En 1982, el futuro golpeaba firme en la puerta. En aquel año Hollywood abrió la ventana a la imaginación con "ET" y "Blade Runner"; el Atari 2600 batió la marca de diez millones de unidades vendidas; los discos láser se lanzaron comercialmente.
Pero un hecho cultural de magnitud hasta entonces inimaginable habría de iniciar su saga antes que 1982 terminara. El 30 de noviembre llegaba a las tiendas Thriller, el segundo LP del cantante estadounidense Michael Jackson en compañía con el productor Quincy Jones. Casi treinta años después, permanece como el álbum más vendido de la historia (algo como 110 millones de copias). Eso después de haber vuelto a Michael el Rey del Pop, de haber revolucionado la industria fonográfica, de haber inaugurado la era de oro del videoclip (en una MTV que naciera en 1981) y de haber establecido parámetros artísticos y comerciales que el artista fallecido en 2009 pasó el resto de su vida intentando, en vano, superar.
"Sé que él quedó frustrado por no haber podido repetir ventas tan altas", cuenta el periodista y escritor estadounidense Nelson George, autor de Thriller: la vida y la música de Michael Jackson. Hoy, la cultura es muy diferente. Las personas no compran más álbumes en masa, hacen descargas de canciones. No hay más condiciones para que un álbum venda algo como 40 millones de copias.
Pero los efectos de Thriller van mucho más allá de los números. George recuerda que el disco también fue un divisor de aguas cultural, rompiendo barreras raciales. "Michael Jackson probó que los músicos negros americanos podrían tener ascendencia global. La música negra estadounidense siempre tuvo importancia internacional, pero relativamente pocos artistas consiguieron beneficiarse de eso. Michael llevó el baile, el canto y la música a todos los lugares del mundo entero".
Nacido en una familia obrera de Gary, Indiana, Michael fue llevado por el padre, Joe, con mano de hierro, a cantar con los hermanos más grandes en un grupo de r&b, los Jackson 5. Tenía 8 años. Cuando el éxito llegó, con las canciones ABC y I want you back, él tenía apenas 11, pero ya quedaba claro que era el gran talento del grupo. En 1972, se transformó en un suceso en solitario, con las canciones I`ll be there y Ben, pero no se apartó de los hermanos. En 1977, al participar del film El mago (una remake de El mago de Oz), Michael conoció a Quincy Jones, jazzista y arreglador que lo convenció de retomar la carrera en solitario. Así, en 1979, a los 21 años, con el disco Off the wall, el menor de los Jackson 5 agarró el balanceo de la discoteca y lo transformó en algo nuevo, vibrante y reluciente, en canciones como Don`t stop til` you get enough y Rock with you, que no por casualidad fueron hits mundiales. En Thriller, la dupla Quincy-Michael se preparó para repetir la dosis, con aún más eficacia.
El biógrafo Nelson George, que acompañó la carrera de Michael de cerca, en el época, como editor de la revista Billboard, considera fundamental la participación de Quincy Jones en el éxito del disco. "Fue él quien trajo a Rod Temperton (compositor inglés, autor de Rock with you), quien compuso algunas de las canciones más memorables del disco (el tema-título, Baby be mine y The lady in my life). Y también le dio forma a Human nature y contrató a algunos de los mejores músicos y arregladores de Los Angeles. Su marca está por todo el disco".
SELLO. Pero, aún con todo el planeamiento artístico (con grandes ideas, como la de volver a juntar a Michael Jackson y Paul McCartney en el tema The girl is mine, o la de llamar al guitarrista Eddie Van Halen para hacer un solo en el rock Beat it), Thriller no habría llegado adonde llegó sin la hilera de históricos videoclips, hechos por insistencia (y con la orientación) del propio cantante. En orden: Billie Jean (en que el intérprete dio una lección o dos de baile), Beat it (con su concepto West Side story) y Thriller, una revolución bajo varios aspectos.
Encantado con el film El hombre lobo americano en Londres, Michael llamó al director John Landis para hacer el clip de su canción en clima de terror (con derecho hasta a la narración tenebrosa del actor Vincent Price). Landis idealizó un cortometraje con mucho maquillaje de zombis y baile, que costaría un hasta entonces inédito medio millón de dólares. Ese no fue solamente el artefacto decisivo para hacer de Thriller el disco más vendido de todos los tiempos: fue un acontecimiento cultural, el video que transformó la MTV en una potencia (es el más visto de su historia), que abrió el canal para los artistas negros y que inició una escalada de innovación (y de costos) para los clips.
Nelson George recuerda bien aquellos tiempos, cuando el clip de Thriller no salía de las televisiones, las copias del álbum no quedaban mucho tiempo en las tiendas, y Michael Jackson era figura cercana a lo omnipresente. "El frenesí en torno de ese disco fue algo nunca visto", cuenta. "En 1984, fui a tres shows de la gira de Victory (disco de los hermanos Jackson, del cual Michael participó) y en todos ellos había un bochinche que yo raramente vi. Especialmente en Kansas City".
Treinta años después, la industria musical puede no ser más la misma. Pero Thriller sigue siendo homenajeado. Todo para celebrar el disco cuya influencia fue decisiva para las trayectorias de una lista de artistas que incluye a Prince, Lenny Kravitz, Will Smith, Ricky Martin, Justin Timberlake, The Black Eyed Peas, Justin Bieber y, con seguridad, a Bruno Marts (que imitaba a Michael Jackson profesionalmente en la infancia). Estrellas que unieron enorme talento, amor por la música y determinación para vencer obstáculos (color de piel, nacionalidad, lengua) con una ambición para llegar donde el hombre jamás pisó.
"El hecho de haber ahora una revaluación de Thriller, bien como de Bad (el disco siguiente, de 1987, que mereció este año, en su 25 aniversario un documental del director Spike Lee), se debe al hecho de que el trabajo de Jackson fue histórico", evalúa Nelson George. "Varias generaciones de fanáticos de la música crecieron con él, y esa conexión se sustenta".
Frustrado tributo de Spike Lee a "Bad"
El festival de Venecia de este año fue el escenario elegido para uno de los principales homenajes a Michael Jackson, con la película Bad 25de Spike Lee. El cineasta, gran amigo del cantante, quiso encabezar el tributo prescindiendo de la mordacidad que habitualmente muestra en sus películas desde que debutara con Haz lo correcto. Pero esa actitud reverencial fue la principal crítica que se repetió hacia la película. Se dijo y se repetió que Bad 25 no aportaba nada sobre la capacidad formidable de un talento atormentado, cuyos lados oscuros han permanecido presos de múltiples leyendas colectivas, realimentadas por la muerte temprana.
Para Bad 25, Spike Lee acudió a algunas figuras hoy sobresalientes que estuvieron apuntalando el tercer disco que el artista editara. El más sobresaliente posiblemente sea Martin Scorsese, un cineasta prolífico y admirable, que dirigió un videoclip para promocionar el disco de Jackson. Fue una de las tantas veces que el cineasta mostrara su vena rockera, que después expuso más ostensiblemente con El último rock, No Direction Home: Bob Dylan, Shine a Light (con los Rolling Stones) y George Harrison: Living in the Material World.