GUILLERMO ZAPIOLA
Roma parece haberse puesto de moda, por lo menos en la televisión. Quizás los críticos de la cultura y los sociólogos tengan su explicación al respecto, pero mientras tanto una hipótesis puede aventurarse: la propia discusión interna en los Estados Unidos sobre el imperialismo, generada por las idas y venidas de la intervención en Irak, esté fomentando el interés de una reflexión sobre el pasado y sobre una república que se convirtió en imperio (incidentalmente, ese era el tema de la más reciente entrega de Star Wars).
Sea como sea, dos programas para la pantalla chica que han salido con pocos meses de diferencia en los Estados Unidos, y que se estrenarán casi simultáneamente en la televisión para abonados uruguaya este fin de semana (El imperio, seis episodios, en Hallmark desde el próximo viernes 7; Roma, doce episodios, en HBO desde el sábado 8), resucitan las glorias y las miserias de los comienzos del imperio, el crítico período de la transición entre la República y el Principado.
Como promoción adicional, los canales "culturales" vinculados a las cadenas HBO o BBC (coproductoras de Roma) están abocados a proporcionar información adicional sobre el período histórico en cuestión. Hace unos pocos días, Discovery emitió un programa sobre el asesinato de Julio César. The History Channell arrancó el pasado domingo con dos de cuatro episodios de una hora cada uno, bajo el título genérico de El gran imperio romano (el tercero y el cuarto fueron ayer lunes) con presentación del actor Joe Mantegna, continúa hoy con un capítulo sobre el general cartaginés Aníbal, y sigue en días próximos con otros temas vinculados. Todo indica que va a haber Roma para rato.
HISTORIA. Sobre el papel al menos, Roma es el más ambicioso de los dos proyectos, un intrincado relato poblado de intrigas, sangre y sexo que, se ha dicho, está más cerca de las novelas romanas de Robert Graves que de las aventuras espectaculares del tipo de Ben Hur de Wyler, La caída del Imperio Romano de Anthony Mann o la más reciente Gladiador de Ridley Scott. El lema del canal exhibidor ("No es televisión, es HBO") parece valer aquí tanto como en muchos otros casos.
La empresa no solamente suele proporcionar un nivel de calidad promedio bastante superior a lo que se hace para la pantalla chica, sino que suele hacerlo a un nivel adulto infrecuente en el habitual producto televisivo. Quizás exagerando (porque en lo que tiene que ver con el rigor histórico ha habido opiniones divergentes), un cronista ha sostenido empero que la serie "combina el rigor histórico de Yo, Claudio con la violencia de Los soprano, la amoralidad de Dallas y el despliegue de sangre de Gladiador". Sea como sea, no se trata de una serie para niños.
La acción arranca en el año 53 antes de Cristo, tras la derrota de la rebelión de Espartaco y la definitiva conquista de las Galias por las tropas de Cayo Julio César. La anécdota entrecruza los destinos de personajes históricos (César, Pompeyo, Marco Antonio, Octaviano) con el de otros imaginarios, en particular dos soldados de la Legión 13 (Lucio Voreno, Tito Pulio) que tienen un punto de vista propio sobre los acontecimientos que están sucediendo.
Roma es probablemente el más ambicioso proyecto televisivo resultante de la suma de esfuerzos de la empresa norteamericana HBO con la británica BBC, que ya habían colaborado en la producción de la miniserie bélica de Steven Spielberg y Tom Hanks Band of Brothers. Con un costo de más de cien millones de dólares, Roma fue convenientemente rodada en Italia por un equipo de directores que incluye a Michael Apted (el de La hija del minero y El mundo no basta, que dirigió los tres primeros episodios), Allen Coulter, Julian Farino, Jeremy Podeswa, Mikael Salomon, Alan Taylor y Timothy van Patten. La asamblea de libretistas estuvo integrada por gente tan variada como Alexandra Cunningham, David Frankel, Bruno Heller, Adrian Hodges, William J. McDonald y John Milius.
No hay estrellato de primera línea en el elenco pero sí uno de esos sólidos equipos de secundarios (casi todos son nombres que suelen aparecer terceros o cuartos en los créditos de las películas importantes) que resultan acaso la elección más adecuada para u proyecto donde no hay un protagonista absoluto sino más bien un drama coral: Ciarán Hinds como César, James Purefoy como Antonio, Kenneth Cranhan como Pompeyo, varios más.
Sobre el fin de una civilización
El actor británico Ben Kingsley rueda actualmente en la localidad eslovaca de Spissky Hrad La última legión, una ambiciosa coproducción histórica sobre la caída de Roma y en la que Kingsley encarna a un clérigo e instructor del emperador Rómulo Augusto.
Combinando historia y leyenda, el film relata la caída del Imperio Romano, las incursiones bárbaras, el rapto del último emperador (un Rómulo Augusto de 12 años), y las actividades de la Novena Legión, la última que permaneció fiel a Roma.
En su primera visita a Eslovaquia, Kingsley (Gandhi, La lista de Schindler) declaró ahora que "como shamán (intermediario entre lo divino y lo humano) mi papel es ser también vehículo del relato y vehículo de la mitología", y confesó que "me gusta la mitología, el descubrimiento, el encuentro de la mitología con la historia".
El veterano actor, que obtuvo el Oscar por su interpretación de Gandhi en 1983 y que ahora asume el papel del clérigo Ambrosinus, no considera que la temática de esta coproducción, en la que participan Inglaterra, Francia, Italia, Túnez y Eslovaquia, sea depresiva.
Por el contrario, "será una película alentadora, como una gran sinfonía", indicó el artista de 61 años, cuyo nombre real es Krisna Bhandzíque, y que en marzo del 2002 fue nombrado Caballero del Imperio Británico por Isabel II de Inglaterra.
En el elenco figuran además Colin Firth (El diario de Bridget Jones) y Thomas Sangster, que encarna al joven Rómulo Augusto.
Tras el inicio del rodaje en Túnez, el equipo trabajará en Eslovaquia hasta finales del octubre, y el estreno se prevé para el verano de 2006.
Kingsley trabajó en la última película de Roman Polanski, Oliver Twist, basado en la novela del británico Charles Dickens, donde encarnó al pesonaje de Fagin. EFE
Variantes de un tema
Roma empieza el próximo sábado en HBO a las 22 horas. Un día antes, a la misma hora, pero en Hallmark, se emitirá el primer capítulo de El imperio, una miniserie que puede ser considerada, paradójicamente, como una suerte de secuela no oficial de Roma.
Si la acción de Roma arrancaba en la antesala del Imperio, esta otra miniserie avanza algo en el tiempo. El verdadero disparador es el asesinato de Julio César (año 44 A.C.), y a partir de ahí la sucesión de intrigas, conspiraciones y guerras que enfrentaron primero a los antiguos aliados Octavio y Marco Antonio, y finalmente al ascenso al trono del primero, con el apelativo de Augusto.
Sin que ello implique una calificación necesariamente despectiva, ha podido decirse que El imperio es la versión "disneyficada" de Roma. Según los observadores, el (pongámonos en publicistas) "target" del programa de HBO sería el público adulto, con personajes ambiguos, sangre literal y sexo casi. El imperio está pensada más bien como un programa "para adolescentes y adultos", quizás sin demasiado rigor histórico pero con cierto énfasis en la acción y la aventura. Una vez más, aunque hay personajes históricos involucrados en el asunto, los profesores de historia pueden fruncir el ceño mientras en cambio el espectador la pasa bien con las hazañas de un personaje ficticio, un heroico gladiador llamado Tyrannus (Jonathan Cake) que podría ser el equivalente para la pantalla chica del Russell Crowe de Gladiador, una película que pasaba tan lejos de la historia que no la lastimaba.
Escrito por Sara B. Cooper, Chip Johanessen, Tom y William Wheeler, El imperio ha sido dirigida por John Gray, Kim Manners y Greg Yaitanes. Actúan también Santiago Cabrera, Wincent Regan, Emily Bunt y otros.