El crímen como reflexión filosófica

| En la década del 20 dos jóvenes asesinaron a un hombre para demostrar que eran superiores

Gustavo Laborde

En el año 1924 dos jóvenes de Chicago asesinaron a una persona que escogieron al azar para probar que pertenecían a una raza superior. Este episodio real, que conmovió a la sociedad de la época, es recreado en No el pecador, una obra de John Logan que bajo la dirección de Jorge Denevi se estrenó en el teatro Alianza.

"Es un tema fascinante", dice Denevi con absoluta franqueza mientras abre una carpeta llena de reseñas, biografías y fotos de los protagonistas reales de un caso paradigmático de la justicia estadounidense. Denevi está fascinado por la historia que tiene entre manos. "Fue un caso muy particular", dice. "Los dos chicos, Nathan Leopold y Richard Loeb, tenían 18 años. Ambos eran de clase alta, pertenecían a familias muy ricas que vivían en los suburbios de Chicago", cuenta Denevi mientras muestra la foto una gigantesca mansión en la que vivía uno de los chicos. "Eran una especie de geniecillos que, amparados en preceptos filosóficos de Nietszche y la cuestión del super hombre, deciden cometer un asesinato absolutamente gratuito, sin ningún móvil. Querían demostrar que eran superiores. Pero además armaron todo un tinglado, ya que pidieron un rescate por el tipo, que en realidad ya estaba muerto. A todo esto se suma el hecho de que ellos mantenían una concreta relación homosexual", explica el lungo director. "Pero hay otro detalle —continúa— un par de lentes, que se caen en el momento del crimen, permite que los descubran. Acá están los lentes", dice cuando saca la foto de unas gafas del 20, que ahora están tan de moda.

Denevi busca otra foto de la carpeta. "Este es Darrow, el abogado defensor", dice. "Era algo así como una luminaria de la época. Toda la defensa buscó un sólo objetivo: salvarlos de la horca, cosa que logró hacer. Les dieron cadena perpetua. Este Darrow era un tipo muy raro, y en su época siempre fue acusado de anarquista. La obra recibe su nombre de una frase suya. En esta foto se ve el momento en el que le habla al jurado", dice Denevi poniendo otra foto sobre la mesa. "Cuando Darrow se dirige al jurado le dice que él odia lo que estos chicos hicieron, que él detesta un crimen tan horrendo. Pero les dice: ‘yo puedo odiar el pecado, pero no el pecador’. De ahí el nombre de la obra", explica Denevi, mientras sigue sacando fotos y documentos que bajó de Internet

"Acá están Leopold y Loeb saliendo del juicio. Salen como sonriendo", comenta. "Los testigos decían que más que los acusados ellos parecían parte del jurado, eran afables, elegantes y hasta se tomaron el juicio con ironía. Nunca se arrepintieron ni pidieron perdón", dice Denevi. "Este caso ha inspirado varias películas, entre ellas la que yo más recuerdo es Compulsión, con Orson Welles. También hay decenas de páginas en Internet sobre el tema", agrega. "Por ejemplo, en Internet me enteré que unos años después uno de ellos fue asesinado como de 17 puñaladas por su compañero de celda, al parecer harto de sus constantes acosos sexuales. Pero el otro salió libre en 1958, se fue a vivir a Puerto Rico, trabajó en diversas cosas pero cultivaba su pasión que era escuchar y distinguir los cantos de los pájaros. Incluso se casó y murió en 1971, lo que quiere decir que vivió unos 13 años en libertad".

LA OBRA. El autor de No el pecador es John Logan, dramaturgo y libretista de cine que, entre otras cosas, escribió el guión de Gladiador ("cosa que no sé si habla bien o mal de él", bromea Denevi). La obra fue estrenada en Estados Unidos en 1999 con importante éxito. "Para mí, lo más interesante que tiene esta obra es que a través de las reflexiones del abogado se plantea toda la problemática del sentido de la justicia", cuenta el director. "Es una reflexión oportuna desde Uruguay —donde cada tanto se analiza la posibilidad de bajar la edad de imputabilidad de crímenes— hasta Estados Unidos, donde se ha colgado y electrocutado a miles de personas sin que eso logre bajar la cantidad de crímenes. Por eso creo que es un debate de gran actualidad. Pero la obra tiene también una dimensión humana, ya que los dos muchachos eran pareja y como dice el autor en determinado momento, esto también es una historia de amor", señala Denevi.

La obra tiene una estructura que Denevi define como puzzle y que se va armando a través de los personajes de tres periodistas. También están los dos muchachos, el abogado y el fiscal. Aunque la pieza requiere de siete actores, en escena se pone una quincena de personajes. La elección de los actores que encarnaran a los dos muchachos asesinos fue funcional al efecto artístico que Denevi le quería dar a su puesta. "Busqué dos actores que no fueran conocidos, porque quería que el público no viera en ellos a dos actores sino a los personajes. Ambos son muy jóvenes, egresados de escuelas de teatro y la verdad que es estoy contento porque están haciendo lo que yo estaba buscando", cuenta Denevi. Estos papeles recayeron en Sebastián Serrantes y Damián Coalla, que hacen a Leopold y a Loeb respectivamente, a quienes se suman Till Silva como el fiscal Robert Crowe, Ricardo Couto como el abogado defensor Clarence Darrow y Fernando Gallego, Tamara Couto y Daniel Jorysz como los periodistas que cubren el caso.

La versión de en castellano de esta pieza de Logan es de Antonio Larreta. "Que Taco hiciera la traducción fue algo muy importante", dice Denevi. "El está en mil cosas y no tenía ganas de hacer una traducción, pero cuando leyó la obra quedó enamorado del texto y decidió traducirla. Y fue maravilloso porque la versión es inmejorable. Yo que soy un obsesivo y reescribo todo, a esta obra no la toqué", confiesa Denevi.

VINCULOS. Para el director, la pieza tiene algún punto de contacto con Copenhague, su más reciente éxito no sólo por llevarse el Florencio al mejor espectáculo sino también a nivel de taquilla. En aquella obra Denevi se había interesado en una reflexión sobre el sentido de la ciencia, ahora en una que se plantea el sentido de la justicia. "Tiene mucho que ver con aquella obra, incluso desde el punto de vista formal. Pero esta vez fui un poco más allá de las búsquedas formales que me planteé en Copenhague. Esto de las búsquedas formales parece grandilocuente, pero es así. Es decir, lo que me planteo es ser muy aséptico, basarme en el trabajo actoral y muy poca cosa más, al punto que la obra se desarrolla en un espacio negro y hay una ausencia total de sonido, por más que estuve tentado de poner música, ya que la época en que transcurre es pródiga en buenas canciones. Incluso, en la escena del asesinato estuve tentado de poner una vieja canción que se titula When you smile, es decir, cuando sonríes", admite Denevi.

"Yo admiro mucho al director de cine Robert Bresson, que trabajaba en una línea muy aséptica y se preguntaba en cuanto al cine moderno para qué el movimiento, para qué el color, para qué sonido. Esa idea siempre me ha conmovido e impactado y la he tratado de aplicar en todas las obras en las que me lo permiten, porque hay otras que no me lo permiten", dice con cierta ironía este versátil director que un día hace Copenhague y otro No seré feliz pero tengo marido. "Siempre he tratado de mantener una doble vida", se justifica, mordaz, el director. "Es una conducta muy conveniente, porque eso alegra a mi almacenero o a la UTE, que le gusta que pague mi factura. Hay un montón de gente que se alegra. Pero no creo que haya una línea directa entre las obras comerciales y las que no lo son. Con Copenhague muchos me vaticinaron el fracaso más estrepitoso del teatro uruguayo y sin embargo nos fue muy bien. Lo dije en aquel entonces y lo repito ahora: todavía en Uruguay hay público para este tipo de espectáculos. No todos van a reírse al teatro", dice con confianza.

Denevi allende los Andes

Por estos días Jorge Denevi ha debido repartir su tiempo entre Montevideo y Santiago de Chile, ya que fue invitado a dirigir teatro en el país andino. Pero también le han surgido varias otras posibilidades.

Lo concreto es que en estos días está por estrenar en Santiago una obra que en Uruguay tuvo mucho éxito como Bésame mucho, de Mario Prata. El elenco está integrado por celebridades de Chile como Fernando Larraín, uno de los actores más conocidos de ése país, Luis Dubó y, entre otros, Vanessa Miller, tal vez la única conocida en Uruguay ya que integró varios años el elenco de Marcelo Tinelli. En el elenco también está Eliana Palermo, una actriz uruguaya que hace varios años está radicada en Santiago. "Me he quedado totalmente sorprendido con Chile. Es brutal lo poco que sabemos tanto nosotros de ellos, como ellos de nosotros", dijo Denevi. "El teatro tiene un gran movimiento, y en especial, pero además mueve mucho dinero. Bueno, para empezar, toda, toda la televisión abierta es producida en Chile. Eso ya da otra base para trabajar", cuenta Denevi.

Si bien Denevi fue a dirigir teatro, también le surgieron otras posibilidades que tuvo que rechazar por falta de tiempo y por compromisos ya adquiridos aquí. Entre las cosas que le propusieron hubo un ofrecimiento para dirigir un micro de humor en televisión y también le solicitaron que hiciera un casting como actor para una película que se comenzará a rodar próximamente en Chile. "La verdad que no podía asumir ninguna de esas responsabilidades, porque ya tenía muchas cosas pactadas acá. No podía decirle a la gente de No el pecado, miren que no vuelvo porque me surgió trabajo en Chile. Pero sí tengo expectativas de que quede una puerta abierta entre ambos países, que además no son tan diferentes. Incluso gente de la Cámara de Turismo me ha señalado eso", cuenta.

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