GUILLERMO ZAPIOLA
Lo había hecho con Vietnam y ahora vuelve a hacerlo con Irak. El conflicto bélico está resumido a través de una peripecia de unos pocos personajes en "Samarra", film de Brian De Palma que se estrena mañana.
Es inevitable recordar Pecados de guerra (1989), del mismo De Palma, que se centraba en torno a una patrulla norteamericana que violaba y asesinaba a una joven vietnamita, al repasar el argumento de esta película más reciente del director de, entre otras, Carrie (1976), Vestida para matar (1980), Doble de cuerpo (1984), Los intocables (1987) y Atrapado por su pasado (1993). Aquí se trata de Irak, pero está también la violación de una adolescente, a la que se añaden el asesinato de su familia y la censura militar a los medios de comunicación que denuncian ciertas atrocidades.
Este último aspecto generó algunas polémicas en los Estados Unidos, donde la prensa conservadora y partidaria de la guerra en Irak (una postura hoy minoritaria) llegó a tachar al cineasta de "traidor" y hasta a responsabilizarlo de eventuales futuras muertes de soldados norteamericanos por parte de resistentes que, al parecer, necesitarían "darse manija" con películas de Hollywood para discrepar con la invasión.
Sea por calidades cinematográficas, sea por motivos políticos (que ambos factores influyen en los veredictos de los jurados de los festivales de cine), el dato es que Samarra le valió a De Palma un León de Plata a mejor director en Venecia.
El film en sí mismo (y, de hecho, toda una tradición de cine de denuncia) ha podido generar por otra parte una polémica acerca de la "ética de la imagen" (¿dónde están los límites? ¿dónde termina la necesidad de exhibir la crueldad y la violencia para fundamentar un alegato, y dónde empieza la exploración de esa misma crueldad que se pretende cuestionar?), pero esa es, si se quiere, también, una discusión extracinematográfica o por lo menos periférica. La crítica ha preferido llamar la atención sobre los procedimientos técnicos de De Palma, en la frontera entre el documental y la ficción. El film entrecruza videos de guerra caseros, blogs, diarios y material publicado en Internet, que reflejan los cambios en la forma en que los medios cubren el conflicto. El elenco se integra con gente poco conocida y de origen televisivo como Robert Devaney, Izzy Diaz y Patrick Carroll.
La polémica es uno de los objetivos del film, y en ese sentido al menos todo indica que ha sido un éxito. En la página web La Butaca, el crítico Miguel Delgado afirma que "De Palma es valiente, porque trasciende del mero hecho concreto para apuntar una reflexión de más profundo calado, y que afecta al modo en cómo captamos lo que sucede a nuestro alrededor". Su colega Albert Meroño Peñuela comparte el punto, definiendo a Samarra como "un largometraje que nos grita al oído la naturaleza cruel, visceral y errónea de la realidad. Decididamente, la transgresión en cuanto al método existe. Por más que leamos sobre Abu Ghraib, Samarra o Guantánamo, no hay como verlo con los propios ojos". José Arce comparte el punto: "De Palma nos muestra todo como es, sin trampa ni cartón y sin ocultar toda la repugnancia de la guerra, yendo mucho más lejos que en Pecados de guerra". Almudena Muñoz Pérez es menos entusiasta, y objeta la paradoja de "un artefacto que se hace pasar por creíble tras sus hechuras de ficción corriente y moliente". De todos modos la discusión está servida, y eso debería dejar satisfecho a su autor.