Orquesta filarmónica de montevideo
ficha
Concierto dirigido por Gottfried Engels. Solista: Daniel Wolff. Programa: obras de Beethoven y Abel Carlevaro. Sala: Teatro Solís, noviembre 7.
Comenzó el concierto con la cuarta y última versión de la obertura que Beethoven compusiera para su única ópera Fidelio. A diferencia de la mayoría de las oberturas, ésta no es un resumen sinfónico ni tampoco una selección de temas que serán tratados posteriormente en la obra. Se centra específicamente en el personaje de Leonora, dejando de lado a Florestán -el otro protagonista importante de la ópera. El tema inicial sumamente rítmico y enérgico sugiere la idea fija de Leonora de liberar a su esposo Florestán, que se encuentra en prisión. Luego de este tema vendrá en oposición un clima de reposo a través de las cuerdas, donde Beethoven parece presentar la femineidad de Leonora y su ternura conyugal. Para finalizar retoma el pensamiento de ella de liberarlo a cualquier precio.
El director alemán Got- tfried Engels mostró los diferentes temas resaltando los contrastes, sirviéndose de la masa orquestal con un fuerte dominio. Merece destacar la cohesión de las cuerdas especialmente en los unísonos, donde estuvieron sumamente precisas.
El guitarrista Abel Carlevaro compartió en vida tres disciplinas: la interpretación, la docencia y la composición. Lamentablemente predominaron en él las dos primeras, dejando como algo secundario la creación musical. Sus primeros estudios de armonía y contrapunto fueron realizados con el maestro Tomás Mugica. Después se inició en la instrumentación con el maestro Pablo Komlos y finalmente abordó la composición con el maestro Guido Santórsola. El Concierto del Plata es una reelaboración de su Cuarteto para guitarra y trío de cuerdas estrenado en el Estudio Auditorio el 9 de junio de 1971 con el Trío del Sodre. En 1973 Carlevaro amplió la instrumentación para orquesta de cámara y lo tituló Concierto del Plata debido a que en su segundo movimiento, según el propio autor, "se percibe una métrica binaria que evoca en varios momentos la esencia primitiva del tango". Fue estrenado en el Teatro Solís el 16 de junio de ese año, actuando la Ossodre dirigida por el maestro Simón Blech y su autor como solista. En 1982 realizaría con esta misma obra una reducción para guitarra y cuarteto de cuerdas, pasando a llamarse Quinteto. Se estrenaría el 8 de mayo de ese año en la ciudad de San Francisco con el Kronos Quartet. Finalmente en 1998 grabaría esta obra en Ginebra, pero con otro cambio importante: la parte del cuarteto de cuerdas la realizaría el clave, pasando a llamarse Concierto de guitarra y clave. Su reconocida fama como intérprete y pedagogo opacó a su faceta compositiva. Tal vez el juicio emitido por el crítico Roberto Largamilla fuera acertado cuando expresó: "Sus composiciones tienen mucho más interés guitarrístico que musical. No obstante su música puede ser contada entre la mejor producción nacional de estos últimos tiempos".
Daniel Wolff dio una idea acabada de la obra, haciendo uso de una técnica depurada y con una excelente sonoridad, sin que esto fuera en desmedro de los clímax alusivos de la obra. Por su lado la orquesta ahora reducida acompañó dignamente al solista, salvo en algunos pasajes del segundo movimiento, donde hubo algunas imprecisiones en las partes fugadas. Tal vez esto se deba a que normalmente a las obras de autores nacionales se les concede menos ensayos.
Después del intervalo se escuchó la sinfonía Heroica de Beethoven. En ella el compositor se libera de las formas impuestas por el clasicismo, imponiendo su personalidad idealista. Fue inicialmente dedicada a Napoleón Bonaparte, en quien creyó ver al líder del respeto a la dignidad humana. Desengañado por el comportamiento vanidoso y fatuo de Napoleón al coronarse emperador, borra la dedicatoria y la obra queda compuesta "en memoria de un gran hombre". El idealismo de Beethoven le lleva a escribir una partitura que, lejos de obedecer a ningún concepto de heroísmo militar, se inspira en lo heroico de la misión espiritual y al servicio de esta idea compone la música épica, majestuosa, dramática y vigorosa de una sinfonía que, por primera vez, incluye en su segundo movimiento una marcha fúnebre intensamente sentida. Uno de sus discípulos relata que cuando Napoleón fallece en 1821, el genio de Bonn expresó: "Hace 17 años, que compuse la música para esta ocasión". Entre las particularidades de esta sinfonía destacamos su originalidad en el desarrollo, su riqueza y expresión temática, que generó una extensa duración de 50 minutos, algo inusual para su época. El director Engels supo transferir el espírito beethoveniano a la orquesta, que le respondió con gran entusiasmo expresivo. Su géstica precisa y controlada consiguió encauzar la fuerza orquestal hacia los encadenamientos de los clímax tan característicos en Beethoven. El público demostró su beneplácito aplaudiendo fervorosamente la magnífica interpretación.