Humor y sorpresa de la infancia

CRITICA | GUILLERMO ZAPIOLA

Tim Burton debió pasar una parte importante de su niñez o adolescencia leyendo a Roald Dahl, y en todo caso es seguramente el director ideal para llevar al cine el imaginativo universo literario de ese autor. De hecho, Burton ya estuvo vinculado indirectamente a una adaptación de Dahl (su colaborador Henry Selick dirigió el film de animación Jimmy y el durazno gigante), pero ésta es la primera vez que el realizador de El joven manos de tijera, Batman y Ed Wood encara directamente la traslación a la pantalla de uno de los más populares relatos del excelente escritor noruego- británico.

Fantasioso, imaginativo y a veces ligeramente cruel, con esa crueldad que encanta a los niños inteligentes y las maestras detestan, Dahl fue también un buen psicólogo y a su manera un moralista, aunque evitara los sermones y los editoriales. Una de sus virtudes fue la de no subestimar a sus lectores menores de edad... ni idealizarlos, y ese dato asoma en Charlie y la fábrica de chocolate, donde la dosis de bondad, generosidad y heroísmo infantil aparece encarnada por un verosímil veinte por ciento de los niños involucrados en la historia, es decir uno en cinco: los otros cuatro son unos insoportables, y cuento y película se las arreglan para darles una lección. Acaso caricaturizando un poco, el film pone en su sitio a glotones, arribistas, malcriados y monos sabios que desprecian a los demás.

Hay algo de viaje iniciático o novela de aprendizaje en el relato original y en el film: los cinco ganadores del concurso "visite la chocolatería de Willy Wonka" son enfrentados a una serie de pruebas, y salen a relucir lo bueno y lo malo de cada uno. Cuatro pierden, y son castigados justamente a través de lo que puede denominarse "su defecto" (o pecado). En medio de todo, una dosis de ironía inclusive, se trata de un cuento moral, y los números musicales que rematan cada uno de los "castigos" operan como comentarios al respecto.

Para Burton es también la oportunidad de sacarse algunos gustos personales. Uno de ellos es la invención de un mundo fantástico poblado de seres extravagantes y varias sorpresas, que remite a El joven manos de tijera o La leyenda del jinete sin cabeza y se apoya en un esmeradísimo (e inventivo) diseño de producción que incluye cataratas de chocolate líquido, plantas de crema batida y arbustos que producen dulces y caramelos. Otro es la posibilidad de homenajear a alguno de sus admirados maestros del cine de terror: en El joven manos de tijera había sido Vincent Price, aquí es Christopher Lee (el homenaje cinéfilo incluye también una secuencia que remite a 2001, Odisea del espacio de Kubrick, con la obertura de Así habló Zaratustra de Richard Strauss en la banda sonora).

En ese universo que aparentemente sería el sueño dorado de un niño late una nota de ambigüedad y amenaza. Es por lo menos una broma adicional que la extrema palidez del maquillaje de Johnny Depp, su corte de pelo, sus lentes negros y su ropa extravagante hagan de él un sosías de Michael Jackson, sin casualidad rodeado de niños. Pero es justamente a través de ese individuo que tiene que lidiar con su lado "oscuro" que Burton y su guionista John August introducen acaso su elemento más personal y ajeno a Dahl: un conflicto paterno-filial que se resuelve con una dosis de emotividad y reivindicación de los valores familiares (para enterarse de lo que el escritor opinaba de algunas familias, por lo menos, leer o ver Matilda de Danny de Vito). Hay que entender que Burton y su equipo están haciendo su película para toda la familia en una sociedad donde están predominando valores conservadores, pero acaso también ocurra que el director (quien ya trabajó con August en El gran pez, donde había otro padre y otro hijo que intentaban entenderse cuando quizás fuera demasiado tarde) esté ajustando cuentas con fantasmas personales.

Quien no quiera meterse en esas honduras puede apreciar de todos modos un pasatiempo infantil de verdadero buen nivel, con una historia divertida, dosis de humor y sobresalto, esplendores de dirección artística y un elenco extremadamente competente. La copia vista por este cronista al menos estaba doblada al español, lo cual resulta una molestia lateral: quien no tenga que acompañar al cine a un chico muy chico debería tener la oportunidad de verla (y oírla) subtitulada.

CHARLIE Y LA FABRICA DE CHOCOLATE

Charlie and the Chocolate Factory

Director. Tim Burton.

Libreto. John August, sobre relato

de Roald Dahl.

Fotografía. Philippe Rousselot.

Música. Danny Elfman.

Vestuario. Gabriella Pescucci.

Productores. Brad Grey, Richard D. Zanuck,

Patrick McCormick.

Elenco. Con Johnny Depp, Freeddi

Highmore, David Kelly, Helena Bonham

Carter, Noah Taylor, Missi Pyle, James Fox,

Deep Roy, Christopher Lee.

l Estados Unidos 2005.

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