Cuando Ernesto aún no era el Che

| El film dirigido por Walter Salles y producido por Robert Redford es actuado por Gael García Bernal

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Henry Segura

Es difícil evitar lo político cuando el personaje central de la historia es Ernesto Guevara. Pero el brasileño Walter Salles, el mismo director de la formidable Estación Central, consigue que su Diarios de motocicleta, que se estrena el próximo viernes en Montevideo, permanezca como lo que es: un viaje de descubrimiento, de iniciación, de acercamiento a experiencias humanas que hasta entonces permanecían lejanas y (casi) ajenas. Por eso además esta "road movie" (película de carreteras) tiene el mismo espíritu que aquel antecedente exitoso de Estación Central, donde trazaba un recorrido entre San Pablo y el Nordeste brasileño y que, más fragmentariamente, se veía en la posterior Detrás del sol, en la cual adaptó una novela albana al —otra vez— árido campo del nordeste.

El cine del propio Salles se constituye en una búsqueda de experiencias humanas proclives a romper con las limitaciones en las cuales están atrapadas. Los Diarios de motocicleta se apoyan en los escritos que el joven Guevara escribió en 1952, cuando emprendió un viaje en motocicleta junto a su amigo Alberto Granado, bajando desde Buenos Aires hacia la Patagonia, trepando desde Chile hasta Lima por la costa del Pacífico, para luego internarse en la selva matograndense, en las cercanías de Iquitos, donde se encontraba un leprosario. Ese fue el punto de quiebre, se supone, para que Ernesto a los 23 años comenzará otro viaje: el del Che.

Al principio, lo trascendente parece la aventura en sí, apenas matizada por la despedida romántica a una novia que vive en Miramar. Pero llegan las adversidades y no solamente porque La Poderosa, sobrenombre dado a una vieja Norton 500, patina más de una vez y se niega a seguir viaje después que sus pilotos atraviesan la cordillera andina. Hasta la propia diversión de una población apartada de los grandes centros urbanos, empieza a cargarse

de otros sentidos. En la misma dirección corre el encuentro con trabajadores zafrales en una mina del norte chileno. El momento culminante, empero, es cuando se establecen en el leprosario peruano, Ernesto Guevara como estudiante avanzado de medicina y Granado en química. Ya nada será como era.

OPCIONES. No pocos se sorprenderán del tono elegido por Walter Salles. En forma consciente quiso alejarse del mito y del fenómeno comercial, aprovechando incluso que el relato no contiene grandes acciones sino que está compuesto por pequeños gestos. Para un público habituado a que el cine es acción, el film podrá parecerle poco significativo. "Lo que me interesaba era humanizar a estos personajes tan singulares", cuenta Salles. "La película trata sobre ocho meses en las vidas de estos dos jóvenes, ocho meses cruciales, en los cuales se enfrentaron a una realidad totalmente diferente a la que conocían en su Argentina natal; una realidad que les exigió posicionarse y, en última instancia, decidir qué camino iban a tomar".

Llegar a conformar el guión definitivo llevó dos años de trabajo a Salles y a su libretista José Rivera. Al principio leyeron todas las biografías publicadas sobre Guevara (de las cuales, se confiesa admirador de la escrita por el mexicano Paco Ignacio Taibo), para después vivir el viaje propio a través de los caminos recorridos por la histórica pareja de amigos. Pero la opción no fue por la recreación documental sino por la búsqueda del espíritu que impulsó a dos jóvenes pertenecientes a la clase alta argentina a realizar determinadas opciones, a cimentar una amistad a prueba de todo, a extender manos solidarias. De cualquier manera, hay trozos de la verdadera historia en esta recreación desde la ficción: viejos pacientes del leprosario San Pablo hicieron de extras y el verdadero Granado aparece en el remate final de la película, tendiendo un puente entre presente y pasado, lo vivido y lo soñado. "La película habla también de la necesidad de encontrar el lugar de uno en el mundo, un lugar por el que merezca la pena luchar", agrega Salles.

ELECCION. Ese paisaje humano al que apuntaba Salles dependía muchísimo de la capacidad de los actores. La opción por el mexicano Gael García Bernal está entre los logros mayores del film. Sin maquillaje se transforma en un Guevara creíble, refugiado en su intimidad, acosado por el amenazante asma. Para el actor mexicano la propuesta del personaje está muy lejana al desparpajo juvenil de Amores perros y de Y tu mamá también. También del bastante estereotipado cura que compuso en la efectista El caso del padre Amaro, por nombrar los títulos más conocidos de este talento veinteañero de creciente proyección internacional.

Junto a él se encuentra el argentino Rodrigo de la Serna, que en la vida real es primo segundo del Che Guevara. Su personaje, un cordobés cinco años mayor que su copiloto, es la contracara de Guevara: un individuo proclive a la farra, que exterioriza emociones con rapidez. La ventaja (o desventaja) que tuvo de la Serna, fue la de poder conocer a la persona que está antes que el personaje. El verdadero Granado supo reconocerse y agradecer la composición.

Por último, Salles tuvo un aliado de oro en esta aventura de perfil internacional: el productor Robert Redford. Fue en los talleres del Sundance Institute, creado por el actor estadounidense, que se desarrolló el proyecto Estación Central, a partir del cual se fortaleció la relación entre el cineasta brasileño y la estrella de Hollywood. Fue por eso mismo que Diarios de motocicleta se mostró primero en el festival de Sundance, para luego realizar un importante lanzamiento mundial en el de Cannes.

El segundo viaje de Granado

Durante el rodaje de Diarios de motocicleta, el periodista italiano Gianni Miná filmó el documental En viaje con el Che, que estrenó la RAI justo al otro día que Cannes entregó sus Palma. Pero Miná además aparece como supervisor artístico del film de Salles, posiblemente como un derivado del hecho de haber sido quien publicó por primera vez los Diarios.

Fue en 1992 cuando consiguió que la viuda del Che, Aleida March, le cediera los derechos. "Desde que leí las notas del Che, pensé hacer un film", confesó el periodista que en un primer momento contó con un guión escrito en compañía del director Ettore Scola (el de La familia y Sucios, feos y malos), al que luego se sumó el argentino Luis Puenzo, a quien Miná quería en la dirección.

"Estábamos muy entusiasmados con el proyecto, pero no conseguimos quien lo financiara y así, el sueño de filmar ese diario quedó encajonado", recuerda Miná. Cuatro años después, sonó el teléfono de su casa en Roma. La esposa le dijo: "te llama Robert Redford", y él pensó que era una broma. "Pero apenas supe que Redford, que ya tenía los derechos del libro para la edición en inglés, quería los derechos para filmarlo, me di cuenta de que era en serio"

El precio que puso el periodista por la autorización no deja de ser original. "Le conté a Redford que siempre había soñado recorrer los mismos lugares de ese viaje del Che, y que por eso en vez de dinero, quería su autorización para seguir el rodaje con mi equipo. Y aceptó". La primera idea fue hacer un "making off", pero —dice Miná— "luego pensé que sería más interesante seguir a Granado, que con 82 años acompañó durante siete meses el rodaje, por los lugares donde había estado cincuenta años atrás".

La canción de Drexler

El músico uruguayo Jorge Drexler hizo su aporte a Diarios de motocicleta: compuso el tema Al otro lado del río. Se lo escucha al final y parece claramente inspirado en la secuencia-metáfora que los protagonistas viven en el leprosario peruano, en la que Guevara termina tirándose a un río que nadie se animó a cruzar a nado. Es un momento de pausa, que incluye pasajes de pantalla negra, que evitan los efectos habituales en finales emotivos e inducen a la reflexión, después que —la historia obliga— aparecen datos sobre lo ocurrido con los personajes.

No es la primera vez que Drexler compone para una película, aunque la proyección internacional de este film la vuelve en la más importante. Antes el músico uruguayo radicado en España, había colaborado con muy buena puntería en Las razones de mis amigos, probablemente el mejor film del director y productor español Gerardo Herrero. Al otro lado del río forma parte del disco que contiene la banda musical del film.

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