SEBASTIÁN AUYANET
El rapero y productor de Chicago, por lejos el hombre más inquieto del rap de hoy en día, ya tiene un pie afuera del género. Su cuarto disco, un viaje dedicado a exorcizar el dolor por dos pérdidas, trasciende varias fronteras y viaja directo al pop.
Si se conoce más o menos la historia de Kanye West, el ánimo de 808 & Heartbreak, cuarto disco de su carrera, no llama demasiado la atención.
Hace un año, Donda, su madre, murió a causa de una complicación en una cirugía estética que él mismo le pagó. Donda era jefa del departamento de inglés de la Universidad Estatal de Chicago. Renunció para irse con su hijo a Los Angeles y se fue a practicar una reducción de pechos. "La perdí por culpa de Hollywood", dice el rapero y productor, quien obviamente también se hace responsable de esa muerte.
No es una exageración decir que Kanye West es uno de los artistas más completos e interesantes de la música actual. Lo que otros imponen a fuerza de ventas, él lo iguala y supera en ese nivel, y también en el artístico. Late registration, segundo trabajo de su carrera, es un espectacular rejunte de sonidos "retro" y otras influencias saltadas sobre una base de hip hop clásico. Esa fue la primera vez que este rapero fue comparado con los Beatles, una de sus bandas favoritas.
Se dice que Late..., un disco editado en 2005, es el Álbum Blanco del rap. Y según la prensa de esos días, el salto de calidad que daba West en ese momento desde su aceptable College dropout -una argumentación irónica en desmedro de la educación secundaria, producida por él mismo en 2004- era notorio.
West ya tenía un nombre dentro del rap. Conocido como un genio de estudio desde años antes de su debut, uno de sus trabajos más importantes fue con el legendario Jay-Z en la canción Izzo (H.O.V.A.). Desde ahí, se afirmó como un artesano de ritmos sofisticados, amables y lejos de la reverencia a los revólveres, las drogas y el "bling-bling" (término de raperos para aludir a las cadenas de oro). Con el también popular y recaudador 50 Cent en esa esquina y West en la variante más "pop" del estilo, se marcaron aún más dos posturas casi antagónicas: el "Gangsta" (deformación del término "gángster") y el "Mellow", asociado a temas más radiables y en el que Kanye se afirma como maestro.
Con Graduation, editado el año pasado, West terminó una especie de "trilogía de la educación para la vida" y se posicionó como un creador fuera del gueto del hip hop. Convocó artistas de tendencia a nivel mundial como el dúo francés de música electrónica Daft Punk, y otros consagrados como Chris Martin. Ese disco se convirtió en uno de los trabajos del año, y gracias a él se volvió una referente mundial. Además de encabezar el cartel del prestigioso Festival Lollapalozza, se dio el lujo de cerrar junto a Jaz-Z el de Glastonbury, el encuentro definitivo de la música inglesa en el que antes se consagraron bandas como Oasis, Radiohead y varias leyendas del Britpop. Además de las siempre necesarias cifras de venta (lleva 12 millones de discos vendidos en el mundo), West tiene apilados en su casa diez Grammy. Eso, sumado a las constantes invitaciones a producir o cantar en discos de Madonna, Michael Jackson, Beyoncé o Janet Jackson son las cosas que alimentan su otra faceta notoria.
Es que, como buen rapero, Kanye tiene un componente más desarrollado que su musculatura (física o artística): la soberbia. Consciente del talento que posee, Kanye es para muchos un representante de la clase media segura de sí misma, y para otros un bocón presuntuoso e insoportable. Una frase lo pinta más que cualquier adjetivo: "Soy negro, soy de Chicago y tengo mucho de realista, pero, como el artista de hip hop más importante del mundo ahora mismo, quiero hacer una declaración en contra de ello con un disco que suene así. Es lo que siempre he hecho, salirme de la norma".
El disco al que refiere West en esa entrevista con El País de Madrid es 808 & Heartbreak. Un álbum en el que, según él dice y se confirma al escuchar, se aleja del hip hop para hacer algo que él llama "pop-art" (nada que ver con Warhol y el arte visual) o bien podría ser llamado "hip pop". West hace introspección para llorar la pérdida de su madre y purgar una segunda: la reciente ruptura de su compromiso con Alexis Phifer, una reconocida diseñadora de ropa que mantenía a Kanye vinculado a su otra pasión: trabajar firmando colecciones para marcas como Louis Vuitton.
En lo musical, el despegue de West es evidente, una vez más. Cuerdas y samples sombríos salen para dejarlo cantar mientras deja que el milagroso Autotune corrija sus aún no resueltos problemas de afinación y le sume efectos similares a la voz de la cantante Cher cuando regresó años atrás. West: "Le puse ese nombre al disco porque todos los sonidos de percusión están hechos con el TR-808 de Roland, que fue muy popular en los ochenta. La mayoría de los aparatos de percusión artificial usa muestras de instrumentos de percusión reales tocados por personas, pero el Roland no lo hace, por lo que el disco tiene ese sonido típico de la MTV de esa época".
Para West, el rap se terminó. Es la única forma que tiene, según explica, de llegar a estar entre sus ídolos: los Rolling Stones, los Beatles o Jimi Hendrix. "Me doy cuenta de que, por mi posición y lugar en la historia, se me recordará como la voz de una generación".
Ese regreso a las fuentes tuvo que ver con artistas pop que lo conmovían: Boy George, Madonna, Peter Gabriel o Phil Collins. "Fíjate en todos esos grupos guitarreros independientes que miran a la música pop por encima del hombro. Yo les preguntaría esto: `Quieren que una canción suya sea un éxito y que todo el mundo la escuche? Fíjense en Britney Spears y en la forma en que la gente habla de ella. Si no te gusta es que te estás equivocando por completo`".
Lil` Wayne, otro tapado que apunta para revelación mundial
El lugar que el año pasado ocuparon Amy Winehouse y el propio West será ocupado este año por este rapero de New Orleans que, para no ser menos que el resto, se ha tildado a sí mismo de "mejor rapero vivo sobre la tierra".
Lo cierto es que Wayne, que ya arrasó en los últimos premios MTV, llegará a la cita del 9 de febrero con ocho nominaciones a su favor. En realidad, Dwayne Michael Carter se volvió famoso en el año 2004, cuando comenzó su trilogía llamada Tha Carter.
Y este nuevo disco viene colgado de un "hit" que se propagó por las radios de todo el mundo, llamado Got money. Gracias a esa canción y a otras como Lollipop, Tha Carter III vendió un millón de copias en su primera semana en las tiendas de discos.
Lo de Wayne es rapeo puro. Sobre las bases que definieron diecisiete productores artísticos (Kanye West entre ellos), Wayne soltó sus versos. Siendo denominado por la Rolling Stone como "el disco más anticipado de 2007", cuando se retrasó su llegada por problemas de filtración por internet, tres canciones de ese disco se metieron en el top ten del ranking de la Billboard.
Los tres trabajos de un genio musical graduado
The College dropout
2004
El desembarco. Aún no se ve a un West afinado como cantante, pero sí aparece su mano para la producción, algo que ya se le había visto trabajando con otros.
Late registration
2005
Ironía contra la enseñanza universitaria y canciones que se vuelven hits instantáneos. West se comienza a transformar en un asiduo a los premios Grammy y a copar portadas.
Graduation
2007
Acompañado de artistas europeos y samples viejos, West define piezas ideales para discoteca con un sentido de la tendencia poco visto. Llegaron más Grammys.