Desde que hace un par de años llegó Sepultura a Uruguay, los seguidores del heavy metal han tenido unas cuantas sorpresas internacionales. En el correr de las próximas semanas, sin ir más lejos, tendrán otras atracciones, como el recital de Black Label Society (banda de Zakk Wylde, guitarrista de Ozzy Osbourne) y luego Helloween, figuras del power metal alemán. Pero todo comenzará esta noche, con el show de Motörhead, una de las bandas fundamentales en la historia del género, con treinta y seis años de carrera. En su centro está la figura de Lemmy Kilmister, bajista carismático y consecuente con su modo de vida.
"Nosotros somos Motör-head, tocamos rock and roll", dijo Lemmy cuando se presentó con su banda en el Luna Park, de Buenos Aires, días atrás. "Llegaremos a la conclusión de que ver a Lemmy en vivo es, lisa y llanamente, una de las mejores experiencias rockeras disponibles en esta vida", concluía el periodista de Rolling Stone que reseñó ese concierto.
Uno de los datos que contó es que el sonido atronador de la banda no se llevó muy bien con la acústica del local. Eso, para el show de esta noche, presumiblemente mejorará. No porque la banda vaya a tocar a menos volumen (se sabe que uno de sus sellos son sus temibles decibeles) sino porque el recinto tiene una buena acústica.
El documental Lemmy, está circulando mucho entre internautas desde que apareció una versión pirateada. Naturalmente se puede conseguir en su versión legal, pero la otra es la que más corre.
El film es un retrato del músico y se mete en muchos aspectos de su vida privada. Ofrece una mirada privilegiada a sus pasiones y se lo puede ver realmente como un personaje, a través de entrevistas descontracturadas, en su casa, con sus amigos, con su hijo y también en los bares que frecuenta.
El disco que dio pie a esta gira se llama, irónicamente, The wörld is yours o El mundö es tuyo. Es el vigésimo en su carrera. Hay críticos que señalan que sus canciones no tienen nada nuevo, pero que justamente eso es lo que le da el encanto particular, ya que siguen haciendo con garra lo que saben hacer. Para Lemmy, según una nota de Rolling Stone de esta semana, es lo suficientemente nuevo. Rock duro, rápido y bien pesado y hasta con toques de punk, es lo que tiene en sus canciones. El disco continúa el estilo de la banda que es, justamente, lo que les ha dado fama y lo que ha convertido (en parte) a Lemmy en un referente del medio.
La otra parte de la imagen del bajista tiene que ver con su modo de vida. Sexo, drogas y rock and roll es más o menos la fórmula que aparece. Se suma su longevidad, 65 años, y también su promocionada afición por los objetos de guerra y en particular por elementos nazis. Pero, como él aclara, si quisiera ser nazi lo echarían del grupo por no cumplir con las reglas más básicas. Simplemente le fascina la cuestión militar de época.
Eso es parte de lo que lo ha convertido en una leyenda viviente. Esa actitud es natural y no una pose y por eso dijo: "Nunca entendí toda esta cosa de ser un ícono".