La cadena invisible y los riesgos que corre

Se sabe que la cadena ecológica es muy delicada y que si falta uno de sus eslabones se altera el equilibrio del medio natural que ella preserva, poniendo en peligro el complejo mecanismo de la biodiversidad. Con la cadena artística que sostiene el funcionamiento del teatro, la música, la plástica o el cine, ocurre lo mismo y permite pensar que una ruptura en cualquiera de sus secciones amenazaría la marcha de todo el circuito. Ese riesgo no alarma a la mayoría de la población y seguramente no perturba a la clase dirigente, pero a pesar de tales sorderas la actividad artística también es una cadena cuya magnitud, riqueza y fragilidad escapan a la comprensión de mucha gente. Tomando en cuenta a la pintura, por ejemplo, cabe razonar que si ella falta provocaría la desaparición de una masa de artistas. Si los artistas no existen, se apagaría una de las fuentes sensibilizadoras del público. Sin sensibilización se agotaría la demanda popular en esas áreas y los museos dejarían de existir. Si los museos se cierran, acabarían con uno de los grandes estímulos para el movimiento turístico. Si el turismo decae, se debilitarían los recursos económicos de grandes países que cuentan con semejante ingreso. Al dejar de funcionar ese intercambio de viajeros, se empobrecería el conocimiento recíproco entre países y hasta la armonía de esa relación internacional.

Dicho rosario de quebrantos se parece al descalabro que podría recaer sobre el ecosistema si desaparecieran los insectos o las aves de un bosque, calculando el efecto que ello tendría sobre ese marco vegetal. Pero si no resulta fácil despertar el interés de la gente por un sombrío pronóstico de la naturaleza, más difícil sería conmover a esa misma gente ante la eventualidad de un cataclismo artístico. Se ha perdido demasiado tiempo permitiendo que la opinión pública crea en el valor prescindible del arte, en su condición meramente ornamental, en el papel de lujo superfluo que puede tener o en servicio cosmético que presta a la sociedad según los displicentes. Al hablar con los profanos a menudo es imposible destacar la importancia enriquecedora que tiene la hermosura, la maestría o la intensidad que el arte puede volcar en un medio, porque esas ideas se volatilizan antes de despertar la atención colectiva, sin la cual ninguna actividad humana puede afianzarse.

Los seres más responsables, empero, deberían pensar un poco en los riesgos que pueden afectar a esas cadenas culturales, como también convendría pensar en las especies que desaparecen o en las selvas arrasadas, todo lo cual amenaza (en tantos sentidos) el futuro de los hombres. La ecología no se agota en la prevención del calentamiento global.

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