La película maldita de un ganador

Hace un año que "Main street" está terminada pero nadie la quiere

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GUILLERMO ZAPIOLA

¿Alguien puede imaginar que exista una película reciente del último ganador del Oscar a mejor actor que nadie quiere distribuir? Ya se sabe que pasan cosas raras en el mundo del cine, pero ésta es un récord.

Todo indica empero que Main Street, título de la película en cuestión, es uno de esos proyectos que nacen con el pie equivocado. Tiene un elenco interesante: no solamente el oscarizado Colin Firth, sino también la espléndida Ellen Burstyn, Patricia Clarkson (esa suerte de musa del cine independiente) y el más insulso pero bastante estelar Orlando Bloom, quien al menos ha estado en la franquicia de Piratas del Caribe.

La película, que cuenta una serie de historias entrecruzadas en un ambiente de pueblo chico de Carolina del Norte, pareció ser, al menos al principio, la "labor de amor" de un productor, Thom Mount, que tiene su prestigio y se tomó todo el tiempo del mundo para volver al cine con un proyecto que claramente le interesaba y que no implicaba, además, un presupuesto desmesurado: diez millones de dólares son una bicoca en Hollywood, una industria que suele gastar cientos de millones para no contar nada.

TRAYECTORIA. A los veinticinco años Mount ocupaba un puesto ejecutivo clave en los estudios Universal, y estuvo detrás de proyectos ambiciosos como Psicosis II, Desaparecido (1982) de Costa-Gavras o Scarface (1983) de Brian De Palma. En 1983 se convirtió en productor independiente y financió películas como La bella y el campeón (1988), Frankenstein, perdido en el tiempo (1990) de Roger Corman, Asesinos por naturaleza (1994) de Oliver Stone, y por lo menos tres proyectos de Roman Polanski: la fallida Piratas (1986) y las más interesantes Búsqueda frenética (1988) y La muerte y la doncella (1994). La leyenda hollywoodense sostiene también que Mount fue el personaje real en el que Robert Altman se inspiró para crear al protagonista de su sátira sobre Hollywood Las reglas del juego (1992). Sea cierto o no, no hay duda de que Mount debe ser un tipo interesante, por lo menos.

Ello lleva a preguntar por qué todo parece haber estado saliendo mal en Main Street. Sobre el papel al menos, se trataba de un proyecto que Mount encaró con cuidado. Ha estado trabajando en él cerca de diez años, y contrató para escribirlo a un guionista prestigioso: Horton Foote, cuyos créditos en la pantalla incluyen las adaptaciones de Matar un ruiseñor, 1962, director Robert Mulligan; La jauría humana, 1966, de Arthur Penn; Lo que trae el mañana, 1967, de Otto Preminger; El precio de la felicidad, 1983, de Bruce Beresford y dos premios Oscar (por Matar un ruiseñor y El precio de la felicidad).

Mount se empeñó en que la acción transcurriera en su pueblo natal de Durham, donde también transcurría La bella y el campeón.

El nombre de Foote le sirvió a Mount para llamar la atención de otros talentos. El director John Doyle es un debutante en cine, pero tiene una fama previa como hombre de teatro y ganó un Tony por la dirección del relanzamiento en Broadway del musical gótico de Stephen Sondheim Sweeney Todd. Y en el papel al menos, el elenco parecía poco menos que ideal: Firth, Burstyn, Clarkson. A lo sumo puede expresarse alguna desconfianza con respecto al demasiado blando Bloom. No se podía fallar.

Y sin embargo, empezaron las fallas. La muerte de Horton Foote al comenzar el rodaje no fue necesariamente un imprevisto (el hombre tenía 92 años) sino cosa de Dios o del Destino, pero permitía, un poco cínicamente, incluir en el `poster` la frase "el último trabajo de Horton Foote". Alguien ha observado ya que de todos modos es una molestia que el libretista muera, porque no se lo puede consultar con respecto a eventuales cambios que surgen en el correr del rodaje.

Después vino la crisis económica del 2008, y Mount se vio obligado a salirse del proyecto. La película quedó en manos de sus más jóvenes e inexperientes socios.

Ya es un mal síntoma que la postproducción se demore porque el material filmado debió pasar por las sucesivas manos de diversos montajistas. El dato suele sugerir que los productores no tienen mucha idea de lo que tienen, o qué quieren hacer realmente con ello. Y hubo todavía otras chambonadas a la hora del lanzamiento.

ERRORES. Por alguna metida de pata oficinesca, no llegaron a tiempo para conseguir una exhibición en el festival de Sundance, y tuvieron que conformarse con muestras de segundo orden como Austin, Indianápolis o Sedona (varios lectores van a salir corriendo en busca de un mapa para averiguar dónde queda Sedona: es una ciudad de Arizona cuya fama más notoria deriva de que allí ocurren al parecer más fenómenos psíquicos y apariciones de ovnis que en otros lugares del planeta).

Una presentación en el mercado en Cannes tampoco fue muy afortunada, y la crítica (no muy abundante) ha sido en general negativa: se le señala al film cierta confusión narrativa, y se le echan las culpas por lo general a la edición. Pero ya se sabe que los montajistas suelen ser los chivos expiatorios. Las inconsistencias de montaje suelen ser un intento desesperado por cubrir baches de guión.

Por ahora, tras el Oscar de Firth, los productores están colgando imágenes de su film en YouTube y confiando en que alguien se interese en ellas. Si no consiguen distribuidor, es muy probable que Main Street termine saliendo directamente en video, aunque casi seguramente los `posters`, en lugar del nombre de Horton Foote, digan algo así como "el trabajo más reciente del actor ganador del Oscar".

Trabajos futuros

Con éxitos ("El discurso del rey") y tropiezos (Main Street), Colin Firth no se detiene. Actualmente tiene en postproducción una versión cinematográfica de El topo, la clásica novela de espionaje de John Le Carré. También se dispone a rodar una `remake` de la comedia de suspenso Gambit (en el papel que antes hizo Michael Caine), y tiene en producción Stoker, otro asunto de suspenso dirigido por el coreano Park Chang Wook.

Algunas maldiciones de la pantalla grande

Freaks

1932

Una obra maestra del cine gótico, interpretada por auténticos fenómenos de circo. Es uno de los mejores films de Tod Browning, pero su chocante tema hizo que muchos exhibidores no quisieran proyectarla.

Martín Lutero

1953

Un caso extraño en el Uruguay laico. Ninguna sala de estreno quiso dar esta biografía muy hagiográfica del inventor del protestantismo, y se la estrenó en el Capri, un cine de barrio que solía exhibir material de matinée.

Che!

1969

La Fox no supo muy bien qué hacer con este dislate donde Omar Sharif es el Che y Jack Palance un Fidel que hay que verlo para creerlo. En Uruguay duró dos días. Un grupo de izquierda incendió la cabina del cine.

Yo te saludo María

1985

Modernización godardiana de la Historia Sagrada, más inofensiva y tonta que blasfema. Escandalizó sobre todo a quienes no la vieron. La exhibición uruguaya la rechazó, pero nadie dijo nada cuando la estrenó Cinemateca.

El gran pintor de las oscuridades de la América profunda

Albert Horton Foote Jr. había nacido en Wharton, Texas, el 14 de marzo de 1916, y murió en Hartford, Connecticut, el 4 de marzo de 2009, mientras supervisaba el rodaje de Main Street.

Al principio quiso ser actor, pero lo suyo era la escritura. Como dramaturgo y guionista televisivo y cinematográfico fue, supremamente, el pintor por antonomasia (y a menudo el crítico) de los ambientes y las mentalidades de la América profunda. Quizás por eso se sintió cómodo describiendo en su drama El joven de Atlanta los desconciertos de un matrimonio que descubre que su hijo, recientemente muerto, era `gay`, y supo pintar en cine los cuadros de racismo y violencia de películas como Matar un ruiseñor, La jauría humana o Lo que trae el mañana. Se lo ha comparado con Faulkner, aunque adaptó a Stein- beck en La fuerza bruta (1992).

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