Fotografías y mujeres delgadas

MATÍAS CASTRO

En estos últimos días una fotografía horrorizó a medio mundo: Victoria Beckham flaca, demasiado flaca. Un par de semanas antes, otra imagen de una celebridad distinta había tenido un efecto similar: Madonna y sus brazos consumidos, como salida de un campo de concentración. Y si se sigue rastreando hacia atrás, se encontrarán otros ejemplos de figuras famosas cuyo esplendor público parece verse repentinamente amenazado que las muestra como esqueletos vivientes.

Esta ocasional muestra del horror que hay detrás del éxito, es más bien un ejercicio de crueldad y una muestra de intenciones lucrativas. Una foto que muestra los brazos consumidos de Madonna vale mucho, casi como un dato probado y en exclusiva que demuestre algún escándalo íntimo. Lo mismo vale mostrar una foto donde se revele que Victoria Beckham es ultra flaca.

Igualmente conviene atender el tema con cierta mesura. Victoria Beckham siempre fue horriblemente delgada. Madonna siempre fue una mujer fibrosa, con los músculos a flor de piel. Además, en el caso particular de la foto de esta última, se veía su brazo consumido, pero el resto de su cuerpo estaba igual. Había algo raro allí.

Revelar una foto así significa unas cuantas cosas, además del obvio ánimo de lucro. Por eso imágenes de este tipo hablan de una Madonna raquítica, en decadencia, exactamente lo opuesto a la vitalidad que le atribuyen los medios que la glorifican. Esos mismos medios hablan de Victoria como un símbolo sexual, una mujer en constante actitud hacia su esposo, el también sexy David Beckham. Ahí está el poder vendedor de este tipo de imágenes, llegan con un impacto fuerte que de buenas a primeras transmite esas ideas. ¡Madonna está en decadencia! ¡Es el fin de Victoria!, gritan. Pero hay que hacer una pausa y pensar qué se está mirando.

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