Hombres y animales manejan la palabra

JORGE ABBONDANZA

Apartir de Walt Disney, el cine ha familiarizado al público con los animales parlantes. Eso comenzó con dibujos animados donde el ratón, el pato o el ciervo manejaban el mismo lenguaje que los humanos, creando un artificio que los espectadores consideraron encantador, asegurando la continuidad del recurso. Sin embargo ese encanto era dudoso, sobre todo para un público infantil, porque lo inducía a creer que el perro o el gato de su casa también podrían hablar, despojando al hombre de la hegemonía en esa materia. Pero la fórmula dio resultado en cine, perduró durante décadas y recientemente se ha extendido a películas con actores de carne y hueso donde algunos cuadrúpedos hablan con la ayuda visual de trucos digitales.

La realidad, por su parte, no se queda muy atrás de esa ficción. En Carolina del Sur un psicólogo jubilado tiene una perra llamada Chaser, de la raza border collie, que es capaz de reconocer el significado de 1.022 palabras. Su dueño la entrenó durante varias horas por día a lo largo de los años, mostrándole un objeto (en general juguetes) y repitiéndole su nombre hasta cuarenta veces. El método consistía luego en esconder el objeto y pedir a Chaser que lo ubicara aunque estuviera mezclado con otros. La perra nunca se equivocó y fue capaz de incorporar diariamente una o dos nuevas palabras a su lista. El psicólogo hizo esa experiencia motivado por el caso anterior de un perro de la misma raza que en Alemania podía recordar 200 sustantivos e identificarlos con el objeto al que correspondían. Pero Chaser llegó mucho más lejos.

Se calcula que un niño puede aprender diez palabras nuevas por día y los especialistas estiman que al completar la enseñanza secundaria un joven maneja en promedio 60.000 vocablos. De acuerdo a las expresiones verbales que se escuchan por ahí y a la penuria lingüística que se refleja asimismo por escrito, cabe pensar que muchos jóvenes disponen de un vocabulario sensiblemente menor al señalado. El empleo del idioma ha ido reduciéndose y también deformándose hasta promover una nueva jerga escasamente comprensible para los mayores, incluyendo en esa degradación las abreviaturas de los mensajes de texto, desde luego. Pensándolo bien, el desnivel entre ciertos humanos y ciertos perros no es tan grande en la relación que unos y otros mantienen con las palabras.

Ahora el psicólogo de Carolina del Sur se dispone a emprender una segunda etapa de su trabajo con Chaser, enseñándole "algo de gramática elemental", para ver si puede relacionar los vocablos entre sí y avanzar por ese camino hacia nuevas fronteras de la erudición canina. Es una lástima que Disney haya muerto, porque podría filmar un documental sobre la perra que no habla pero sin embargo entiende tantas cosas.

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