GUILLERMO ZAPIOLA
Afirmar que la trilogía "La materia oscura" de Philip Pullman no es antirreligiosa (dejemos por el momento de lado la película La brújula dorada, que puede ser otra cosa), es como afirmar que el Dalai Lama no es budista.
Una cita de El paraíso perdido de Milton abre el libro en que se inspira La brújula dorada, y conviene tenerlo en cuenta a la hora de desentrañar las intenciones últimas de Pullman: Satanás recién se recupera de su derrota y expulsión de la contemplación divina, y lanza su desafío al Creador, aún admitiendo que éste sigue teniendo poder para engendrar nuevos universos con "sus oscuros materiales". Esa cita y lo que ocurre luego en los tres libros sugieren con bastante nitidez de qué lado está Pullman en el combate cósmico.
Es posible que ese contenido no se advierta tanto en las dos primeras entregas de la trilogía, y menos en la película que, según todo lo indica, lo ha suavizado para no crearse problemas. Estalla en la tercera, El catalejo lacado, donde el villano mayor es directamente Yahweh, el Dios del Antiguo Testamento, que no es realmente un creador sino un falsario. Pullman, que no es un ingenuo, sabe perfectamente que está provocando a toda la tradición judeo-cristiana.
Incidentalmente, en el universo paralelo en que se desarrolla La brújula dorada, el catolicismo ha sido disuelto por el último papa (¡Juan Calvino!). El Magisterio reemplazante es en realidad un órgano colegiado moldeado sobre el régimen calvinista ginebrino. También debería haber calvinistas enojados.
Pullman no disimula sus posturas. Ha despotricado públicamente contra el contenido religioso de Las crónicas de Narnia, y en 2005 impulsó junto al también escritor para niños y adolescentes Michael Rosen el documental Why Atheism (¿Por qué el ateísmo?), dirigido por Chris Thomas, que ha sido promovido como "un curso de ateísmo para niños de once años". El escritor ha participado igualmente en algún debate público con el Arzobispo de Canterbury acerca de la existencia de Dios.
La popular apologista católica norteamericana Amy Welborn se ha permitido emitir algunas acideces contra Pullman, y de paso también contra los fundamentalistas cristianos que creen que Harry Potter forma parte de una conspiración satánica. Welborn señala sensatamente: "Olvídense de Harry Potter. Aunque algunos lectores no estén de acuerdo, es obvio para cualquier observador objetivo que Rowling no tiene en su mente ninguna agenda aparte de escribir entretenidas fantasías que resultan tan peligrosas como un capítulo de Hechizada".
Y prosigue: "Philip Pull- man es otra historia. Es un escritor imaginativo y talentoso, pero con un truco. Tiene una agenda, no la oculta, y es toda sobre religión. A lo largo de sus aventuras en varios mundos, Lyra y Will despiertan el interés de los dos bandos en una guerra celestial entre la Autoridad (es decir Dios) y Satán (aquí llamado Lord Asriel). Los chicos serán actores esenciales en un replanteo de la Caída y la Tentación de la Humanidad, una segunda oportunidad para reclamar el fruto real de la Caída, que no fue el pecado sino el conocimiento y la sabiduría."
Daniel Craig no se equivoca al definir a Lord Asriel como un revolucionario. Fue el primero: Satanás o, en la versión de Pullman, más bien Lucifer, "el portador de la luz" que habría iluminado a los hombres. En Grecia lo llamaban Prometeo.