La decente culminación de una saga que se volvió leyenda

 20110714 781x600

HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE - PARTE 2

ficha

EEUU/Reino Unido 2011. Título original: Harry Pötter and the Deathly Hollows - Part 2. Dirección: David Yates. Guión: Steve Kloves, sobre novela de J.K. Rowling. Fotografía: Eduardo Serra. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Ralph Fiennes.

En la función de "avant premiére" de esta última entrega de la saga de Harry Potter realizada el pasado miércoles en uno de los MovieCenter, una platea repleta aplaudió cada irrupción de los héroes, abucheó a los villanos, comentó con alguna picardía el fugaz beso de un par de jóvenes enamorados, se emocionó cuando pareció que el Mal podía triunfar, y celebró como era debido algunas apariciones sorpresa y la vuelta de tuerca final que permitió que el orden se restableciera. Fue como viajar en el túnel del tiempo, y encontrarse de pronto en una matiné de barrio de los años cincuenta.

Valoraciones estéticas a un lado, el fenómeno tiene su explicación. Una generación de lectores y espectadores cinematográficos ha crecido con Harry Potter. El primer libro se publicó en inglés en 1997, la primera película salió en el 2001. Siete libros se convirtieron en ocho películas en una década, y al igual que sus admiradores, su héroe también ha crecido y ha vivido (como aquellos) su proceso de madurez. Ha quedado muy atrás aquel niño inseguro que quería saber de dónde venía, y sobre todo a dónde podía llegar la primera vez que arribó a la Escuela de Magia de Hogwarts. El Harry Potter que enfrentó finalmente al pérfido Lord Voldemort en esta última aventura es mayor, tiene un control mucho más nítido de lo que le ocurre, y llega al combate decisivo con un mejor conocimiento de la vida (no solo de la magia). Se encuentra en la misma situación de sus seguidores.

Es fácil desdeñar a Potter (el otras veces respetable Harold Bloom lo ha hecho en algunas de sus páginas menos felices), pero ahora que la saga ha terminado convendría tratar de entender mejor las razones de su éxito. Las meras operaciones de `marketing` no lo explican todo. Una de las explicaciones está en los libros: hay ciertamente por ahí mejores escritores que Rowling, pero hay que reconocerle a esa mujer una habilidad para reciclar viejos mitos, pensar la serie como un todo, elaborar cada capítulo como una historia autosuficiente y que al mismo tiempo añade un eslabón a la cadena, y colocar por lo menos una vuelta de tuerca inteligente al final de cada uno de los tomos. Cada año en Hogwarts ha sido, al mismo tiempo, reencontrarse con viejos amigos y ver cómo el tiempo los cambia. Lo mismo que al lector.

Los libros son por cierto desparejos (algunos de ellos pecan de demasiado verbosos), y la serie cinematográfica ha sido igualmente irregular, desde el sentimentalismo de Chris Columbus a la imaginación gótica de Alfonso Cuarón. Pero, globalmente, hay que reconocer que sus productores han sabido hacer las cosas, a veces respetando los originales, a veces alejándose de ellos (para enojo de los más fanáticos de los originales impresos).

Esta entrega final no está, probablemente, entre lo mejor de la serie, pero es un decente remate. Su problema radica acaso en la decisión de convertir el último libro en dos películas (el pretexto es poder abarcar mejor la novela; el motivo real, hacer una película más y seguir recaudando) que en realidad son una sola, y que se tomó su buen tiempo (la Parte 1) en establecer los personajes y la intriga. La Parte 2 es el final y, literalmente, el Gran Final, con movimiento, ruido y cosas que explotan, pero menos interés humano (alguna vuelta de tuerca no del todo imprevisible resulta agradable, por cierto). Por supuesto, el diseño de producción es excelente, varias aunque no todas las secuencias de acción están estupendamente resueltas, y la fotografía de Eduardo Serra merece elogios aunque la 3D se confirme como una inutilidad. Una buena despedida. Vamos a extrañarte, Harry.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar