Gente de mala vida

Jorge Abbondanza

El diccionario de la Real Academia dice que el lunfardo era la jerga hablada en Buenos Aires y alrededores por gente de mala vida, aunque reconoce que su empleo se extendió luego a sectores de mejor vida. Individuos estudiosos y de buena vida se han encargado no sólo de inventariar la terminología lunfarda, sino también de incorporarla a diccionarios especialmente aptos para usuarios rioplatenses. Dos de esos manuales están por salir a luz en Buenos Aires: se trata de flamantes reediciones del Novísimo diccionario del lunfardo de José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, que se elaboró con aportes de Marcelo Oliveri, y del Diccionario etimológico del lunfardo de Oscar Conde. El primero de ellos incorpora mil términos nuevos a su cosecha, y el segundo agrega doscientas voces a las que ya contenía la edición anterior.

La gente que no frecuenta el lunfardo ni sabe cuáles son sus alcances y sus límites, debe saber que entre las incorporaciones de ambos diccionarios figuran vocablos como birra (cerveza), producido (alguien muy acicalado), chabón (una persona cualquiera), careta (el que no se droga), chatear (charla por computadora), okupa (invasor de una propiedad), cacerolazo (protesta popular), corralito (retención bancaria de depósitos), flashear (deslumbrarse), piquetero (integrante de una fuerza callejera), partusa (fiesta orgiástica) o cabeza (estar loco), aunque figuran asimismo términos que vienen del inglés, como sale (liquidación), cool (algo en onda), fashion (lo que está de moda) o rating (medición de audiencia).

Como señaló un cronista argentino, "año tras año surgen nuevas expresiones populares: algunas son pasajeras, pero otras alcanzan la inmortalidad, como laburar, mina, morfi". Ese material aportado por los usos de la gente común, casi siempre teñido de buen humor, es el que ingresa al campo del lunfardo. "Para nosotros —dicen Gobello (de 84 años) y Oliveri (de 37)—todo es lunfardo. Son lunfardas todas las palabras de uso cotidiano en Buenos Aires, que no tengan un significado que figure en el diccionario de la Real Academia". Por su lado, Conde (42) es más estricto que esos colegas: "Ni los internacionalismos que se emplean en muchas partes del mundo ni las palabras derivadas de avances tecnológicos, pueden considerarse lunfardo. Jamás podrían serlo porque se utilizan en muchos otros países. Para algunos, lunfardo es todo lo que se habla en Buenos Aires. Yo con eso no estoy de acuerdo".

El Uruguay cuenta con media docena de académicos correspondientes en la Academia Porteña del Lunfardo, ya que una porción considerable de la jerga porteña —aunque no toda—suele contagiarse a esta otra vereda del río, en parte transportada desde hace décadas por el tango, aunque los observadores de Buenos Aires advierten que en esta materia "el tango ya fue. Ahora las mayores usinas del lunfardo son las letras de las canciones del rock local y de la cumbia villera". Los dos diccionarios especializados incluirán en adelante el vocablo yorugua, más corriente en Argentina que en Montevideo para definir a un uruguayo, confirmando que la vertiente más antigua y generosa del lunfardo ha sido el "vesreísmo", esa pirueta donde el orden de las sílabas se invierte como en troesma, que es el maestro (Gardel, claro) o en chochamus, esa añejísima deformación de muchachos. Todo ello demuestra que el lunfardo dispone de venerables raíces, pero también tiene una chispa verbal que ha sido desde hace un siglo su mayor fuente de abastecimiento. Que le dure.

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