Alguien decía hace poco que hay que preocuparse cuando a un título cinematográfico conocido sigue un número. Las secuelas están llenando el planeta, no siempre para bien.
La preocupación no es tan grave, sin embargo, si se está ante una nueva entrega (esta vez es la cuarta) de una franquicia como La era del hielo. Las tres películas anteriores de la serie, sin ser exactamente obras maestras del cine de animación, poseían la suficiente inventiva y el suficiente humor como para constituir buen entretenimiento familiar. Corresponde confiar que La era de hielo 4, que se estrena maña- na, está a la altura de esos otros antecedentes.
Era inevitable por supuesto que este nuevo capítulo de la saga prehistórica llegara en 3D: la moda aún no ha pasado, aunque corresponda confiar en que (como otras veces en el pasado) la gente termine hartándose del chiche. No importa. Por lo general el 3D no agrega gran cosa a las películas (las probables excepciones son Avatar de Cameron y La invención de Hugo Cabret de Scorsese) pero tampoco las estropea.
El dato real es que la saga es divertida y la repercusión de público ha aumentado de entrega en entrega, de modo que puede razonarse que va a haber bichos prehistóricos para rato. Por ahora vamos en la cuarta.
Ya se sabe que el cine es un auténtico vehículo de cultura. La serie de La era del hielo ha servido para conocer la verdadera causa de algunos enigmas geológicos, y si en la segunda entrega la ardilla prehistórica Scrat provocaba (o más bien contribuía a) el desmoronamiento de los glaciares con su obsesiva persecución de su bellota favorita, ahora las consecuencias de su apetito resultan incluso de mayor alcance: accidentalmente desata la fragmentación del entonces único continente de la Tierra, Pangea, que según los libros publicados hasta la fecha ciertamente no existía ya muchos siglos antes de la aparición del hombre sobre la Tierra. Y recordar que ya había humanos en las películas anteriores de la serie (bueno, también había dinosaurios en la tercera, sin tener en cuenta los sesenta y cinco millones de años que los separan de nosotros: debe ser probablemente una licencia poética).
Dejémonos de bromas. El cataclismo coloca a nuestros ya conocidos héroes (el perezoso, el mamut y el tigre dientes de sable) a la deriva en un témpano. Al grupo se suma la Abuela Perezosa, y el tigre, hasta aho- ra un solitario, se encuentra con un "interés romántico", la tigresa Shira. Se produce en cambio una separación en la familia Mamut: el bueno de Manny debe dejar atrás a su pareja mamut y a su hija adolescente.
Toda aventura requiere sus villanos. No se podía recurrir de nuevo a dinosaurios, claro. Esta vez, las maldades de turno corren por cuenta de una banda de piratas liderada por el Capitán Gutts, pérfido orangután, que hará todo lo posible por sabotear los planes de nuestros mamíferos de regresar a su ca- sa. La historia incluye otra serie de criaturas marinas que ayudan o estorban a los protagonistas, incluyendo un grupo de sirenas.
Escrita por Michael Berg (que ya estuvo vinculado a la primera y tercera entrega de la saga) y Jason Fuchs (que debuta en ella), la película ha sido dirigida por Steve Martino (quien rozó la serie en algún corto sobre la ardilla Scrat y codirigió el largo Horton y el mundo de los Who, y Mark Thurmeier, quien codirigiera con Carlos Saldanha la tercera parte. Cabe esperar un entretenimiento por lo menos disfrutable.