La danza resucita en el cine

Jorge Abbondanza

Pina Bausch fue la mayor personalidad de la danza contemporánea durante la segunda mitad del siglo XX. Con la compañía que había formado en la ciudad alemana de Wuppertal -el Tanztheater- alcanzó una consagración mundial, manejándose con la sencillez y el despojamiuento que a veces caracterizan a ciertas formas culminantes de la creación artística. Su estilo de danza tuvo una apariencia muy suelta, desenfadada y risueña, donde la disciplina parecía borrarse para liberar el cuerpo de sus bailarines como si se tratara de un juego, transmitiendo la sensación de una expresividad enemiga de todo alarde técnico y todo virtuosismo encorsetado, para exaltar la alegría del movimiento y sobre todo el buen humor.

De esa manera esta artista nacida en Solingen en 1940, prolongó la tradición renovadora de la danza que provenía de Balanchine y se había enriquecido con gente como Merce Cunningham o Twyla Tharp. Pero aún frente a esos grandes colegas, el soplo que Bausch contagió a su elenco fue un prodigio único, que afortunadamente el cine ha registrado en una película -titulada Pina- anunciada para estrenarse el viernes 25 en Montevideo. Ese filme existe gracias a su amigo el realizador Wim Wenders, que comenzó a prepararla en vida de la coreógrafa y resolvió seguir adelante con el plan luego de la repentina muerte de Pina en junio de 2009. Lo notable no es solo el material que contiene, con algunos pasajes deslumbrantes, sino además el hecho de que está filmada en 3D.

El espejismo de esa tercera dimensión es en el caso algo más que una pirueta mecánica o un trampantojo. Es el recurso visual para que los espectadores compartan el valor del espacio escénico en los despliegues de la danza, permitiendo que ese público no sólo contemple sino que también se sumerja en las evoluciones de los cuerpos, sintiéndose envuelto por ellos. Y así el documento sobre algunas obras de la creadora, se convierte en una experiencia doblemente viva que podrá espantar a los espíritus conservadores, pero resultará irresistible para todos los demás.

Lo sorprendente es la independencia absoluta (y hasta el atrevimiento) con que la maestra volcaba sus ideas en el trabajo, hasta obtener un producto que trasluce en la danza muchas insinuaciones sobre la naturaleza humana, desde el conflicto amoroso o la agitación social hasta la desolación o la violencia. El público local podrá comprobarlo dentro de cinco días en este valioso testimonio, que es el mejor homenaje a la imaginación y el ingenio de una mujer sin par.

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