George W. Bush visto por el polémico Oliver Stone

Estreno. Salió en DVD "W", protagonizada por Josh Brolin

 20090911 536x373

GUILLERMO ZAPIOLA

Es obvio que a Oliver Stone no le gustan George W. Bush ni su presidencia, y el desagrado debe ser mutuo. Hay que poner en su haber, empero, que no incurra en la caricatura o la brocha gorda al ocuparse de él en "W", reciente edición en DVD.

Por supuesto, no es la primera vez que Stone se introduce en los entretelones de la política norteamericana, interior o exterior. Su filmografía incluye desde cuestionamientos de la actitud del gobierno norteamericano en zonas conflictivas como Vietnam o Centroamérica (Salvador, Pelotón, Nacido el cuatro de julio), una recreación bastante hipotética del asesinato de John Kennedy (JFK) y un retrato más preciso, aunque tuviera su cuota de ficción, de la personalidad y los tiempos de Richard Nixon (Nixon, claro).

Es la primera vez, sin embargo, que el cineasta se enfrentó en clave de ficción con el estricto presente. Kennedy y Nixon estaban ya muertos cuando Oliver Stone decidió hacer una película sobre ellos. Comandante (sobre Fidel) o South of the border (sobre Chávez y amigos) son películas documentales. En cambio, W es una dramatización con elenco multiestelar, rodada mientras su protagonista ocupaba el blanco edificio levantado en Washington D.C., en la avenida Pennsylvania al 1600. Era un juego riesgoso, y le ha salido bien.

Uno de los riesgos era la amplitud de la crónica. El film no se agota (como Nixon) en un período relativamente breve de la biografía de su personaje, sino que intenta abarcar desde sus años jóvenes hasta su ejercicio de la presidencia. Ello obliga al protagonista Josh Brolin a evolucionar a lo largo del tiempo, y a proporcionar lo que probablemente sea la actuación de su vida (aunque la Academia parece haber apreciado más su bidimensional composición para el panfleto `gay` de Gus Van Sant en Milk).

Con un tono donde hay pinceladas dramáticas pero no faltan tampoco el humor y el sarcasmo, W retrata a un personaje que fue en su juventud un alcohólico, arruinó casi todas las empresas privadas que manejó y luego casi consiguió el mismo resultado cuando logró convertirse en presidente de los Estados Unidos.

Es fácil hacer chistes malos acerca de un gobernante que llegó a decir (y quizás a creer) que Dios lo había destinado personalmente a la presidencia, que tuvo choques serios con sus padres George y Barbara (James Cromwell, Ellen Burs- tyn), que enfrentó situaciones como el 11 de septiembre o metió a su país en una guerra internacional contando mentiras mucho más graves de las que le costaron el puesto a Richard Nixon. Sin embargo, Stone no incurre en la simplificación a la que sus convicciones políticas podían haberlo empujado. Incluso quienes hubieran preferido ver en el film el retrato de un maniático genocida pueden sentirse algo chasqueados.

Las grandes líneas son conocidas, y Stone no intenta reemplazarlas por algún tipo de teoría de la conspiración. En cambio, trata de dotar a su personaje de cierta complejidad. Su George Jr. es un individuo frustrado por el favoritismo que su padre exhibe sin recato por su hermano mayor Jeb, y se empeña en demostrar que "él también puede hacerlo". Y es también, en parte, el títere de dos políticos maquiavélicos (el Karl Rove de Toby Jones y especialmente el Dick Cheney de Richard Dreyfuss), quienes aparecen como los principales responsables de las peores decisiones de su personaje.

El film es menos una biografía que un retrato, y puede llegar a quebrar el orden cronológico para resumir aspectos diversos de la personalidad de su protagonista. Inevitablemente, allí late un riesgo de superficialidad (aquello de "quien mucho abarca") del que la película no se libra totalmente, pero el resultado es, de cualquier manera, generalmente persuasivo.

Ciertamente, le debe mucho a su elenco. No solamente está muy bien Brolin en el papel central: la lista de elogios debe abarcar igualmente al Bush Sr. de Cromwell, a la Barbara de Ellen Burstyn, al Donald Rumsfeld de Scott Glenn y al Tony Blair de Ioan Gruffud. Pero si hubiera que destacar a alguien, debería ser a Richard Dreyfuss: no interpreta a Dick Cheney, sino que podría decirse que "es" Dick Cheney.

Cabe discrepar a veces con Oliver Stone, y ocasionalmente corresponde odiarlo (Asesinos por naturaleza). Esta vez, ese no es el caso: su crónica presidencial justifica un vistazo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar