Dos puntos de vista para una sola muerte

La actuación de Trine Dyrholm en el papel de la madre de la víctima quien se enfrenta a una situación donde sus sentimientos se cruzan y la confunden.

La tan usada idea de que el pasado siempre vuelve para acosar a quienes hicieron algo malo, tiene en esta película noruega un agregado interesante. Más que una vuelta de tuerca al tema, el director y el guionista optan por ampliar el punto de vista de esta historia sobre un joven que sale de la cárcel luego de ocho años por haber sido acusado de matar a un niño. De este modo la historia comienza con el flashback que muestra el momento en que secuestran al niño, sin explicaciones ni más información. Luego salta al presente, en la cárcel, en el día antes de la salida, y muestra un repentino estallido de violencia. En medio hay algunas imágenes que el director lanza como pistas y que, además, contribuyen a generar un aire de inquietud bastante atractivo. Pero, en la escena del secuestro del niño hay un personaje que parece secundario pero que no es menor: la madre.

La película se permite un buen espacio para contar lo que hace cada personaje tras la salida del joven de la cárcel. De hecho gracias a esto la madre y su familia reciben una especial atención. El resultado es que el tiempo que se les dedica permite un final con un peso dramático mayor. El protagonista es el acusado de asesinato, pero la madre está casi a la altura y esto es lo que hace único el asunto aunque sea un poco largo de más.

Aguas turbulentas

ficha

Noruega, Suecia, Alemania, 2008. Título original: De Usynlige. Director: Erik Poppe. Guión: Harald Rosenlw-Eeg. Música: Johan Söderqvist. Fotografía: Ingeborg Klyve y John Christian Rosenlund. Montaje: Einar Egeland. Elenco: Trine Dyrholm, Ellen Dorrit Petersen.

atención a...

La cámara y el montaje contribuyen con inteligencia a generar un aire inquietante y de extrañamiento en torno al protagonista, cosa que acentúa la ambigüedad de lo que sostiene.

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