CARLOS REYES
Las comediantes se han adueñado de la cartelera de teatro de Montevideo. Mientras "Las novias de Travolta" ofrece a cuatro intérpretes femeninas de primer nivel, otro cuarteto le saca chispas al pequeño escenario del Undermovie.
Se trata de Mucha cháchara, que los viernes y sábados desde las 22 horas ofrece un entretenido espectáculo de stand up, muy recomendable para los que quedaron anclados en Montevideo mientras los demás se fueron a tomar sol al Este.
El juego lo abre Angie Oña, a quien le toca una de las partes más difíciles del asunto: romper el hielo con un público que tuvo que hacer fila como en la escuela, mientras lentamente los acomodadores iban instalando a los espectadores en sus ubicaciones, a cuatro sillas por mesa. (La cerveza, los jugos y el pop son invitación de la casa).
La actriz arranca con un tono bastante ingenuo, que ya ha manifestado en otros espectáculos de su cosecha. Las referencias a ella misma, y a su lugar dentro del grupo, son algunos de los temas que dan humor a sus parlamentos, que sin embargo son un poco lentos en relación a lo que el género requiere.
Cuando Manuela da Silveira toma la posta, su sola salida a escena provoca una pequeña ovación que da cuenta de su gran popularidad, en parte conquistada de rebote, por ser hija del comentarista deportivo. Y la actriz, con mucha cancha, sabe valerse de esa situación para conseguir algunos de los momentos más altos del show.
Estaba cantado que su vínculo con su padre iba a ocupar un lugar de privilegio en su monólogo y así fue. Sin embargo, la artista lo hace con mucha gracia, demostrando talento y habilidad.
Sobre el final de su intervención, Da Silveira mezcla un juego de voces en off que encaja muy bien y está utilizado con inteligencia. A eso suma, como otras de sus compañeras de trabajo, todo un trabajo físico: corriendo por el escenario, yendo y viniendo, para dinamizar más el espectáculo.
Las otras dos actrices, tan distintas como geniales, son Emilia Díaz y Verónica Perrotta, quienes a diferencia de sus compañeras elaboraron un discurso menos salpicado, más centrado en algunos temas.
Díaz, también sumamente popular por la televisión, tomó como eje los manuales de auto ayuda, y toda esa locura que surge de exagerar con los esoterismos. La artista es recibida por el público con una calidez especial, que habla de sus muchos años de carrera. Y realmente es un gusto volver a verla en escena, más en un trabajo de esta índole, en el que puede mostrar la espontaneidad que la caracteriza.
El cuarteto lo cierra Perrotta, una actriz que quizá haya trascendido más al gran público a través del cine que del teatro, aunque no es muy conocida, en relación al talento y la personalidad que tiene. Y en ese diminuto escenario lo demuestra sobradamente. La artista plantea un tema original y propio, y lo expone con mucha comicidad. Pero más allá de eso, es en la soltura, en el diálogo con el público, donde pone en evidencia su familiaridad con las tablas. La actriz se apoya contra una pared, mira a los espectadores, los observa, responde a lo que va pasando. Luego, con las cuatro actrices en escena se cierra el show, que vale la pena no perdérselo.