La quinoterapia es pura felicidad

| ®El miércoles, en Buenos Aires, se abre una muestra que luego girará por toda Argentina

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SUSANA REINOSO I LA NACION

"Un náufrago solitario en una isla ve llegar un grupo de soldados norteamericanos y esperanzado les pide que lo lleven de regreso a la civilización, si es que existe. Los soldados le explican que la civilización son ellos. Entonces, el náufrago les ruega que lo dejen donde está".

La pausada voz de Quino (Joaquín Lavado) cuenta la historia frente a un auditorio colmado, que se ríe de buena gana, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), durante la presentación —valga el juego de palabras— de ¡Qué presente impresentable! (Ediciones De la Flor). Según el responsable del sello, el libro es "una respuesta satírica a la degradación del mundo contemporáneo".

Quino llegó a Argentina el 9 de julio último, junto con su esposa Alicia Colombo. Con ella hizo su primer viaje al exterior durante su luna de miel hace 24 años, según los datos de sus páginas biográficas. Una de sus actividades más relevantes, al margen del libro, será asistir a la apertura de la muestra "Quino, 50 años" que se inaugurará en el Palais de Glace el miércoles próximo.

En medio de las risas de la gente —de todas las edades y estratos— en el Malba, el notable dibujante argentino radicado en Madrid introduce otra reflexión, frente a un fascinado Eduardo de la Puente, coconductor del programa televisivo CQC, que dialogó con él: "Después uno ve Fahrenheit 9/11, la película de Michael Moore, y se ríe, pero son cosas para llorar. Muchas veces, uno se ríe de situaciones que angustian mucho".

La gente se queda muda y no hay risas. El talento del famoso "papá" de la no menos famosa Mafalda está intacto para pintar la realidad política y social más terrible, con ese humor agudo que ha hecho reír, emocionar y reflexionar a decenas de miles de personas, dentro y fuera de la Argentina, en los últimos 50 años.

El diálogo con el público en el Malba fue simpático y las respuestas de Quino, imperdibles. Sólo en el buscador Google, Quino tiene 20.300 páginas. Pero Mafalda le gana, con 40.700. Un datito como para asomarse al presente impresentable del libro está en la ilustración de tapa: un diminuto delincuente con gafas negras sale de una lata de tomates y apunta con una pistola a una desprevenida ama de casa en su cocina.Más tarde, durante una charla informal con La Nación, el dibujante dice que en esta recopilación hay muchas páginas sobre asaltantes y guardaespaldas, surgidas de su observación de la cruda realidad.

—¿El presente de la Argentina es también impresentable?

—(Sonríe). No tengo la menor idea de lo que está pasando, porque desde el exterior no se leen ni se ven muchas noticias del país. Desde acá la situación es muy poco definida. Hay mucha confusión. Pero el Presidente me parece bastante más presentable que en otras épocas y, sobre todo, en otras partes del mundo. No me parece que el presente sea impresentable.

—En los últimos años el humor argentino parece haber cambiado. ¿Cómo lo ve usted?

—Yo veo que apareció un cambio de mirada en mis libros. Por ejemplo, en este último hay varias páginas con asaltos, guardaespaldas y ambigüedad sexual. Por suerte, las últimas seis páginas son sobre libros.

—Dice usted que su humor nace de sus miedos. ¿A qué le teme?

—Y... actualmente el mundo se ha convertido en un lugar poco seguro. Así dice el presidente Bush. Pero no dice que eso es gracias a él.

—¿Por qué gente de culturas tan distintas, de la Argentina a China, y de Brasil o México a Grecia, la gente se ríe con sus tiras?

—Por la temática. Como dijo una vez Sábato, es la eterna problemática del ser humano: el amor, la familia, los celos, el sexo, la relación con los amigos, las dificultades económicas. Son temas universales.

—Usted nació en la Argentina y vive entre Milán, Madrid y París. ¿De dónde se siente?

—Yo me siento mediterráneo. Cuando aparecí con mi propuesta distinta de humor, yo venía de una provincia y me había criado en un ambiente de inmigrantes, donde había españoles, italianos, sirio-libaneses. En ese ambiente, era más mediterráneo que argentino.

—¿Y usted de qué se ríe?

—(Sonríe). No sé muy bien y no tengo muchas ganas de pensarlo. No soy de reírme demasiado. Tampoco veo televisión, con excepción de los noticieros, el canal francés y la RAI, para practicar idiomas. Hace un tiempo hice una página que me causó gracia. Era un cementerio con un cartel que decía: "Cerrado por duelo". La estaba dibujando cuando se produjo el atentado de la estación Atocha, en Madrid. Tuve que dejarlo y retomarlo después.

EN RECOLETA. La exposición retrospectiva que se verá en el Palais de Glace, organizada por la Fundación Andreani, abarcará los 50 años de trabajo de Quino, desde su primer dibujo editado en "Esto es" hasta sus más recientes tiras en una revista argentina. Mafalda y sus amigos tendrán en la muestra su propio espacio. Se proyectarán los cortos de Mafalda y los Quinoscopios, que fueron micros de distintos personajes de Quino, que en su momento se emitieron por el viejo Canal 11, hoy Telefé. Habrá también tres charlas con humoristas, escritores y Daniel Divinsky, su editor desde hace 34 años. La muestra será itinerante y recorrerá las principales ciudades del país hasta mediados de 2005.

En el catálogo hay voces de figuras del mundo cultural que opinan sobre Quino. Esta es la de la escenógrafa Renata Schussheim: "Quino es un dibujo en sí mismo; creo que se escapó de sus papeles, se corporizó y está en la vida, con una enorme sensibilidad e inteligencia. Es actual e intemporal al mismo tiempo".

La fama mundial de Quino es irrefutable. Se le atribuye a Gabriel García Márquez esta reflexión: "Después de leer Mafalda, me di cuenta que lo más parecido a la felicidad es la quinoterapia".

Recuerdos de humorista

Con humildad, Joaquín Lavado no deja de expresar su admiración por Fontanarrosa, Caloi, Crist y Rep. Y entre sus maestros cita a Divito, Lino Palacios y Osky. En el Malba hizo reír al público al hablar sobre sus dibujos censurados. "Recuerdo una vez el enojo de un médico a raíz de un dibujo sobre drogas. Un personaje le decía a otro: Y aquí estaba siempre la abuela con sus agujas".

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