Dorado exilio nazi

Antonio Larreta

La operación financiera secreta de mayor magnitud de los tiempos modernos tuvo lugar ante los ojos muy bien cerrados de los mayores centros de poder (la banca internacional, especialmente la suiza, la extrema derecha Vaticana) entre el último año perder la guerra, y los dos , nada menos, que de trasladar desde Alemania a la Argentina, no sólo algunos criminales de guerra, nunca se sabrá cuántos, sino también los lingotes de oro de un largo e insaciable expolio a los que los nazis habían sometido media Europa.

También las cuantiosas fortunas personales de la élite de los colaboradores del régimen. Argentina era la meta. Un país inmenso, con una larga y casi desértica costa, donde podían llegar los submarinos a la deshabitada Patagonia, y un hombre providencial: Juan Domingo Perón.

El 3l de agosto se vió en televisión Oro nazi en la Argentina, una documental sobre esa historia dirigida por Rolo Pereyra con la colaboración de Jorge Camarasa, a su vez autor de un libro sobre el tema y de otros muchos investigadores que aportan cada uno alguna pieza para reconstruir un puzzle realmente endemoniado.

Quizás el defecto de la película sea que procede por acumulación y no es posible crear una jerarquía entre todos los apellidos alemanes ilustrados a menudo por perfiles también germánicos. Pero el impacto no se debilita. La participación de Perón es fulminante. También lo es la de Evita, años después, durante ese único y publicitado viaje donde supo insertar entre sus cumplidos a Dior y al Generalísimo, visitas muy precisas a la Banca suiza y a ciertas jerarquías del Vaticano.

Entretanto en la propia Argentina, seguían llegando submarinos y desembarcando, junto con el oro, personajes que estuvieron años escondidos en abadías perdidas o en castillos supuestamente abandonados y que habían escapado a Nürenberg. Es en ese tránsito secreto entre Europa y Patagonia, que aparece un personaje y un apellido casi familiar: Dodero. Se da ese nombre como el del naviero responsable del cargamento que siguió llegando por años a veces desde el Báltico, a veces desde Italia. Los Perón no estaban solos.

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