Basta repasar ligeramente la historia del siglo XX para advertir que, por largos ciclos, las relaciones franco-alemanas jamás pudieron dar tema con destino a un prólogo del "Manual para la perfecta armonía internacional". En ese lapso, los germanos tenían la costumbre de entrar en Francia como Perico por su casa y quedarse a vivir allí a su antojo, despertando la hostilidad de la población. Sellada la paz de la Segunda Guerra Mundial en 1945, sobrevinieron décadas de miradas de reojo entre sí y, posteriormente, fueron surgiendo progresivos reacercamientos impuestos por las circunstancias, que han ido suavizando los contactos, culminando actualmente con "la pareja Merkozy", que concede a Angela Merkel la gracia de la primera sílaba, y el complemento de las dos restantes a Nicolás Sarkozy. Una y otro están trabajando juntos, tratando de que Europa demore unos meses más en despeñarse: y en esa actitud componedora en permanente evolución, los diálogos de los gobernantes -algunos muy privados- se agregan a las reuniones de las Cumbres, a las que no dejan de asistir: el francés, con su nariz (verdadero palacio del estornudo): y la alemana, con su chaqueta soldada al cuerpo, que parece encoger mientras ella se la saca para dormir, y al día siguiente le queda un poco más ajustada. Aunque este par de detalles sea aleatorio, resulta oportuno mencionar que tanta intimidad ha despertado celos en Carla Bruni, a punto tal que la primera dama del Elíseo no recibió de buen grado el obsequio que, a raíz de su alumbramiento, le hiciera llegar doña Angela: un osito de "pelouche" para el angelito. En verdad, no tiene lógica la "celosía", pues las diferencias físicas son notorias a favor de Carla: en tanto la Merkel es un acorazado de bolsillo de creación alemana, la Bruni cautiva por su aspecto seductor de "camión", según feliz definición de nuestro presidente cuando aludió al mal dormir de su colega francés, que lo condujo al disparate de introducir al Uruguay en la selecta nómina de "paraísos fiscales". Pero, el hecho dominante por estos días es el que se habría producido durante una sesión de la Cumbre económica, en que Sarkozy tomó una chaqueta que la teutona (¡ojo! que no se escape la "u"!) había desplegado en el respaldo de su sillón, y se la calzó risueñamente ante las sonrisas de los reporteros gráficos que no perdieron la ocasión de registrar la escena para su difusión mundial. Urgentemente, el "Nico" mandó requisar ese material fotográfico y se frenó la publicación. Al saberlo Carla, su reprimenda fue cortante: "Vas bien vos: como si fuera poco el deterioro de tu imagen, ahora te mandás esta payasada".