La clave de todo está en la ostentación

MATÍAS CASTRO

En la entrevista publicada ayer en este diario, el comediante y actor argentino Diego Capusotto habló sobre Ricardo Fort. Entre otras cosas, dijo que considera los suyo como un fenómeno mediático, más que social. Esto quiere decir que el sustento de la fama y la popularidad de esta figura, que acaba de llegar a Uruguay con su obra de teatro, se apoya más en las necesidades de los medios que en las del público.

Fort nació a la fama en un medio ideal, construido a su medida: el mundo de la farándula porteña. Uno de sus mayores trucos publicitarios ha sido el de la ostentación. Ya sean sus músculos, su ropa, su dinero, sus autos (ayer se presentó ante la prensa de Montevideo con su Rolls Royce y sus motos), sus viajes, sus fiestas, sus negocios en Miami, su discutida ambigüedad sexual… todo ha sido elemento de exhibición y herramienta publicitaria. Pero eso, que lo hace único, también es su denominador común con buena parte de la farándula, porque todo se apoya, en buena medida, en la ostentación. Las vedettes son el mayor ejemplo de que la clave es ostentar de la forma más voluminosa posible.

Wanda Nara es un buen ejemplo de esto. Apareció mostrando su cuerpo y sus ambiguas historias sexuales y recorrió un trayecto relativamente corto hasta convertirse en una madre adinerada que exhibe su triunfo en las revistas y la televisión. Nara no tiene problema alguno en decir cuánto cobra por presentarse en una discoteca como cara famosa, como fabricó intencionalmente el escándalo por una ficticia relación con Maradona, o que bien se siente por su "éxito" en la vida.

El tema de la fama siempre tiene que ver con la venta de una imagen y una fachada. Es algo que no solo habla de quien compra esa imagen sino también de quien la produce y de quien media en esa transacción.

Para que todo esto se dé, se necesita la ostentación. Ya sea dinero, cuerpos impactantes o actitudes, es lo que mueve a estas figuras.

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