JORGE ABBONDANZA
Bajo el nombre "Belleza compulsiva" se exponen obras de Margaret Whyte en el Museo Nacional de Artes Visuales. Hasta el próximo domingo inclusive se las podrá ver, entre las 14 y las 20 horas.
Es ocurrente la idea de colgar las obras en medio de la sala y de espaldas a la puerta por donde ingresa el público. Ese ocultamiento es un desafío a la pereza o a la cortedad de los uruguayos, que se ven así obligados a entrar en un gran espacio y emprender el operativo de descubrimiento que consiste en caminar hasta el extremo opuesto del recinto, para encarar entonces la verdadera faz de esos tapices que se exhiben en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó.
Pero el recurso también impone un ritmo, el que marca una revelación gradual, quizá para que luego sea igualmente escalonada la relación que cada visitante establece con las obras, de manera de ir examinando poco a poco el reciclaje que Margaret Whyte ha cumplido con los materiales que maneja.
Esos materiales pertenecen a la categoría de lo desechable, un origen que por cierto no ocultan, y seguramente por ello su utilización es doblemente sugestiva, ya que se trata de restos descartables (hilos, telas, galones, tules) rescatados para integrar la ceremonia de una exhibición pública. Ese acto implica no sólo un ritual sino también la dignificación de los elementos que han sido reunidos para figurar en él, revalorizados por su presencia en obras de arte que los ennoblecen. Y como ocurre con el "arte povera", en esta opción los residuos empleados dejan de ser tales por el papel que les asigna su nuevo destino expresivo.
TRAMAS. En estas obras, Whyte se comporta en cierto modo como una pintora, al organizar poderosamente los planos de color y obtener composiciones (de vigoroso cromatismo, o de pronto en blanco y negro) que retienen la mirada demorándola sobre los contrastes. Pero la artista también actúa como una escultora -en volúmenes de consistencia "soft"- por los relieves que extrae de cada trabajo, la calidad táctil de esas convexidades y la manera en que juegan en el espacio, lo cual incluye a la obra solitaria y ajena al resto, que cae como una lluvia de cordones en un ángulo de la sala.
En definitiva, sin embargo, la expositora opera como una tapicista por el protagonismo de la trama en sus obras (que destacan las rugosidades, tersuras o transparencias de los retazos) que ella convierte, como artífice de la costura, en preciosos ejercicios de "patch-work", bajo el rastro siempre visible de la manualidad que es un denominador común de las artes aplicadas. Igual que en la "bad painting", el resultado que Whyte obtiene de sus trabajos refleja un mundo en conmoción, que no siempre está dominado por lo hermoso, lo ordenado ni lo fresco, aunque lo paradojal de ese reflejo es que se convierte involuntariamente en un objeto seductor, donde consta la huella de la realidad sin que desaparezca el hechizo de la recreación.
Una creadora múltiple
Margaret Whyte estudió desde 1972 a 1976 en el Círculo de Bellas Artes, con los maestros Clarel Neme, Amalia Nieto y Rimer Cardillo. Participó en talleres de Jorge Damiani y Hugo Longa.
Desde 1978 comienza a realizar exposiciones individuales. Ha recibido numerosos premios, entre ellos en salones del Banco República y del Banco Hipotecario.
Sus obras han sido expuestas en Argentina, Holanda, México, España y EE.UU.