GUSTAVO LABORDE
En ocasión del décimo aniversario de la muerte de Luis Solari (1918-1993), acaba de publicarse Máscaras todo el año de Alicia Haber. En rigor, se trata del primer libro que se publica sobre el célebre pintor de las carnestolendas, de nacimiento fraybentino y vocación universal. El suculento volumen está integrado por una amplia, profunda y rigurosa investigación crítica de Haber, a la que se suman textos de Julio María Sanguinetti, Mariano Arana y Hugo Achugar e incluye tres ensayos escritos por Milita Alfaro, Fernando Loustaunau y Teresa Porzecanski, quienes abordan la obra de Solari desde la tradición carvanalesca, la crítica literaria y la antropología respectivamente. Lo que se dice, una mirada interdisciplinaria.
Esta no es la primera vez que Haber aborda la obra de Solari. Su vinculación con el artista se inició en la década de 1970, casi al mismo tiempo en el que comenzó a ejercer la crítica en forma profesional. Mientras el pintor estuvo con vida, Haber visitó de manera sistemática y regular su taller, lo que le permitió conocer tanto su forma de trabajo como el sustrato ideológico que lo inspiraba. Un mojón en esta relación fue la exposición retrospectiva que Haber organizó en 1988 en el Subte Municipal y que dio lugar al catálogo titulado Una realidad transfigurada, que fue editado en 1989. Pero tras el fallecimiento del artista en 1993, el interés de la investigadora por la obra de Solari lejos de declinar, se fortaleció. Este libro —por ahora concluyente— es una muestra de ello.
Probablemente el mayor acierto de Máscaras todo el año radica en el lugar desde el que Haber, y los autores que la acompañan, miran el fenómeno artístico en general y el hecho creador en particular. El lector que incursione en las casi 300 páginas de este libro ingresará a un panóptico que, como si se tratara de círculos concéntricos, parte de la obra de Solari para informar sobre la sociedad uruguaya primero y los acontecimientos mundiales después. Esta mirada totalizadora de los autores no es más que el correlato crítico de lo que Solari intentó en la dimensión creadora.
En su prólogo, Hugo Achugar llama la atención sobre la oscilante vocación que marcó la obra de Solari, como la de otros autores uruguayos, que pendularon entre el retrato de la aldea y el del mundo. "En cierto sentido, la obra de Solari trabaja o se articula con uno de los ejes fundamentales de la alta cultura uruguaya: me refiero a ese par o ese equilibrio peculiar entre lo local y lo universal que ha signado la obra y el pensamiento de gran parte de los creadores uruguayos. ¿Fray Bentos o Europa? ¿Las leyendas criollas o los refranes euro-occidentales? ¿Lo contingente o lo universal? ¿La tradición europea o lo aprendido en la niñez?, ¿lo alegórico o el color local?, ¿un humanismo que aspira a lo universal o un aldeanismo que alcanza lo general?", plantea Achugar. Y agrega: "Tal como surge, tanto del estudio de Alicia Haber como del de Teresa Porzecanski y en cierta medida también de los otros ensayos, la mirada y la labor de Solari se produce como resultado de un proceso de transculturación —aunque muy personal, característico de la sociedad uruguaya del siglo XX— que logra un imaginario tradicional, con aspectos decisivos de la contemporaneidad".
SU MUNDO. Con vocación de biógrafa, Haber no limitó su interés a la producción artística de Solari, sino que lo amplió hacia otros aspectos de la vida del creador que pudieran echar luz sobre su obra. Para indagar en ella pone en marcha diversas técnicas de investigación que van desde la revisión de la correspondencia de Solari y sus archivos personales, hasta la entrevista a sus colegas, su familia y conocidos, pasando por los textos de catálogos y prensa. A partir de esta polifonía testimonial, Haber reconstruye la vida de este artista hijo de un padre carpintero y una madre analfabeta que al igual que sus hermanos (uno lingüista, otra maestra) logró refinamiento cultural y ascenso social, gracias al sistema educativo del Uruguay de entonces y las valiosas amistades de las que siendo adolescente se pudo rodear (como Pombo, Laborde y Vitureira). La crítica comenta que Solari fue un típico producto del batllismo, como más adelante lo sería —ya como creador— de las vanguardias europeas o el muralismo mexicano.
Haber señala el año 1948 como el gozne en torno al cual Solari abre la puerta de su creación al imaginario del carnaval. La autora señala que ese registro discursivo —donde los valores se subvierten y las máscaras descubren lo que encubren al mismo tiempo— le permite al pintor alcanzar un lenguaje propio y al mismo tiempo expresar su crítica visión del mundo. El doble juego del carnaval también habilita la articulación dinámica entre lo local y lo universal, ya que abrevando en el pintoresquismo de los corsos litoraleños el creador pone en escena prototipos universales: en todo tiempo y lugar hay hombres que son cerdos, loros, burros o pajarones.
En su extensa investigación la autora también aborda los otros medios expresivos de Solari, como el magisterio que ostenta en el grabado, o su interés por lo objetual, tributario en buena medida de las vanguardias europeas. Pero también descubre una faceta poco conocida de Solari, como es su vertiente literaria. En este sentido Achugar señala que en Solari existe un "continuo muy sugerente entre el lenguaje plástico y el verbal".
Por último hay que señalar que si bien Máscaras todo el año debe leerse como el mayor aporte crítico a la obra de Solari —que lo es—, la editorial Linardi y Risso no olvidó que se trata de un libro de arte. En ese sentido hay que consignar el elegante diseño gráfico y la alta calidad de impresión, méritos que recaen el primero en el Taller de Comunicación y el segundo en la imprenta de El País. También cabe reconocer el apoyo de la Embajada de España y el patrocinio de las empresas Eu Fores, British American Tobacco y Espírito Santo Bank, entidades sin las cuales un emprendimiento de esta envergadura hubiera sido imposible de llevar a cabo.
Tres miradas diversas que complementan
Al estudio central de Alicia Haber se suman tres ensayos que desde la historia del carnaval, la antropología y la literatura complementan el abordaje a la obra de Solari. El primero de ellos, de Milita Alfaro, plantea un análisis del simbolismo que se pone en juego en el carnaval y cómo se articula en la producción plástica de Solari. En ese sentido, Alfaro sostiene que el fraybentino es el más y al mismo tiempo el menos uruguayo de los pintores, ya que partiendo del retrato local alcanza mitologías que trascienden este carácter.
En un texto tan breve como sugerente, Fernando Loustounau, por su parte, traza secretas (y ocurrentes) correspondencias entre la obra de Jorge Luis Borges y Solari (ambos fueron concebidos, señala, en Fray Bentos) y también entre Solari y Figari, quienes comparten algo más que su vocación plástica.
Desde la antropología Teresa Porzecanski repasa las funciones simbólicas que han cumplido las máscaras (emblema en la obra de Solari) en diversas culturas humanas. La autora plantea su problematización y la función social que éstas cumplen en ciertos contextos sociales, como por ejemplo, un pequeño pueblo como Fray Bentos. Para ella, las máscaras y las trasposiciones indentitarias de Solari no son más que preguntas metafísicas.
Son de destacar también el texto de Julio María Sanguinetti, quien pone el énfasis en la sensibilidad popular que Solari tuvo para hacer preguntas —y críticas— de refinada observación, y el de Hugo Achugar, que con gran lucidez ubica a Solari en la tradición cultural uruguaya.
Máscaras todo el año está llamado a ser la referencia obligada sobre la obra de Luis Solari. Su solvencia se funda no sólo en la investigación pormenorizada y escrupulosa de los itinerarios artísticos y vitales de este singular creador uruguayo, sino en que se trata de un estudio realizado con rigor académico y compromiso crítico. Para abordar e interpretar a Solari, Haber se apoya a un vasto y actualizado marco teórico que incluye autores como el imprescindible Mijail Bajtin, ya que de carnaval se trata, hasta otros como Julia Kristeva, Harold Bloom, Michel Foucault, Ferdinand Braudel, Roland Barthes, José Pedro Barrán o Daniel Vidart, entre otros. La elección de marcos teóricos es, desde luego, siempre discutible, pero también un atributo de verdadero rigor intelectual, que previene contra los males de la autoreferencia y el narcisismo que encapsula a muchos críticos de la comarca.
Poema sobre la muerte
¿Que tú eres la muerte?
Me río de ti pues te veo flaca, más flaca que yo, pues tengo los huesos y tengo pellejo.
Y un poco de pelo.
¿Que eres inmortal?
¿Y eso?
Es mejor morir y no pasar hambre.
¡Como tú, insaciable!
¡Y no engordas mucho con tanto mandarte!
Hoy niños y mañana madres.
Hoy viejos, pasado galanes.
Pero estás muy flaca, me río de ti y de tu guadaña, la veo mellada.
¿Quieres mi navaja? Nuevita y filosa recién asentada.
¡Te la cedo, tómala!
No aprietes los dientes, desportillada! Ni uno de oro, ni una emplomada.
Andá, desgraciada!
¿Y tú eres la muerte?
Me río de ti
Y de tu guadaña
Y de tus portillos
¡Flaca!
¡Flaca!
PRESENTACION
- LANZAMIENTO. Este miércoles a las 19.30 horas se presenta Luis Solari Máscaras todo el año. La ceremonia se llevará a cabo en el Centro Cultural de España, Rincón 629. Los presentadores serán el historiador José Rilla, el doctor Carlos Maggi y el profesor Fernando Loustounau. El libro ya fue presentado en el Museo Solari, que funciona en la cuidad natal del artisa, en Fray Bentos.
- LIBRO. El libro fue publicado por la editorial Linardi y Risso y cuenta 288 páginas a color. Tiene más de 160 reproducciones de sus cuadros, grabados y objetos, además de varias fotos de archivo. El diseño del libro corresponde a Taller de Comunicación y la impresión a la imprenta del Diario El País. La fotografía es de Carlos Angenscheidt.
- PEDIDO. Esta investigación fue realizada por un amplio equipo de investigadores bajo la conducción de Alicia Haber. La idea de realizar esta obra fue sugerencia de los descendientes de Solari, Nora y Silvia Solari D’Agosto, quienes mantienen viva la obra y la memoria de Luis.