El pintor Sarkozy mira a su nuera

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En febrero último, por unos días el nombre del presidente francés cedió espacios en los distintos medios de comunicación a fin de difundir el de su padre, que estaba preparando para el corriente abril en París, una exposición de cuadros de arte digital, cuya autoría comparte con su colega y amigo alemán, Werner Hornburg.

Con cuatro matrimonos anotados con letra redonda en su currículum, Pal Sarkozy de Nagy-Bosca reconoce que, en su trayectoria artística, hay una fuerte influencia femenina, por lo que no es de extrañar que en su vida figuren cuatro esposas. Nacido en Hungría en 1928, enlazó el fin de su adolescencia con el comienzo de una peripecia vital que le vio alejándose de Budapest ante la invasión stalinista, hasta llegar como un vagabundo más a París, donde en 1949 se casó con Andrée Mallah, con quien tuvo tres hijos -Nicolas, entre ellos-: cuando éste cumplía 3 años, don Pal abandonó a su familia para casarse con la hija del embajador húngaro en la Ciudad Luz. La convivencia tuvo poco o nada de diplomática: la pareja se separó, y Pal no tardaría mucho tiempo en agregar otro par a su colección de libretas matrimoniales; con la cuarta -y, por ahora, última mujer- pasa sus 81 años pesaditos en Neuilly, admirando el hermoso paisaje de una pequeña isla en la grata compañía de una dama veinte años menor que él, con la que de tanto en tanto hacen una escapadita a su casa de Ibiza.

Irreverente, famoso por sus ironías dirigidas a la Iglesia Católica -hasta el extremo de exhibir, como creación exclusiva, un Cristo crucificado en una palmera caribeña calzando zapatillas Nike- "Papá" Sarkozy es inmune al "qué dirán"; y sonríe -sobrador- al ser tildado de "surrealista erótico". Cuando ejercía de mujeriego y play-boy veterano cuarenta años atrás, hizo el retrato de una ex novia diciendo a quienes admiraban a la bellísima modelo, que era "su mamá".

Ahora, no dirá lo mismo respecto de su más reciente obra, porque a la elegida la conoce medio mundo: se trata de su nuera, a la que presenta en retrato digital pulsando una guitarra que despide fuego: una periodista de Perfil, Gabriela Manuli, quien lo entrevistó hace pocas semanas en Budapest, le preguntó, curiosa: "¿Por qué ese fuego en la guitarra?"... y don Pal le contestó; "Porque Carla Bruni es una mujer muy caliente..."

¡Suegro bárbaro el hombre!... En Francia, se comenta que el hijo Nicolas -el presidente, vamos- está pidiendo precios por un uniforme de bombero, con extintor anexado.

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