"El forastero", de Osiris Rodríguez

HUGO GARCÍA ROBLES

Bajo el sello Ayuí ha aparecido un CD que recoge una reedición del disco original de Osiris Rodríguez Castillo El forastero.

Sin ninguna duda es una muy buena noticia porque el peso de la figura de Osiris ha sido muy grande en el ámbito de la música popular uruguaya. Al mismo tiempo fue un poeta que en sus canciones y en sus libros cultivó las formas heredadas del género gauchesco, muchas veces con gran acierto.

Como músico, tal como lo declara el folleto que acompaña el disco, poseía virtuosismo que le llegaba de su formación con el mítico Atilio Rapat, responsable de la calidad guitarrística de muchos músicos populares uruguayos.

Los diversos textos firmados por Mario Carrero, Fernando Cabrera y Héctor Numa Moraes, rescatan la memoria del personaje y de su obra. En particular es emocionante lo que cuenta Numa Moraes: hacia 1974, llega a París y convive con el cuarteto de Tata Cedrón. Las condiciones materiales eran penosas, tiempos duros del exilio, habitaban un enorme galpón donde había una silla con un grabador de cinta, especie de resto del naufragio que supone cambiar de país por las circunstancias políticas. En esa cinta estaba grabado El forastero de Osiris Rodríguez Castillo. En ese registro lo escuchó Numa Moraes por primera vez, registro que se había hecho en la Argentina.

Narra que Tata Cedrón escuchaba El forastero una y otra vez, que le hizo una copia que Numa atesoró como una "tabla de salvación", según sus propias palabras. En el marco del exilio y la distancia con la patria, la música es un poderoso llamado, ancla y removedora fuerza que nos acerca al terruño lejano.

En la personalidad creadora de Rodríguez Castillo alienta el secreto del carácter popular genuino. El cisne negro, por ejemplo, tiene el sabor auténtico del jinete y la descripción del caballo como un cisne negro no implica en la canción una figura extraña, ajena al sabor campero de buen cuño que la nutre. El texto se expresa con la sencillez y la hondura de los payadores, la misma voz que tuvo Atahualpa Yupanqui o Martín Fierro. Por eso puede decir:

"Mis pilchas son de plata,/ Yo… soy de tiempo./ ¡Mi caballo es la estampa de un cisne negro!"

Curiosamente en el texto de la canción Los maderos de San Juan, cita a Gabriel Mistral, como Santa Teresa de Jesús, por error.

El texto, por otra parte, es muy hermoso y contiene la fórmula follclórica "aserrín, aserrán, los maderos de San Juan". Con su habitual sensibilidad para los desposeídos, incluye a los niños pobres que encienden las hogueras en la noche tradicional del 24 de junio.

La inspiración fresca, la limpidez de su guitarra y el atractivo de su voz, recomiendan este recuperado El forastero, por su música y su poesía.

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