al Capitolio, una cosa loca, la transformación para ir en busca de la empatía que es 2022. Va a ser un año muy interesante, porque Piscis intenta la fusión de las mentes, la comprensión real de todos. Entonces estamos ahora, cada uno de nosotros, pensando que somos un todo, que tenemos que vacunarnos todos y así. Y 2022 es la comprensión plena de lo que ha sucedido en los últimos años, para un recomenzar total en 2023. O sea que tengo especial romanticismo con 2022 porque es un año de cierre, de despedida, de poner las cosas en orden. Va a ser un año muy interesante. Por eso, en lo que queda de 2021 tenemos casi que la obligación de entender que todos somos todo. Ese es casi que el mensaje.