El primer desafío de la doctora Kay Scarpetta

Comienzos. Reeditaron "Post mortem", la novela inicial de la serie de Patricia Cornwell

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GUILLERMO ZAPIOLA

Es una vuelta a los comienzos de la leyenda. Está a la venta "Post mortem", la primera novela de la serie sobre la doctora forense Kay Scarpetta de la escritora de misterio Patricia Cornwell, que ha sido reeditada por Ediciones B.

Cornwell es hoy una popular autora de "best sellers" (su serie de Scarpetta anda ya por su décimo séptima entrega, y ha escrito también otras cosas), pero desde hace unos cuantos años sus libros exhiben síntomas de agotamiento: son más largos, las anécdotas suelen resultar más dispersas, los enigmas se han vuelto un tanto repetitivos y obvios.

Es posible que la fama y cierta arrogancia natural que comparte con su personaje más famoso la hayan impulsado a prescindir de editores y esté exigiendo que sus novelas se publiquen tal como las escribe. Probablemente eso no ocurría hace dos décadas, cuando lanzó por vez primera Post mortem (1990), y a una mayor preocupación de la propia Cornwell o al esmero de algún editor haya que atribuir algunas de las virtudes de un libro que había desaparecido desde hacía bastante tiempo de librerías locales.

Para el aficionado a la novela policial que haya seguido con alguna atención la carrera de Cornwell, y especialmente para quien no la conozca, Post mortem es un buen lugar para empezar. No es solamente la primera novela de la doctora Scarpetta: es también una de las mejores.

Y es, por otra parte, Scarpetta típica: con sus más y sus menos, casi todos los rasgos de la serie están ya aquí. Hay una serie de crímenes misteriosos (mujeres aparentemente sin conexión alguna entre sí son asesinadas en circunstancias similares, siempre los sábados de madrugada, y empleando un mismo "modus operandi"). La misión específica de la doctora Scarpetta debería limitarse, de acuerdo a su profesión, a realizar la autopsia de los cadáveres, pero por una serie de factores pronto se ve involucrada personalmente en el caso, chocando con colegas y superiores que resienten que una mujer ocupe el cargo de jefa del Departamento Forense de Richmond, Virginia, y a cierta altura amenazada por el propio asesino.

Las figuras secundarias del "universo Scarpetta" asoman también en este libro inicial, desde el a la vez brillante, obtuso y machista detective de homicidios Pete Marino a la sobrina de la protagonista, Lucy Farinelli, que en el futuro se convertirá en experta en computadoras, agente especial, piloto de riesgo y lesbiana (y el personaje más irritante de la serie) pero es aquí todavía, afortunadamente una niña de diez años que no molesta demasiado.

Un recurso estilístico, la narración en primera persona, que Cornwell abandonaría en libros posteriores pero que utilizó en los primeros (éste que comentamos, pero también El cuerpo del delito, Zona de muerte, Extraño y cruel, Una muerte sin nombre y alguno más), contribuye al carácter compacto y unitario del relato: en sus libros más recientes y más largos, la tercera persona en tiempo presente y la irrupción de un "narrador omnisciente" suelen diluir la atención. Pero Post mortem funciona, sobre todo, como "novela de procedimientos" más que como "novela de enigma": sus espacios privilegiados son la escena del crimen y el depósito de cadáveres, y su mayor interés narrativo radica en el pausado trabajo de reunión de pistas que conducen al descubrimiento del culpable, cuya identidad, en definitiva, es un dato secundario.

En momentos en que la misma editorial se dispone a lanzar en castellano el penúltimo libro de Scarpetta, que el último (The Scarpetta factor) circula en inglés, y que el nombre de Angelina Jolie suena insistentemente como su posible encarnación en la pantalla (que nos perdonen los productores: va a ser un "miscast"), no está mal reencontrarse con los mejores tiempos de la buena doctora.

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