El baile de la turca y el bohemio

| La película plantea un conflicto cierto y actual: el de las bodas arregladas por las familias

FORMAS. La película está concebida como un juego de tiempos y ritmos equivalente al de una composición musical. 200x150
FORMAS. La película está concebida como un juego de tiempos y ritmos equivalente al de una composición musical.

"He recibido amenazas por mis críticas a la cultura turca", sostiene el joven cineasta Fatih Akin, cuyo quinto largometraje, Contra la pared, Oso de Oro en Berlín y ganador de los principales premios europeos del pasado año se estrena hoy en varias salas montevideanas. En una nota anterior en esta misma página se ha señalado ya que Contra la pared pone sobre el tapete un tema (el de los matrimonios "arreglados" por las familias entre los inmigrantes islámicos) de renovada actualidad en Alemania. La protagonista del film (Sibel Kekilli), no es una turca con pañuelo islámico, sino todo lo contrario. Su marido a la fuerza (Birol Unel), tampoco es precisamente un ferviente musulmán, sino un bohemio que trata de vivir a su manera. Pero la presión social puede más que ellos. La acción arranca cuando la protagonista intenta cortarse las venas para evitar que la casen con quien no quiere, y lo que sigue a partir de ahí es el relato de las circunstancias que condujeron a esa dramática decisión.

Nacido en Hamburgo en 1971 pero de origen turco, Akin ha podido ser definido como "el hombre entre dos culturas", una característica que comparte con muchos otros inmigrantes de segunda generación. Sin embargo, Akin sostiene que el choque de culturas, aunque figura en el film, no es su tema principal. "Mucha gente cree que mi película va sobre el choque cultural", afirma, "pero es más sencillo, se trata de madurar. En toda mi obra cuento siempre la misma historia, la de un personaje que inicia una aventura para encontrarse a sí mismo".

Dada la reciente controversia en Alemania y otros países europeos por el uso del velo y la petición de los musulmanes más ortodoxos para que sus hijas no reciban educación sexual ni clases de natación, el tema de Contra la pared resulta actual y explosivo. El director Akin explica que para encarar el tema evitando las simplificaciones y los estereotipos trató de abarcar una triple perspectiva, turca, turco-alemana y alemana. "Intenté crear un buen número de perspectivas desde estos tres puntos de vista".

El ‘casting’ para el papel protagónico le sirvió al director para conocer historias que lo hicieron pensar. "Había mujeres con vidas realmente trágicas. Se podría hacer un documental con esos videos. Me animaron mucho", declara Akin. A su juicio, el tránsito de la protagonista desde Alemania a Turquía es menos un retorno a los orígenes que una huida. Akin lo explica así: "Tanto ella como su marido se sienten extranjeros fuera de Alemania. El es como un ‘punk’ de Hamburgo que odia la cultura turca. Para ella es tres cuartos de lo mismo. El conflicto verdadero lo tienen con esas raíces, porque una vez que has crecido en un sitio, poco importa de dónde sean tus padres".

Sectores musulmanes integristas han cuestionado a Akin, especialmente por sus críticas a la situación de la mujer bajo el Islam, y el cineasta no descarta la posibilidad de represalias. Recordando el asesinato del realizador holandés Theo van Gogh el pasado noviembre, a manos de un extremista islámico, Akin agrega: "La muerte de Theo van Gogh me ha impresionado mucho y me ha hecho reflexionar, sí. He recibido amenazas por correo electrónico y algunas llamadas por esas críticas, pero que yo sepa no era nadie de Al Qaeda. No es algo de lo que uno quiera acordarse".

El cineasta reconoce también que la imagen de Turquía que propone el film es compleja: "Mis sentimientos con este país son contradictorios. Ni siquiera estoy muy seguro de que quiera que se integre en la Unión Europea. Aunque en los últimos años estoy descubriendo cosas que me tienen muy sorprendido, como la escena de clubes de Estambul".

Akin confiesa igualmente que su carrera cinematográfica es el resultado de una mezcla de vocación y azar: "Cuando tenía seis años ya sabía que quería ser director de películas. Después, por circunstancias de la vida, me metí en el negocio a los 21, por lo que ya llevo una década en esto y, en parte, me siento como un viejo zorro. De todos modos, llegué a la dirección por casualidad. Había escrito un guión y el productor se empeñó en que lo realizara. He tenido suerte".

Asesino que reivindica su crimen

El islamista holandés de origen marroquí Mohammed Buyeri, acusado de haber asesinado al cineasta Theo van Gogh, reconoció días pasados que actuó "en nombre de su religión" y dijo que estaba dispuesto a volver a hacerlo si era liberado.

Poco antes de esa confesión efectuada durante el segundo día de su juicio en Amsterdam, el fiscal había pedido la pena de cadena perpetua para el criminal, señalando que el asesinato había sido cometido "con una intención terrorista", con la finalidad de crear el miedo y hacer vacilar la estructura política, económica y social de Holanda.

"Asumo plenamente mi responsabilidad. Yo actué únicamente en nombre de mi religión", sostuvo Buyeri, un islamista radical de 27 años, en su primera declaración sobre sus motivos desde el asesinato del cineasta, cometido el 2 de noviembre de 2004.

Van Gogh, pariente lejano del célebre pintor, y que en sus obras se mostraba muy crítico respecto al Islam y la sociedad multicultural, fue acuchillado en pleno centro de Amsterdam cuando circulaba en bicicleta. El crimen desencadenó una ola de represalias, sobre todo contra la comunidad musulmana. Buyeri fue reconocido en el lugar del crimen por varios testigos, y fue arrestado poco después, durante un tiroteo con la policía. Durante el juicio agregó: "Puedo asegurarles que si algún día fuera liberado, volvería a hacer exactamente lo mismo, exactamente lo mismo".

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