El duelo entre dos grandes

| Lucha. El domingo disputarán un Globo de Oro y con seguridad lo harán por un Oscar

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JORGE ABBONDANZA

No hay discusión al respecto, porque Meryl Streep y Glenn Close figuran desde hace años como las dos grandes personalidades femeninas de Hollywood. Ahora ambas compiten por el Globo de Oro y seguramente volverán a hacerlo por el Oscar.

Para que los admiradores saboreen la contienda, esta vez Close y Streep caminan juntas hacia la conquista de los trofeos anuales del cine. Durante el curso de largas carreras en la pantalla (34 años en el caso de Streep, 29 en el de Close) no han figurado más que una sola vez juntas, en el reparto de una película. Fue en La casa de los espíritus de Billie August (1993) pero antes y después se han sacado chispas en los mejores trabajos de sus vidas, mostrando temperamentos algo dispares -más eléctrico en el caso de Close, más aterciopelado en el de Streep- aunque con medidas similares de talento, de magnetismo personal y finalmente de celebridad.

Ambas han brillado más en el drama que en la comedia, aunque incursionan en géneros variados y aceptan gustosamente el desafío de composiciones barrocas, donde deben caracterizarse con detalles de apariencia y de acento nada comunes. Se nota empero que la comunidad hollywoodense quiere un poco más a Streep que a Close, porque le ha dado dos veces el Oscar y la ha postulado en otras dieciséis oportunidades para el premio, mientras que Close nunca recibió la estatuilla, aunque eso le permite por el momento figurar en la distinguida lista de colegas de primer orden que jamás la obtuvieron, desde Margaret Sullavan hasta Gena Rowlands.

En Albert Nobbs, la película dirigida por Rodrigo García, a Glenn Close le toca el personaje más sorprendente de su trayectoria. Compone a un mayordomo de apariencia totalmente masculina, a quien el prójimo trata como a un hombre, en la Irlanda del novecientos. Solo más tarde se sabrá que es una mujer travestida, pero ese desenlace y sus pormenores deben reservarse para que los descubra el futuro espectador. Cabe imaginar el placer profesional con que la actriz habrá entrado en su personaje, de cuello duro y sombrero bombín, pero también es posible suponer la riqueza de detalles que habrá aportado a la caracterización. Servida en bandeja para su lucimiento, la película culmina por el momento una poblada carrera que comenzó en 1982 con El mundo según Garp (donde componía a la madre de Robin Williams) y fue creciendo durante la década del 80 hasta las culminaciones de Atracción fatal, Las relaciones peligrosas, Encuentro con Venus, Mi secreto me condena y Hamlet, que dieron una soberana medida de su divismo y mostraron la energía que es capaz de descargar en un personaje.

Después vino una etapa en que Glenn Close transitó por películas de todo tipo, no siempre eminentes, como 101 dálmatas, dando a veces la sensación de perder el tiempo, aunque aprovechó para salir del cine hacia el teatro y ser aclamada en Broadway por su retrato de Norma Desmond en la adaptación escénica de Sunset Boulevard, que en cine fue El ocaso de una vida. También derivó hacia la televisión, para componer a la feroz abogada de Damages, que ya se ha sostenido en cartel durante tres temporadas y que demuestra el brío con que sabe plasmar a una villana, colaborando de paso en la popularización de su estilo y su nombre. Hace siete décadas, Bette Davis habría envidiado los papeles que ahora le dan a Glenn Close, que es una parienta cercana de su modalidad y su carácter como actriz, y hasta de su fama sombría como estrella.

Meryl Streep tenía un papelito en Julia (1977) a la sombra de colegas consagradas, a una altura en que ya había ganado prestigio por su labor en la miniserie Holocausto. Su sensibilidad, sumada al aplomo juvenil y a una cara angulosa, de larga nariz, sirvieron para identificarla como una revelación que también paseó por Manhattan de Woody Allen y obtuvo un primer Oscar por su papel de divorciada en Kramer vs. Kramer. Todavía no era una figura de primera línea, pero lo fue a partir de su intenso rendimiento en La amante del teniente francés, África mía y sobre todo La decisión de Sophie, por la que volvió a recibir el premio de la Academia y donde componía a la madre judía que debe elegir entre sus dos hijos para que uno se salve de la cámara de gas. En esa etapa de apogeo, Meryl ya tenía una presencia absorbente a la que le sacó filo en grandes papeles como el de la obrera intoxicada y aguerrida de Silkwood. Algunos críticos, como la emérita Pauline Kael, discrepaban con el estilo de la actriz ("demasiado técnico", decían) aludiendo a una elaboración algo visible de sus retratos, como si un reloj exhibiera su mecanismo interno. Pero la maestría de Meryl también podía ser irresistible para el resto de su público.

El paso de los años la mantuvo en la cima, navegó por dramas y comedias, compuso a monjas y mendigas, a deportistas y editoras, lució su talento adicional como cantante en algunos trabajos sensacionales (Ironweed, junto a Jack Nicholson) y en otros más nuevos y vistosos (Mamma Mía), estirando el arco de su versatilidad y complaciéndose en satirizar a una arpía de la alta costura (El diablo viste a la moda), por ejemplo. Ahora que Glenn Close reaparece como un hombre, cabe recordar la memorable escena de Ángeles en América para la televisión, donde Meryl Streep se caracterizaba como un viejo rabino, aportando otra acrobacia del travestismo. En estas semanas competirá por el Globo de Oro, y en febrero por el Oscar, como Margaret Thatcher en La dama de hierro, aquella mujer temible que fue la única primera ministra en la historia de Inglaterra. Mientras tanto, en el Festival de Berlín le darán un Oso de Oro especial por toda su carrera.

Otros veteranos también empezaron la disputa por los galardones del cine

George Clooney, Brad Pitt, y otros veteranos de la alfombra roja se unieron esta semana a algunos recién llegados de Hollywood en el desierto del Sur de California para iniciar la temporada de premios en el Festival Internacional de Cine de Palm Springs. "Cuando tengas la edad, bebé", dijo Clooney a los novatos en la ceremonia de premiación del sábado por la noche. "Ese es un buen consejo para cualquiera, prácticamente".

Entre los relativamente novatos se encontraban sus compañeros de reparto del drama Los descendientes. "Es la primera vez que nos hemos vestido de gala en toda la temporada", dijo el actor Matthew Lillard. "Tenemos un par de meses para ponernos vestidos y trajes bonitos". "No olvides los zapatos", agregó la actriz Judy Greer. "Voy a necesitar un masaje cuando estos dos meses terminen``.

Clooney, astro de Los descendientes y Los idus de marzo, recibió el Premio del Presidente del festival por su trabajo como actor, director, productor y escritor. Entre otros agasajados estuvieron las actrices Michelle Williams (My Week with Marilyn), Jessica Chastain y Octavia Spencer (Historias cruzadas) y Glenn Close (Albert Nobbs).

Pitt recibió el premio Desert Palm a los logros como actor por Moneyball y The Tree of Life. Gary Oldman (Tinker, Tailor, Soldier, Spy) fue nombrado el Astro Internacional del Año, lo que pareció desconcertarlo. "Estoy en una etapa internacional, más que una local. ¿Eso es lo que significa, supongo?", apuntó el veterano actor británico

O quizás simplemente es que ya no necesita un pasaporte. "¿Quién creó el premio?", preguntó Oldman. "Quizás es todo lo que necesito para pasar por aduana".

Las próximas paradas de la temporada de premios incluyen los People`s Choice hoy, los Critics` Choice mañana, los de la Asociación de Críticos de Cine de Los Angeles el viernes y los Globos de Oro el domingo. AP

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