En el fondo no eran tan prolijitos

MATÍAS CASTRO

No todo lo que brilla es oro. El dicho popular se aplica casi a diario en el mundo de los famosos, quienes muchas veces ostentan más de lo que realmente pueden sostener. El de Michael Jackson fue el caso más extremo (al menos de los últimos años), llevando un estilo de vida que solo se sostenía por la leyenda que él representaba y no por el dinero real que tenía en su cuenta.

Las apariencias son todo. Este fin de semana vimos dos casos bochornosos que, en Estados Unidos, reafirman la idea de que esa frase está presente como guía de vida para mucha gente del mundo del espectáculo.

Por un lado tuvimos el caso del actor estadounidense Randy Quaid y su esposa. Quaid no es demasiado popular, al menos en Uruguay, pero es un rostro familiar como personaje secundario en decenas de películas (era el heroico padre que se sacrificaba estrellando un avión contra la nave espacial de Día de la Independencia). Pues bien, Randy fue detenido por la policía en California. ¿Por qué? Porque junto con su mujer se fue de un hotel dejando pendiente una cuenta de nada menos que 10 mil dólares. Digamos que fue una avivada de grandes proporciones. Salieron bajo fianza pero ahora deberán responder ante un juez por cargos de estafa. Todo un lío.

Peor es el caso de Pamela Anderson, que debe más de un millón de dólares por los gastos de remodelación de su casa en Malibú. La casa quedó preciosa, las empresas que trabajaron en ella no tanto. En total son cinco empresas las que presentaron contra ella embargos preventivos por el caso. Solamente por concepto de materiales para remodelar, por la piscina y por los cimientos para una casa de invitados, se le reclaman 674 mil dólares. Y además debe 252 mil dólares por impuestos públicos. El caso promete continuar.

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