CARLOS REYES
Como director de la Comedia Nacional, Héctor Manuel Vidal había intentado montar obras en verso del Siglo de Oro español. Luego de abandonar aquel cargo, el artista siguió trabajando en esa línea, que se concreta con este estreno de hoy.
El título elegido para encarar esta aventura es original, tanto como el modo de llevarla a escena. Gatomaquia. Siete formas de contar parte de una novela en verso de Lope de Vega, quien a través de las andanzas de dos gatos tras el amor de la bella Zapaquilda, parodia el estilo clásico, sus temas y personajes.
En manos de Vidal, el texto quedó estructurado en siete partes (llamadas "silvas"), cada una en un estilo. Así, los actores irán desarrollando la acción mientras cambian de registro, satirizando diversas formas de contar, como el canto, el ballet y la ópera. Como en los tiempos de Lope, los intérpretes ejecutan también instrumentos y manejan directamente los rubros técnicos de la escena.
En el elenco también hay una apuesta fuerte. Cuatro actores emergentes pero con experiencia escénica (Diego Arbelo, Leandro Núñez, Cecilia Sánchez y Jimena Pérez) prometen dar un aire juvenil a este antiguo texto, que el propio Vidal adaptó para la escena. "Son actores que están en general entre los 24 y los 29 años, y tiene la edad ideal para que yo los explote", bromea el director, afirmando que "son los cuatro muy distintos, uno más arrollador, otro más sutil, pero todos con la inteligencia y el talento para captar los muchos matices expresivos que demanda la puesta en escena".
Gatomaquia había sido trabajada por dos españoles que la Guerra Civil trajo a Uruguay: José Bergamín, que había realizado una versión hacia 1923, y José Estruch, que la trabajó en los años `50. Sin embargo, la propuesta de Vidal es totalmente personal: "Esta versión buscó reducir el texto pero conservando el cuento, o sea que intenté ir hacia la acción sin desechar lo descriptivo".
Consultado sobre las diferencias entre este montaje y La vida es sueño, Vidal contestó: "Son dos formas distintas de verso del Siglo de Oro. Calderón es más conceptual. Lope es más arcaico, pero expresa mejor el juego de la vida".
Lo que el espectador seguramente no va a ver
Todo montaje tiene sus secretos y Gatomaquia no es la excepción. Por ejemplo, en los primeros ensayos iba a trabajar un quinto actor, Roberto Fontana, quien encarnaría al mismísimo Lope. Pero a medida que la puesta en escena fue madurando, el director entendió que el asunto había que encararlo desde otro lado: "Tuve que ir a hablar con él, que fue profesor mío, y explicarle la situación. Sé que le dio pena no poder participar, aunque como hombre de teatro que es, entendió perfectamente la situación".
Otro punto que el espectador quizá no maneje es la exigencia que el teatro en verso implica para el público: "La tradición del verso está entre nosotros desde el payador al poeta, pasando por la murga, pero este tipo de verso exige mucho al público. O sea que para que el espectador no sea pasivo no siempre hay que tirarle un naranjazo".