Entre el oro y los barrotes de la cárcel

| Lil Wayne marchó ayer a prisión. El hecho repite casos de otros músicos

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ALEXANDER LALUZ

"Prefiero estar muerto que estar en la penitenciaría compartiendo las duchas". Lil Wayne lanzaba esta sentencia en A Milli (2008). Desde ayer, sin embargo, su deseo se vio frustrado: fue sentenciado a prisión por posesión de armas.

La noticia fue titular en la mayoría de los portales de noticias, cadenas de televisión y periódicos del mundo. Otra vez la violencia, el mundo carcelario, el rap y la fama reafirman una suerte de ritual pagano que alimenta la voracidad sensacionalista, las alarmas públicas y sirve de pretexto efectista para soslayar -una vez más, valga la insistencia- los conflictos y asimetrías múltiples que pulsan al interior de la sociedad contemporánea, y que de alguna manera acortan esas complejas distancias entre países desarrollados y subdesarrollados.

Wayne, de 27 años, es quizás, o sin quizás, uno de los raperos más exitosos en este momento, con ventas de discos que registran cifras astronómicas -su último trabajo Rebirth (2009) o Tha Carter III de 2008 son los mejores ejemplos-, la bendición del Grammy, rimas y versos que se han colado en los públicos más diversos. Signos decisivos para obtener el pasaporte a la vidriera más codiciada de la música popular.

En plena consolidación de su estrellato, y luego de varias instancias judiciales, el rapero de Nueva Orleans admitió en octubre del año pasado que portaba un arma durante una gira que realizaba en 2007. El caso, seguido como mucha atención por la industria y el mundo del hip-hop, finalmente llegó ayer a su definición: la sentencia lo condenó a la cárcel, pero por buena conducta podrá reducir la pena a ocho meses, según indicaron varios reportes de prensa. Su proclama de 2008, entonces, no se cumplió y su nombre pasó a encabezar las listas que repasan la cronología de esta práctica musical en función de sus famosos que terminan tras las rejas.

Foxy Brown, Tupac Shakur, T.I., Slick Rick, Shakur, Lil` Kim, Remy Ma, Beanie Sigel, Shyne, Mystikal, C-Murder, Soulja Boy, Shawty Redd, Ja Rule. Esta lista, a la que podrían agregarse otros nombres, también ha servido para volver sobre temas asumidos como "viejos", pero reciclados bajo nuevas apariencias y discursos. Aquí la enumeración también es extensa y variopinta. Las crisis de valores, el funcionamiento de la justicia, las asimetrías entre "famosos" y "comunes" ante la ley, los códigos de convivencia carcelaria, la violencia que atraviesa a muchos colectivos que padecen la guetificación por sus condiciones socio-económicas y hasta culturales (expresión que en algunos sectores de la palestra mediática resuena como un eufemismo para disimular las camaleónicas prácticas racistas).

Pero también están los temas olvidados o que no se asumen públicamente. Uno de ellos (quizás el más alevosamente evidente y silenciado) es que prácticas musicales como el hip-hop no sólo son nichos de la industria de la música. También operan como narrativas que entretejen memorias, construcciones del presente, identidades sociales, sexuales, familiares. En otras palabras, esas formas simbólicas que se integran a la siempre inestable (y hasta conflictiva) definición del ser y estar en el mundo a través de sonidos, gestos estereotipados, coreografías, vestimentas, escrituras "alternativas" (graffitis, tatuajes).

En esta perspectiva, el debate está abierto aunque los medios no siempre den cuenta de ello. Y no sólo por tener un "tufillo" académico, sino por su directa conexión con elementos vitales como el reconocimiento del "otro", del diferente, con el que (casi) siempre media el conflicto.

YO, CULPABLE. Ciertamente, el caso de Lil Wyne tiene sus particularidades, y muchos han visto en ellas una proyección de su pasado pandillero y una cicatriz que se suma a la que ostenta en su pecho desde los 12 años, cuando accidentalmente se disparó a sí mismo.

No obstante, su reacción ante el delito probado y la sentencia de la justicia sigue casi la misma lógica de otros casos vinculados al hip-hop. La asunción pública de la culpabilidad, la revisión abierta de un pasado violento, y luego el mensaje con carga ejemplarizante: no seguir por ese camino ya que las condiciones de reclusión nada tienen que ven con el confort del lujo y la fama.

"Ser prominente hace que se fijen en ti, y que se fijen en ti en la prisión generalmente no es muy bueno", ha declarado a la prensa el abogado neoyorquino Benjamin Brafman. Según otros especialistas, ésta es la razón por la que en las cárceles de ese Estado, en una de las cuales Wyne cumplirá su condena, se ubiquen a las celebridades en unidades especiales, donde sólo pueden relacionarse con sus pares y no con el resto de los detenidos.

Esta no sería la situación, por ejemplo, del rapero Gucci Mane, que está cumpliendo una condena de seis meses en una prisión de Fulton, Atlanta. "Yo tuve grandes muestras de amor de prisioneros" comunes o no famosos, ha dicho a la agencia AP. "Ellos están familiarizados con mi trabajo, y han observado el crecimiento de mi carrera". "Yo amo el hecho de ser rapero. Pero detrás de esas paredes solo soy otro afroamericano (...) muchos de estos hermanos comparten eso conmigo", agregó.

Pero este tipo de adaptación no siempre es posible ni viable. Por ello, Stacey Richman, abogada defensora de Wyne, ha dicho recientemente que buscaría una custodia preventiva para su cliente, así como atención especial a sus problemas odontológicos. "Si Wayne pudiera hacer sus elecciones personales, no pediría nada para sí mismo``, aclaró Richman, sin disimular su preocupación por la integridad sanitaria del rapero y su seguridad. El tema (y el debate), entonces, está abierto, aunque la censura apurada siga ocultando con su manto de vistosa corrección una problemática humana, social más compleja que la mera caída de un ídolo de masas.

Historias, rostros, músicas y violencia

Tupac Shakur

También conocido como 2Pac y Makavelli, nació en 1971 y falleció en 1996. Fue un emblema del costado más conflictivo, violento y también poético del rap.

Slick Rick

Famoso por su parche en ojo derecho, ganó una importante reputación por su música y los violentos conflictos que protagonizó durante los años ochenta.

T.I.

Se trata de otro exitoso rapero que el año pasado fue condenado a prisión por posesión de armas, y otra "alarma" para la industria de la música y la sociedad.

50 Cent

El músico es hoy una estrella de cine. En 2006 con Jim Sheridan dirigiéndolo hizo Rico o muerto, relato casi biográfico sobre la dura y dramática historia de un rapero.

Heredero de Tupac

Lil Wayne nació en 1982, en Nueva Orleans, Louisiana, y fue registrado con el nombre de Dwayne Michael Carter. Apoyado por un hábil manejo de los códigos de la industria y de las marcas emblemáticas del género se convirtió en una figura de referencia para la música internacional. Ha colaborado con infinidad de artistas (Shakira entre ellos), y se autoproclama "el mejor rapero en vida", y un heredero de Tupac Shakur.

De Louisiana al brillo del éxito y a una cárcel de Nueva York

El rapero afroamericano Lil Wyne sigue una leyenda nefasta que envuelve al rap y a otras expresiones musicales: la asociación entre violencia, arte y fama. Su caso ya se perfiló por el lado más conflictivo desde que inició a los 11 años, y contra la voluntad de su madre, la carrera en la competitiva industria del disco. Cuando se escapó de su casa lo hizo con un arma de su padrastro, la que le causó una grave herida en el pecho al dispararse accidentalmente. Luego de ese episodio, que le costó a su padrastro una condena de prisión y más tarde una muerte violenta, Wyne se tatuó en el pecho las palabras "Bang, bang", y en su brazo: "in memory of Rabbit: it`s up to me". Hoy, y luego de convertirse en una figura consagrada, la onomatopeya primera, es una suerte de presagio fatídico: la justicia lo encontró culpable por el delito de posesión no autorizada de armas.

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