El triángulo amoroso de un elogiado film rumano

Emociones. Mañana llega "Aquel martes después de Navidad" de Radu Muntean

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GUILLERMO ZAPIOLA

El nuevo cine rumano es, desde hace varios años, uno de los más interesantes de Europa. Conviene estar atentos a "Aquel martes después de Navidad", película dirigida por Radu Muntean que se estrena mañana.

Un manera de contar el film (y de simplificarlo) puede ser decir que se trata de la historia de un triángulo. El protagonista (Mimi Branescu) está casado desde hace diez años con una misma mujer (Mirela Oprisor). Tienen una hija, un auto, un departamento, y hasta parecen estar enamorados. Pero el hombre tiene también una relación con una dentista de veintisiete años (Maria Popistasu) a quien conoció seis meses atrás. El personaje dice amar a las dos mujeres, pero en determinado momento algo sucede y se verá forzado a tomar una decisión.

El film es el cuarto largometraje dirigido por Radu Muntean, nacido en 1971 en Bucarest, graduado como realizador cinematográfico en 1994 en la Academia de Cine y Teatro de su ciudad, quien desde 1996 ha rodado más de trescientos comerciales y ganado más de cuarenta premios nacionales e internacionales en festivales de publicidad.

Muntean debutó como director de largometrajes con Furia (2002), una película presentada en varios festivales internacionales y premiada como mejor ópera prima por la Unión de Cineastas Rumanos. El film también recibió el premio a la mejor fotografía. La siguieron Hrtia va fi albastra (2006), presentado en más de cuarenta países y 60 festivales, y Boogie (2008), seleccionado para participar en el festival de Cannes y otros veinte festivales más.

Aquel martes después de Navidad ha recibido igualmente el aval de la crítica internacional y varios premios. Con respecto a sus intenciones a la hora de realizar el film, el director (también colibretista junto a Razvam Radulescu y Alexandru Baciu) ha señalado que trató de colocar en él la sensación que uno debería sentir al espiar a sus vecinos: "Estar sin estar en la cocina o habitación de una pareja". La intimidad de una pareja, afirma, puede convertirse en algo más cautivante que una acción en movimiento. No es, agrega, un film sobre la culpa, sino sobre las elecciones.

Se trata, indica igualmente el cineasta, de retratar "un punto decisivo en la vida, donde se siente que se puede tener el control de su propio destino". Eso sucede según Muntean cuando alguien está en su punto máximo de vulnerabilidad, cuando siente que por primera vez tiene el poder para dar un giro fundamental en su vida. La decisión del protagonista "es racional, no pasional", añade. Debe amputar parte de su vida.

"No es que el protagonista tenga una amante; se enamoró de otra mujer", explica igualmente Muntean. "También ama a su esposa, aunque de distinta manera. Puesto a decidir, no tiene chance de tomar una buena decisión. Sabe que su felicidad provocará, de cualquier modo, dolor y desdicha en la gente que ama".

El cineasta aclara que intentó evitar el maniqueísmo, no quería convertir su historia en un asunto de Buenos y Malos. "No quise tirarle piedras a un determinado personaje", sostiene. En su visión, la esposa no es aburrida ni fea, el hombre dista de ser un mujeriego, y la dentista tampoco es "la amante malvada". Nadie tiene la culpa de que el protagonista se haya enamorado de nuevo. Pero él tiene que elegir una carta de un mazo en donde no hay comodines ni bazas ganadoras. Decida lo que decida, siempre va a haber algún lastimado.

Muntean ha explicado también las razones por las cuales decidió contar su historia en tomas largas, con pocos cortes. Quería ser discreto como cineasta, creando la sensación de que la historia se iba construyendo sola. Es una forma, afirma, de convertir al espectador en un "voyeur", hacerlo partícipe de la vida de los personajes. "No quería que se notara la manipulación detrás de cámara", redondea.

Con respecto a la Nueva Ola Rumana de la que forma parte, Muntean sostiene que surgió sin mucha planificación. "Fue más una reacción en contra de una vieja manera de hacer cine", sostiene, agregando: "Creo que todos intentamos ser honestos con lo que queremos decir. El lenguaje cinematográfico es muy directo y sin mucha metáfora". Tras la caída de Ceaucescu, añade, se continuó haciendo las mismas películas de siempre, pero con mujeres desnudas. Luego pasó el tiempo, cambió la forma de pensar, y por lo tanto la forma en que se hacía el cine.

Una real lluvia de premios

Varios premios inter- nacionales prestigian a Aquel martes después de Navidad: mejor actriz (Mirela Oprisor) en el Festival de Sarajevo; película y actor (Mimi Branescu) en el Festival Internacional de Films de Friburgo; película en el Festival Intenacional de Leeds, mejores actrices (Mariela Oprisor, María Popistasu) en el Festival Internacional de Mar del Plata; película, actor (Mimi Branescu) y actrices (Mariela Oprisor, María Popistasu) en el Festival de Gijón.

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