NUEVA YORK MATÍAS CASTRO
Una cosa queda clara al hablar en persona con Scarlett Johansson y Samuel L. Jack-son: la pasaron inusualmente bien filmando "El Espíritu". Darle vida a un cómic es una experiencia casi nueva para ella, no para él.
Para cualquiera de los dos éste es un trabajo más en una intensa carrera. En cuestión de un año Johansson estrenó cuatro películas, mientras que Jackson participó de siete en el mismo período. Están cansados. Se nota. La gira de promoción de El Espíritu los puso a recorrer varios países en poco tiempo, sonriendo a cámaras, respondiendo cientos de preguntas en entrevistas, acompañando funciones de la película, parando en hoteles durante algunas horas nada más.
Un factor ayuda a generar un buen clima durante la enésima entrevista que dan en pocas semanas hablando sobre el mismo tema: la amistad que tienen. Veinticuatro años de edad ante sesenta. Estrellato rápido junto a una carrera lenta. Un rodaje de por medio y trabaron una excelente relación que aparenta estar ajena a egos y divismos.
Sus personajes también tienen algo de esa comunión. Él es Octopus, el megalómano villano, y ella Silken Floss, su mano derecha. "Yo soy como el tío loco. Octopus es un genio, pero está mal de la cabeza. Por eso se pone trajes extraños en todas las escenas. Ella es más culpable por asociación, porque está con este tipo que es su benefactor". Scarlett tiene su propia visión del asunto: "Lo que es más encantador para mí es que en esta película quieres ver ganar al villano".
historietas. Lo particular de El Espíritu es que se trata de la adaptación de una obra clásica, fundamental en muchos sentidos para entender la evolución del noveno arte en Estados Unidos, y que está dirigida por uno de los diez autores más notorios del género, Frank Miller.
Para Johansson actuar en un proyecto así es casi una excepción, puesto que las películas que hace no han tenido nada que ver con esto, salvo la independiente Ghost world (2001), basada en un cómic de Daniel Clowes. Para Jackson es la manifestación de una de sus mayores pasiones, la historieta. Y durante la entrevista, se nota como cambia su tono al hablar de lo que tenga que ver con el tema.
"Estaba tan desesperado por trabajo que fue fácil convencerme", dice en broma a la hora de explicar cómo se acercó al proyecto. Y Jackson tiene risa fácil y suele colar alguna respuesta en tono de chiste. "La verdadera historia es que soy muy amigo del dueño de la tienda de historietas donde compro habitualmente. Estaba un día hablando con él sobre cómo me había gustado Sin City y a raíz de eso, él, que es muy amigo de Miller, le envió un mensaje hablándole de mí. Así es como nos conectamos al comienzo".
Johansson, al contrario, nunca leyó historietas. Y tampoco responde en broma. "Me interesaba el costado visual de La ciudad del pecado y de 300 y por eso me atrajo la idea de trabajar con Frank Miller". En los dos casos uno de los factores fundamentales a la hora de hacer el salto del papel a la pantalla fue el respeto visual total a las historietas originales de Miller. En La ciudad del pecado su involucramiento fue tal que figuró como codirector.
Así que para El Espíritu Johansson esperaba un tratamiento similar. "Tuvimos una primera reunión con Miller, pero él no tenía un personaje para mí. Un tiempo después me llamó y me contó que decidió incluir al personaje de Silken Floss y que lo escribió para que yo lo interpretase".
El periodista argentino Andrés Valenzuela describió a Johansson diciendo que tiene cierto toque etéreo, que sus rasgos pulidos, perfectos y justos parecen escaparse al toque del resto de las personas. Algo de eso hay. Es seria al dirigirse a los periodistas y sólo se muestra un poco más suelta al cambiar comentarios con Jackson.
Tal vez eso tenga que ver con su cansancio. Dos semanas después de la promoción neoyorquina de El Espíritu, se embarcó en la campaña de prensa de la comedia He is just not that into you. El trabajo de un actor parece no ser solamente ropa cara, aplausos y fiestas lujosas.
"En Londres tuve algo de tiempo para salir de compras", cuenta Jackson sobre el único breve espacio libre que tuvo durante sus viajes por El Espíritu. Johansson ni siquiera tuvo eso. Y a diferencia de lo que ocurre en otros trabajos, no se pueden dar el lujo de lucir agotados. La imagen, para su carrera, lo es todo. O parece serlo.
Cuando se le pregunta si se reconoce como una femme fatale, se sorprende. "¿Qué cosa?", exclama Samuel Jackson con una carcajada. Él, que la conoció en medio del trabajo, parece no concebir la idea de que se la vea así. "En absoluto", responde ella, "esa es una percepción que pueden tener algunas personas. Pero no me siento así. Femme fatale es una denominación especial que implica a un personaje muy definido. Me tendrían que ver en la sala de maquillaje a las seis de la mañana, antes de comenzar a filmar. Ahí no dirían eso". Su colega se ríe con cierta complicidad. Saben lo que es llegar dormidos y con ojeras a comenzar la jornada de rodaje prontos a convertirse en villanos de historieta absolutamente irreales.
Es cierto que siempre la percepción sobre la verdadera forma de ser de una persona cambia según se la mire a través de fotografías promocionales (Johansson tiene decenas en las que aparece muy insinuante, luciendo sus virtudes físicas) o si se tiene la oportunidad de hablar cara a cara con ella. Pero Johansson, en persona, no posa de chica sexy, aunque sí es más fría, tal vez consciente de que se la ve de esa forma. En contraste con ella, Jackson parece mucho más suelto. Otra vez, la diferencia de edad y de formas de asumir su estrellato se hacen presentes.
fantasías. En El Espíritu se tuvieron que enfrentar a una propuesta absolutamente fantasiosa, surgida de dos cabezas bastante particulares. Una es la de Will Eisner, el autor de la historieta original. La otra es la de Frank Miller, el director y también historietista. Así una escena de ambientación de animé es seguida por otra en la que el villano viste como nazi, y luego por otra que recrea el policial negro de los años cincuenta. Y hay más.
"El vestuario que me dieron era muy loco", comenta Johan-sson. "Me sorprendió pero me pareció divertido. Cuando entendí la propuesta me dije que estaba perfecto que si Samuel vestía como samurai para una escena, yo iba a salir como geisha y si en otra él salía como el doctor loco yo aparecería como la enfermera loca. El vestuario es hermoso, nos han dado mucha libertad con esto".
Para representar en pantalla un mundo que estéticamente es muy diferente al real, Miller usó pantalla verde. El recurso se ha hecho cada vez más común en el cine, y fue fundamental para adaptar 300 y La ciudad del pecado. Jackson ya trabajó con este sistema en la serie de La guerra de las galaxias, así que parece natural preguntarle a Scarlett cómo se llevó con ésto, ya que es la primera vez que participa en una película íntegramente hecha así. "No sentí que nos haya hecho una diferencia, porque todo lo que teníamos delante era real. Los fondos eran de pantalla verde, pero nosotros al actuar siempre lidiábamos con objetos o personas reales".
No parece raro que Miller haya elegido a Jackson. "Supongo que me asocian y saben que me gusta el tema. Me llamaron para hacer de Nick Fury en Iron Man y Hulk porque en las historietas de Marvel alguien le había puesto mi rostro al personaje. Cuando era chico Nick Fury era blanco, luego fue David Hasselhoff y ahora soy yo". Además, ahora está produciendo la segunda serie de Afro Samurai, un excelente y sangriento animé de ciencia ficción en el que también pone la voz para un personaje secundario. Con notorio entusiasmo lo describe como "mi propio manga" y cuenta que están produciendo el videojuego correspondiente.
Jackson comenzó su carrera en 1972. Llamó la atención en Fiebre de amor y locura, de Spike Lee, en 1991 pero se convirtió en estrella en 1994 con Tiempos violentos, de Tarantino. Tenía ya 22 años de trabajo de actor. Johansson se convirtió en estrella con Perdidos en Tokio, cuando tenía diecinueve años. "Samuel me recuerda siempre lo importante que es sentirse afortunado por este trabajo. Además de Michael Caine, es el actor más profesional con el que he trabajado. Es una persona que siempre tiene presente que no importa qué tan famoso seas, ni cuánto dinero hagas, lo principal es ser profesional, y hacer las cosas a tiempo", dice sobre lo que surgió filmando El Espíritu. Samuel dice: "Hacer películas es un trabajo en colaboración. Todos los que participan en un rodaje, desde el actor hasta el tipo de las luces o el que hace los sandwiches, están ahí para hacer una buena película. Cuando estás ahí querés que se hagan las cosas de forma sencilla, en una o dos tomas. Y si se logra hace que el día avance mejor para todos y que se trabaje mejor". Y Scarlett agrega "Es un equipo, y todos nos volvemos como una familia. Estando en ese trabajo todos los que participan quieren que el film sea un éxito".
Los originales y sus varios cambios
En las historietas de El Espíritu, que se consigue en librerías bajo el título original "The Spirit", los personajes de Johansson y Jackson son bastante diferentes. Octopus es un villano que opera en las sombras, manipula y da órdenes a sus matones. De él, a lo largo de décadas de publicación, solamente se vieron sus manos, siempre vestidas con guantes. Ese fue uno de los grandes trucos del autor Will Eisner, que logró darle presencia y personalidad solo con eso. En el film, Miller decidió que no podía hacer lo mismo. También cambió el personaje de Silken Floss, que en el cómic es cirujana y física nuclear. La versión en el cine la representa como alguien más joven, que todavía no tiene la presencia y el desarrollo que se veía en las revistas mensuales.